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Cindy Sherman, la reina del autorretrato: "De niña me disfrazaba de bruja, nunca de princesa"

La artista estadounidense, símbolo de la Picture Generation, expone un centenar de sus fotos más icónicas en el Museo de Arte Ciclácido de Atenas. "No me refiero a los personajes como a mí misma, aunque sea yo la que salga en las fotos, en realidad son como máscaras", dice

Retrato de la fotógrafa Cindy Sherman, en 2019.
Retrato de la fotógrafa Cindy Sherman, en 2019.Inez&Vinoodh
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"Es lo suficientemente buena para ser una actriz de verdad". El juicio de Andy Warhol sobre Cindy Sherman, en el fondo, es post profético. Se produce en los años 80, cuando ella ya había demostrado un talento interpretativo y transformador sin comparación, cultivado desde los 12 años, cuando, con su amiga Janet, se disfrazó de anciana.

De experimentación en experimentación, Cindy Sherman realiza desde 1977 hasta 1980 la famosa serie Untitled Film Stills, que la consagra a los 23 años como símbolo de la Picture Generation. En esas fotos es la protagonista absoluta de la imagen, recreando escenas muy estudiadas de fantasía de hipotéticas películas de los años 50 y 60. Todo el cuerpo de estos trabajos (70 obras) está expuesto en la ciudad de Atenas en la muestra Cindy Sherman at Cycladic, Early Works. Cien obras que estarán expuestas hasta el 4 de noviembre en el Museo de Arte Cicládico, que posee la colección privada más completa del mundo de esculturas del arte cicládico (3200 a 2000 a.C.).

Lo que hace única a esta colección son, sobre todo, esas estatuillas de mármol, de sublime abstracción de lo femenino. Figuras maternales, símbolos de un matriarcado. «Por desgracia, ya no somos una sociedad matriarcal. Es bastante misteriosa la función para la que estaban destinadas estas figuras. Son tan modernas, todas muy parecidas, pero todas ligeramente diferentes. Y todo tiene que ver con la presencia maternal, quizá vinculada a la Madre Tierra, para protegernos a todos».

-¿Tiene usted un sentido maternal?

-Sí y no. Nunca crecí con la ilusión de casarme y tener hijos. No lo sentía así, pero, en algún momento, me hubiera gustado mucho tenerlos. Y, por desgracia, fue en un momento de mi vida en el que no ocurrió, quizá era demasiado mayor. Es una bomba de tiempo. Pero, afortunadamente, tengo dos hijastras de mi exmarido, un videoartista, a las que estoy muy unida. Pero, técnicamente, yo era más como una hermana mayor o una tía. Una tenía 12 años y la otra era pequeña. Así que yo no mucho mayor que ellas; ahora tienen hijos.

Cindy, musa de sí misma. Lo hace todo ella sola: maquillaje, pelucas, temporizador. Encarna la performatividad de la fotografía, la duplicación del yo en múltiples formas que se transforma en cientos de personajes, es la obra de arte viviente, se escenifica a sí misma en el autorretrato. Todo apariencia, podríamos decir. «No, no personalmente. En la sociedad, en general, la mayoría de la gente quiere presentarse como cree o quiere ser: gente de éxito, rica o más joven, o más sabia, más guay, más a la moda o incluso parecer tipos artísticos. Algunos quieren parecer más deportivos y más elegantes o intelectuales. Así que creo que hay que elegir la ropa, el peinado, maquillarse o no. O someterse a cirugía plástica». A lo que ella no se opone. «Me hice un lifting en el contorno de la cara y el cuello hace unos 10 años. No sé si volvería a hacerlo. En nuestra cultura estamos tan obsesionados con la juventud, y es un poco triste. Así que yo también lucho constantemente contra el impulso, y a veces lo dejo pasar».

De niña, curiosamente, le divertía disfrazarse de anciana. «Encontré una maleta o una caja en el sótano de nuestra casa que contenía ropa de mi bisabuela de principios del siglo pasado. Y me parecieron tan extrañas (sobre todo la ropa interior que se llevaba entonces) cuando las descubrí en los años 60. Eso debió de inspirarme para ser una señora mayor. Pero incluso de niña, jugando a disfrazarme, nunca intenté vestirme de princesa guapa, novia o bailarina, nada específicamente femenino o bonito, más bien me atraían los estereotipos de la fealdad. Como una vieja bruja o una anciana». El concepto de ugly beauty tan querido para ella. «Me parece que la gente que se desvía de la expectativa convencional de lo que se considera belleza es mucho más interesante».

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-¿Disfrazarse desde pequeña fue una forma de escape o una búsqueda de identidad?

-No se trataba de eso. Realmente sentía que intentaba desaparecer en el trabajo, casi borrando mi propia identidad. Creo que esto simplemente se remonta a las inseguridades que tenía de niña cuando crecía en mi familia, pensaba que si era una persona diferente, quizá me aceptarían más. Mis hermanos eran mucho mayores que yo. Mi hermano mayor ya estaba casado y ni siquiera estaba en casa cuando yo nací. Mi hermana tenía 15 años y pronto se casaría, al cumplir los 16. Así que no estaba muy unida a ellos de niña, aunque mi hermana recuerda haber cuidado de mí de pequeña. Y había otros dos que vivían en casa, pero seguían tratándome como a la estúpida hermana pequeña....

Su primer intento de trabajo en serio fue de niña con el Cindy Book, un álbum de fotos en el que escribía obsesivamente la frase ¡esa soy yo, esa soy yo! reforzando la afirmación narcisista de sí misma. «Cuando empecé a hacerlo, desde luego no lo consideraba arte, tenía probablemente ocho años. Mi madre guardaba muchas fotos familiares en una especie de caja de zapatos. Una de las cosas que más me gustaba era hojearlas, ver fotos antiguas no solo mías de bebé y niña, sino también de mis hermanos cuando eran pequeños y de mis padres cuando eran jóvenes. Creo que era una forma de identificarme dentro de esta familia que me parecía algo lejana, como si hubieran tenido otra vida antes de que yo viera la luz. Este conjunto de fotos es algo extraño: hay un primer plano mío con mi gato, en otra foto (quizá la fiesta de cumpleaños de alguien) hay unas 20 personas diferentes, y yo no soy más que una pequeña figura allí, pero me estoy resaltando con una birome haciendo un pequeño círculo sobre mí. Supongo que intentaba averiguar cuál era mi lugar dentro de la familia».

En esta muestra se expone su fotografía más famosa de la serie The Centerfolds (encargada por Artforum en 1981 y nunca publicada), una obra que se vendió en una subasta de Christie's en 2011 por 3.890.500 dólares. Ella lleva una camiseta naranja, sobre un suelo de baldosas naranjas. Esta foto fue replicada exactamente igual por el artista japonés Yasumasa Morimura. «La tituló To My Little Sister, Cindy. Tan tierno. Estaremos en una exposición juntos, en diciembre en Hong Kong, pero no sé si podré estar presente. Realmente amo su trabajo y lo respeto. Y tengo algunas de sus obras. No me molestó en absoluto. Ni siquiera cuando hubo un actor estadounidense que decidió recrear todas las fotos de mis Untitled Film Stills, aunque tenía barba y no intentaba disfrazarse. Fue algo muy divertido, halagador, pero claramente no podía considerarlo arte».

Cindy sherman. Untitled #80. 1980
Cindy sherman. Untitled #80. 1980

Cindy, a quien le gusta variar de papeles, no ha dejado de interpretar también a hombres. ¿Difícil? «Mucho. La segunda vez que intenté hacer personajes masculinos fue cuando estaba haciendo los Untitled Film Stills. Solo hice un rollo y unos cuatro personajes diferentes, pero cada uno de ellos resultó ser un cliché, porque intentaba ser macho, y era torpe y banal, pero ¿cómo pareces un hombre además de poniéndote barba? Pero pensándolo bien, me metí en mí misma, y lo conseguí». De niños, todos jugábamos con el armario de mamá, con el pintalabios, el esmalte de uñas. «Toda la experiencia del maquillaje en mi trabajo fue un aprendizaje, una experiencia educativa que tuve. Al principio, me maquillaba de forma muy tradicional: había aprendido de niña mirando revistas, mi madre creo que solo se ponía pintalabios y colorete. Cuando maduré como artista, me di cuenta de que podía empezar a utilizar el maquillaje para parecer cansada, fea, sofisticada o mayor».

Entonces, el maquillaje y el vestuario son la esencia del personaje. «Eso se desarrolla de diferentes maneras. Es totalmente aleatorio, un juego frente al espejo. Puedo probarme diferentes pelucas y una vez que encuentro la que me gusta, puede que me inspire qué tipo de persona podría llevarla. A veces empiezo a hacer fotos solo para documentar el proceso y ver qué funciona en la cámara. Y luego, cuando las miro en el ordenador, porque ahora disparo digitalmente, me doy cuenta inmediatamente de que voy en la dirección equivocada. Y tal vez tenga que cambiar alguno de esos elementos o añadir una nariz falsa. O, si tengo demasiada prisa, puedo hacer el maquillaje en el ordenador, solo el maquillaje puede llevarme un par de horas».

Después, en el espejo, el cuerpo de Cindy se convierte en el instrumento de un espejo infinito, donde nacen sus personajes, que ya son más de quinientos.

-¿Cómo es vivir por un solo instante la vida de los personajes que interpreta?

-Nunca me refiero a ellos como a mí misma, aunque sea yo la que sale en la foto, en realidad los veo como máscaras y personajes que canalizo, más que convertirme en ellos. Me veo más como un medio para su desarrollo, son los personajes los que toman el control. No intento expresar fantasías sobre el tipo de persona que me gustaría ser. Hubo un momento en particular, cuando estaba haciendo uno de los History Portraits (era la figura con el lazo adornando su frente), que fue como si de repente ya no reconociera quién era esa persona. Y fue estupendo verla. Claro que es divertido habitar todos estos personajes diferentes, como ser un payaso. Pero cuando hago la foto, no es exactamente como actuar, meterse en la mente del personaje, en su historia. A veces pienso en una trama que se desarrolla con el personaje. Hubo uno que interpreté en Society Pictures (mujeres que parecen las ricas patronas del arte), hay una foto de una mujer mucho mayor que tiene una especie de barriga de tambor de pie con los brazos cruzados y tiene una dentadura horrible. Empecé por crearla más joven y, mientras miraba los resultados en el ordenador, no dejaba de pensar que tenía que encontrar algo diferente. Esos dientes, sin embargo, eran el único elemento fijo desde el principio, luego a veces el personaje tiene que desarrollarse.

Cindy Sherman 'Untitled Film'. 1980.
Cindy Sherman 'Untitled Film'. 1980.

En una foto de la serie The Centerfolds se parece a Monica Vitti. Después de todo, a Cindy también le encantaban las películas de Antonioni. «Monica Vitti tiene una belleza más interesante que algunas actrices americanas de la época, creo que me atraían más los actores europeos porque no eran tan glamurosos como las actrices de Hollywood. Y los personajes que interpretaban eran mujeres mucho más sencillas, que resultaban ser bastante bellas de todos modos, pero de una forma no fabricada. La primera película de Antonioni que vi fue Professione reporter, y luego otra en la que se busca a una mujer que ha desaparecido en una isla, ¡pero cuyo título no recuerdo! Ya ve lo mal que se me da acordarme de las cosas. Por eso nunca pongo títulos a mis fotos».

"Mi trabajo se remonta a las inseguridades que tenía de niña, pensaba que si era diferente, mi familia me querría más"

En los años 60, Barbie dominaba la escena... y ella también utilizaba muñecas en sus fotos, cargándolas de sexualidad. Sin embargo, la muñeca más pin-up de la historia no era la favorita de Cindy. «Creo que tuve una, pero no recuerdo haber jugado con Barbie. Probablemente, tuve un par, pero desde luego no estaba tan obsesionada como para tener, como otras personas, la casa de Barbie, su coche... Lo que recuerdo haber tenido de niña, lo cual tiene sentido, son los Trolls: pequeños, rechonchos y regordetes, sin género. Y tenían una gran melena de cabello, que en realidad era más parecida a pelo falso. Les hice pequeños disfraces y tomé una caja de zapatos, convirtiéndola en una casita para ellos».

La película Barbie, sin embargo, la ha visto. «Pero no me gustó. Tenía curiosidad porque el trabajo de dirección de Greta Gerwig me intersaba. Y hubo algunos aspectos que sí me gustaron mucho. Por ejemplo, cuando Barbie se da cuenta de la diferencia que hay entre ella y las mujeres de verdad. Y quiere hacer algo al respecto. En teoría me gusta todo el aspecto político de la película, pero la historia era demasiado azucarada. Yo seguramente habría hecho una versión muy oscura, en lugar de tan feliz. La que más me gustaba era la Barbie Extraña, con su pelo erguido y despeinado, la más salvaje de todas».

Dice que, en las fotos, su gran objetivo es hacerse irreconocible, pero siempre hay dos elementos que la delatan: sus ojos cerúleos y sus manos, la otra cara de la persona. Al final, Cindy emerge bajo el radar. «Me doy cuenta de que quizá debería añadir uñas postizas. Desde que hago transformaciones más completas, me doy cuenta de que también debería intentar cubrir las pequeñas manchas de mi piel con maquillaje. Incluso he pensado en ponerme lentillas de colores. Pero, al final, no importa que haya estas pequeñas pistas».

El año pasado realizó otro tipo de autorretrato. Sin embargo, nunca es la imagen real de sí misma, sino una imagen distorsionada. De nuevo recurre a lo grotesco, disecciona partes de su rostro y las recompone como un collage monstruoso. En este retrato, la identidad no es fluida, sino fragmentada, rota en su origen.

-¿Acepta su verdadero rostro, su verdadera identidad? ¿Tiene miedo de verse en la foto como realmente es?

-Seguro que sí. Creo que mucha gente odia sus propias fotos. Siempre que alguien quiere hacerme una foto, lo permito, pero realmente no lo disfruto porque es muy raro que me guste una foto mía. Dejo que la gente se haga una foto, que la publique en Instagram o algo así, pero espero que no tengan muchos seguidores.

Hoy, su trabajo sobre la identidad múltiple se presenta como la suma de toda la experimentación artística realizada antes de ella, solo por mencionar a la Condesa de Castiglione, Claude Cahun y Jean Cocteau... «No pienso que esté por encima de ellos de ninguna manera. Seguramente cada uno tenía razones diferentes para hacer aquello con lo que estaban obsesionados. Quiero decir, adoro lo que hacía la Condesa de Castiglione, aunque ella no buscaba hacer arte, simplemente hacía lo que le gustaba porque podía permitírselo. Y me gustó que esa fuera precisamente su pasión. No creo que exista una jerarquía en absoluto. Quizás yo he estado más obsesionada durante un período de tiempo más largo, pero ciertamente no me considero la reina de los selfis ni nada por el estilo».

-Su obra es la negación del selfi...

-Sí, tiene sentido decir eso. Porque no es realmente sobre mí, y, sin embargo, técnicamente, es una foto mía bajo todo este maquillaje.

Con su subjetividad encarnada y en continua transformación, ella es tanto el objeto como el sujeto de sus fotos. Intentó recurrir a modelos para que posaran en su lugar, pero al final siempre se eligió a sí misma, en perfecta identificación con la imagen que quería crear.

-¿Disfruta de la soledad sólo en su trabajo o también en su vida privada?

-Me gusta disfrutar de mi soledad. Y quizá esto también esté relacionado con cómo crecí de niña, con hermanos mucho mayores. Así que, en cierto modo, me sentía casi como si fuera hija única. Me acostumbré a estar sola y a divertirme. E incluso ahora con mi pareja es más o menos lo mismo. Él es aún menos sociable que yo. Tiene una galería desde hace 35 años, vivimos en la misma casa, pero nos gusta estar solos.