Un nuevo inicio deficiente -el más deficiente quizá del campeonato- por un equipo de España en el que subsiste una combinación de inexperiencia y desconfianza en sus propios medios. Sólo durante unos instantes del segundo y el tercer cuarto el equipo se centró y combinó una defensa correcta y mejores tiros. Castigados en el banquillo dos de los jóvenes, Juan Núñez y Santi Aldama, por sus errores del primer tiempo, contemplaron cómo los veteranos se comportaban como temerosos novatos, sin atreverse apenas a tirar. Así ha quedado, en vísperas de la temida Canadá, una selección autodestruida que puede quedar pronto fuera de la lucha por las medallas. Lo mental se ha impuesto a lo físico, justo cuando parecía que el equipo empezaba a estar haciéndose. Un milagro es lo que ahora se espera.
Con la ausencia de Kristaps Porzingis, su figura NBA, Letonia llegaba más disminuida que España, ya que la selección de Sergio Scariolo ha logrado minimizar el impacto de la ausencia de Ricky Rubio. Quedaba en el aire un cierto desconcierto tras la dirección a medias del técnico italiano en el desigual partido contra Irán, tan sólo manejando las rotaciones pero sin pedir un solo tiempo muerto. ¿Castigo o una manera de formar aceleradamente la conjunción del equipo obligando a sus miembros a adoptar ellos mismos los sistemas defensivos y ofensivos, o sencillamente a obligarles a una mayor concentración? Letonia, un par de días después, se presentaba como la piedra de toque para evaluar los efectos de ese tratamiento.
Los dos equipos se conocen bien: más de la mitad de esta selección letona juega o ha jugado en la ACB. Pero el inicio dio la impresión de que los españoles descubrían a sus rivales, tan sorprendidos se mostraban por la menor penetración en uno-contra-uno y dejaban pasar balones por alto al poste bajo. Total: bandeja tras bandeja. Y en cuanto empezaron a meter triples los bálticos en el segundo cuarto, el grado de desconcentración y alocamiento de España subió de golpe. La desconfianza subyacente e esta selección surgieron de lleno hasta que un par de acciones ofensivas con éxito parecieron recentrarla -una pena que no concediesen el mandarinazo de Llull...- y terminó con leve ventaja esa primera parte.
La inesperada hazaña de Brasil ante los canadienses abre, eso sí, el resquicio de esperanza que podría servir para que este equipo español renazca de su colapso ante los letones.
