El sacerdote, periodista e histórico corresponsal español en Roma, Antonio Pelayo, declaró ante la Fiscalía de Italia el pasado 22 de octubre de 2025 como acusado de un delito sexual cometido, presuntamente, contra un joven productor de una televisión internacional que cubrió junto a su equipo la elección del papa León XIV.
Durante su declaración, a la que ha tenido acceso EL MUNDO, Pelayo negó la acusación y señaló que la víctima tiene problemas mentales y que «necesita ayuda» psicológica. Pese a ello, la Fiscalía dio credibilidad al relato del denunciante y el Tribunal Penal de Roma ya ha comunicado a las partes que la primera audiencia del juicio se producirá el próximo 14 de mayo.
Los abusos habrían ocurrido en la casa que Pelayo, de 82 años, tiene en Roma, dos semanas después del último Cónclave vaticano, que se celebró entre el 7 y el 8 de mayo de 2025. «Estoy asombrado. No puedo explicarlo», le respondió al fiscal cuando le preguntó «¿por qué la cordial relación que mantenían hasta esa noche [él y el denunciante] se deterioró repentinamente?» y «¿por qué pensaba él que había sido denunciado?».
«Quizás —continuó Pelayo— decidió presentar la denuncia unos días después de hablar con su psicólogo, lo que significa que está viendo a un psicólogo y necesita ayuda. Esta es la explicación que me di, y luego, pensándolo bien, imaginé que malinterpretó mis actitudes y comportamientos de respeto y afecto. Omitió algo importante, en mi opinión. Estábamos viendo un vídeo juntos en el sofá, muy juntos. En ese momento, estaba aburrido viendo el vídeo y tenía una mano apoyada en su hombro mientras agarraba un vaso de whisky con la otra, así que no entiendo cómo pude tocarlo con las manos ocupadas», se defendió el veterano corresponsal español.
La Fiscalía, tras analizar los indicios recabados por los Carabinieri y escuchar tanto a Pelayo como a quien le denunció, pidió que el periodista español se sometiera a juicio oral después de otorgar veracidad al relato del denunciante. El 14 de mayo tendrá que enfrentarse a la primera audiencia del juicio desde el banquillo de los acusados.
En su escrito, la Fiscalía, como adelantó EL MUNDO el pasado domingo, dijo: «[Pelayo] obligó a la víctima a someterse a actos sexuales sin su consentimiento. En concreto, tras invitarlo a su domicilio por motivos profesionales, Pelayo, mientras ambos charlaban sentados en el sofá, se acercó repentinamente a la víctima y, en un gesto brusco, lo agarró del hombro izquierdo, lo sujetó con la mano y le dio varios besos entre el cuello y el hombro, introduciendo también la mano bajo su camiseta, acariciándole la espalda, el costado y el abdomen, impidiendo así que la víctima se moviera o reaccionara. Posteriormente, mientras ambos estaban de pie en la cocina, Pelayo se acercó repentinamente de nuevo a la víctima, lo abrazó por delante y, aprovechando que la víctima se quedaba quieto, le metió ambas manos bajo el pantalón y le tocó repetidamente el trasero».
Este periódico tiene acceso en exclusiva a la documentación de la causa judicial que se sigue en Roma contra Pelayo. Uno de esos documentos es la declaración transcrita de Pelayo ante la Fiscalía.
—¿Alguna vez lo besó en el cuello o en la boca?—, preguntó el fiscal.
—Nunca lo besé en el cuello ni en la boca, ni le toqué ninguna parte del cuello aparte del hombro. Nuestro respeto mutuo había comenzado en la sala de prensa del Vaticano, cuando me contó sus planes de vida, pero lo único que pasó ese día, en el sofá, fue ver un vídeo juntos en su teléfono. Fue la única vez que lo toqué (...) Esa era la primera vez que venía a mi casa, pero ya nos habíamos visto en otras ocasiones, después de las cuales también me agradeció por nuestros encuentros. Sin embargo, esa noche no recibí ningún mensaje de agradecimiento, así que sospeché que algo andaba mal. Por eso le envié un mensaje la tarde siguiente», dijo.
Este fue el mensaje que Pelayo le envió un día después: «Querido, quizás estés sorprendido o enojado por lo que pasó ayer. Lamento mucho haberte molestado y te pido disculpas, si es así. Avísame, A». La víctima, menor de 30 años, le respondió primero: «Hola, Antonio, agradezco la disculpa, no pasa nada».
Sin embargo, un día más tarde, el domingo 25 de mayo de 2025, le volvió a mandar otro mensaje. «Hola, Antonio. Creía que nuestra relación se basaba únicamente en la amistad y el respeto mutuo, así que, como sabes, no me gustó lo que pasó el viernes en tu casa. No quería que me tocaras, me manosearas, me besaras, y mucho menos recibir contacto físico de tu parte. Pensé que hablaríamos de Dalí y todavía estoy disgustado. No creo que debamos volver a vernos. Que tengas una buena noche».
El 22 de octubre, cuando Pelayo fue cuestionado por la Fiscalía, también se le mostraron los mensajes que se intercambió con el denunciante tras el presunto abuso sexual. El periodista y cura español negó la acusación. «Mientras estuvo en mi casa, nunca mostró signos de angustia, ni verbales ni gestuales. De hecho, la velada transcurrió con calma (...) Cuando escribí "no volverá a ocurrir" en el mensaje [se refiere a uno posterior en el tiempo al citado unas líneas más arriba], me refería a que una situación que él pudiera malinterpretar jamás volvería a presentarse. Reitero que nunca lo besé en los labios, sólo en las mejillas para despedirme, ni hubo ningún contacto indeseado».
El Código Penal italiano señala en su artículo 609-bis que «cualquier persona que, por violencia o amenaza o por abuso de autoridad obliga a alguien a realizar o sufrir actos sexuales, es castigado con prisión de seis a doce años».
El mismo día que presentó la denuncia, la supuesta víctima también contrató los servicios de una psicóloga que le trató durante semanas. Su empresa de comunicación, conocedora de los hechos denunciados, le ha respaldado en todo momento. A finales de 2025, la televisión internacional para la que trabaja le envió a otra delegación europea, fuera de Italia.
Pelayo ha ejercido como asesor de la embajada de España ante la Santa Sede desde 2005, una relación «voluntaria y no remunerada». Fuentes oficiales del Ministerio de Exteriores explicaron el pasado viernes a este periódico que «actualmente no ejerce sus funciones» debido a la acusación que pesa contra él.

