Por un segundo se puede ganar una carrera. En un segundo la raqueta golpea la pelota de tenis con la que se supera al contrincante. En un segundo el bote de remo llega a la meta. En el último segundo de un asalto de esgrima se da la estocada para la victoria. Todo cabe en un segundo. En un segundo también se puede tambalear una vida. Y 12 de los 150 deportistas (139 con discapacidad y 11 de apoyo) que ya representan a España en los Juegos Paralímpicos de París 2024 lo saben mejor que nadie. En cuestión de segundos, sobrevivieron a un accidente de tráfico.
Esta docena tiene tres cosas en común: todos tienen una discapacidad adquirida en la carretera, desde el 28 de agosto luchan por conseguir medallas en Francia y el deporte es su vida. En medio de sus entrenamientos, Crónica conversa por videollamada con la mayoría de ellos a pocos días de que inicien los juegos.
KIKE, TENISTA con LESIÓN MEDULAR. REVENTÓ LA RUEDA DE SU vehículo
Murciano de 41 años. Una mañana, de regreso a casa, reventó la rueda delantera derecha de su coche. «No me acuerdo de nada del accidente. Al parecer, di vueltas de campana. Pero iba a 80 km. o 90 km. en una autovía de 120. No iba ni rápido». Tenía 19 años. El impacto afectó a su columna. Tiene lesionada la L2, pero la afección no es completa y, por tanto, tiene algo de movilidad en las piernas. «Puedo caminar, pero parezco un pato mareado». Para evitar que el deterioro vaya a más, intenta dar «minipasos» con ayuda de muletas.
Las personas que hacemos deporte tenemos la mentalidad de que queremos mejorar día a día. Somos fuertes y no nos detiene un día malo
Tras el accidente, Kike Siscar enfocó los primeros dos años en adaptarse a su «nueva vida, ni mejor ni peor, pero nueva vida». Descubrió que en Murcia se practicaba también el tenis en silla de ruedas. Lo probó y le gustó. Hoy Kike trabaja como administrativo. Compagina su vida laboral con la deportiva. «Las personas que hacemos deporte tenemos la mentalidad de que queremos mejorar día a día. Somos fuertes y no nos detiene un día malo». Admira a Rafa Nadal. «Me gustan mucho los valores que inculca dentro y fuera de la pista», justifica. Carlos Alcaraz es otro de sus referentes.
Ha participado en cuatro Copas del Mundo, ha ganado cinco títulos de campeón de España en dobles y ha jugado en múltiples torneos nacionales e internacionales. Ocupa el puesto número 43 en la clasificación mundial individual y la posición 40 en dobles. Esta será su segunda vez en unos Juegos Paralímpicos. ¿Qué espera lograr? «Seguir disfrutando 11 años después. Respecto al tenis en silla, estoy consiguiendo muchas más cosas de las que me pude imaginar».
DANiel, TRIATLETA SIN PIERNA DERECHA. el coche que lo embistió IBA SIN RETROVISOR
Madrileño de 49 años. Además de triatleta, es arquitecto, pero desde 2013 se dedica de lleno a entrenar. Con 22 años Daniel Molina tuvo el accidente en moto que le costó su pierna derecha. «El coche se incorporaba a la autopista de una gasolinera, yo iba por el carril de la derecha. Él no llevaba retrovisor, miró hacia un lado, vio que no había nadie y metió el vehículo. Me llevó por delante y me destrozó la pierna por mil sitios». Él asegura que llevó «muy bien» la amputación. El médico me decía que debería estar muerto. Así que lo ves de otra manera. Mejor aquí con una pierna que arriba con dos, ¿no?».
Mejor aquí con una pierna que arriba con dos, ¿no?
El deporte fue indispensable para que Dani mantuviera su buen ánimo. «Para mí lo es todo», defiende. Es que él lleva toda su vida siendo deportista. Empezó a nadar con tres años. Antes del accidente se metía en cualquier deporte. Y lo sigue haciendo con sus ocho prótesis. «Todo lo que mucha gente no hace con dos piernas, yo lo hago con una y media». Dani acumula múltiples logros deportivos. Por nombrar algunos, es cinco veces campeón del mundo, tres veces subcampeón y seis veces (consecutivas) campeón de Europa. Sigue los pasos de sus primos Jorge y Eduardo Quesada. Ambos fueron deportistas olímpicos en Seúl y en Los Ángeles en la disciplina de pentatlón moderno.
París 2024 es la primera ocasión en la que la clase PTS3, a la que Dani pertenece, competirá. Por eso valora tanto su clasificación. «Recuerdo llorar porque había estado nueve años detrás de esto sin poder ir. Han sido años muy duros aguantando ver cómo otros deportistas que podían ir tenían ayudas, tenían becas y yo, a pesar de ser campeón del mundo, campeón de Europa, de ganar todas las carreras que corría, no tenía nada de apoyo». Ahora su objetivo es ser el primero. «Siempre he dicho que nada es imposible, que todo está en tu mente. Si eres capaz de entrenarlo y trabajarlo, eres capaz de hacerlo».
SARA, JUGADORA DE BOCCIA CON TETRAPLEJIA. LA CONDUCTORA SE DESPISTÓ
Sara Aller nació en Benavides de Órbigo (León). Dice que ha vivido tres vidas: «La de antes del accidente, la de después y la de cuando he conocido el deporte». El 14 de agosto cumplió 29 años. «El 19 de agosto es el cumplevidas», afirma sonriente. Fue ese día, en 2014, cuando sufrió un accidente que la dejó tetrapléjica. Entonces tenía 19 años, iba en un coche con cuatro amigas más. De repente, la conductora se despistó. Sara iba de copiloto. «El coche empezó a dar vueltas de campana, nos salimos de la carretera y el coche quedó sobre mi lado». El vehículo quedó destrozado. Sus amigas lograron salir de él, pero ella no. «No tenía las piernas atascadas ni nada, pero no me funcionaban. También tenía el cuello prácticamente encima del pecho».
Dentro del deporte adaptado hay gente maravillosa, que normaliza tu situación, que sabe lo que estás viviendo, que te derriba barreras y estereotipos
Sara tiene una lesión medular severa. Sus cuatro extremidades están afectadas. A sus amigas no les pasó nada. «Afortunadamente salimos todas bien. Podía haber sido peor, ¿sabes? Por eso me gusta contar la historia. Si hubiera sido algo trágico, quizás me costaría más. Pero siendo yo la más afectada, y saliendo adelante de la manera que he salido, creo que puede inspirar a la gente». Su hermana gemela Ana, su hermano Felipe, su padre y sus dos abuelos fueron clave en su recuperación.
Tras el accidente, la leonesa descubrió la boccia, un deporte para personas en silla de ruedas que tienen parálisis cerebral, lesión cerebral o discapacidad física severa. Consiste en lanzar las bolas desde uno de los extremos del campo. «El deporte para mí es vida total... Es compartir, es convivir y sobre todo disfrutar». Además, ha sido fundamental para su recuperación. «Sobre todo para sociabilizar. Dentro del deporte adaptado hay gente maravillosa, que normaliza tu situación, que sabe lo que estás viviendo, que te derriba barreras y estereotipos».
Sara sueña «a lo grande» con ganar en los Juegos de París junto a su compañero Vasile Agache, de 57 años, el deportista que más admira. Al volver de su cita parisina, dará el pregón de Benavides de Órbigo. «Siempre me he sentido súper querida y apoyada por el pueblo. Al final, creo que nos retroalimentamos de las demás historias para seguir o tomar ejemplo de los demás, ¿no?». Además, quiere aprender a conducir y no descarta estudiar Psicología.
JAVIER, REMERO con LESIÓN MEDULAR. UN CAMIÓN CHOCÓ SU MOTO
Javier García Martínez tiene 28 años y desde los cuatro vive en Torrevieja (Alicante). Lo que cuenta lo hace con desparpajo. El 18 de diciembre de 2018 salió en su moto. Iba a recoger a un amigo para ir a la universidad. «Te contaría más, pero es que no lo sé. Literalmente es como si tiraras del cable de la tele». Del accidente, entonces, sabe lo que le contaron. «Sé que fue en una carretera secundaria. Al parecer sucedió en una curva, en la que apareció un camión. Lo siguiente que escuchó la gente fue un porrazo». El mayor impacto lo sufrió su cadera, de ahí su lesión medular.
A nivel emocional, los primeros meses fueron muy duros para él. «Me acuerdo de que podía pasar una semana entera en la que, aunque estuviera despierto, estaba con los ojos cerrados». Recibió ayuda psicológica y psiquiátrica, pero no mejoraba su estado de ánimo. «Yo decía: "qué coño hago aquí, si me estaba yendo bien, si ni fumo ni bebo, o sea, hago deporte, estudio..."».
Pero conoció otras realidades más duras que la suya, la de niños con enfermedades severas. «Ahí me paré a pensar y dije: "tú estás aquí con una pierna, estás en una silla hecho polvo, pero, tío, has jugado al fútbol, has tenido novia, relaciones, te has emborrachado con tus amigos, has disfrutado de un montón de cosas que a lo mejor estos niños no van a tener esa oportunidad de experimentar". Eso me hizo cambiar el chip y decir: "venga tío, espabila". Yo era un dramas».
A día de hoy, yo creo que soy más feliz que sin estar en una silla de ruedas
Hoy Javier está lejos de ser «un dramas». Trabaja como desarrollador web y compagina su trabajo con el remo. «Hay mucha gente me hace gracia porque se vuelca conmigo y me dice: "hostia, pero es que tú con ese problemón..." y eso tampoco creo que tenga que ser así. Al final la vida te va dando hostias todo el rato, problemas vas a tener siempre y depende de ti mismo cómo encajar esos golpes. A lo mejor otras personas que tienen depresión, que no se ve, están peor que tú», comenta.
Con el deporte, Javi ha «mamado todos los valores» y le ha dado amistades como la de Ander Martín, su referente deportivo. «A día de hoy, yo creo que soy más feliz que sin estar en una silla de ruedas», afirma el deportista con la depresión superada. Harto de la frase «poco a poco», que tanto escuchó en sus días de hospital, su lema ahora es «mucho a mucho».
JUDITH, ESGRIMISTA sin PIERNA DERECHA. EL CONDUCTOR PERDIÓ EL CONTROL
Judith dice que su apellido es «esgrima». Pero en verdad es Rodríguez. Desde que esta gallega cumplió ocho años ha estado con una espada en la mano. Hoy tiene 28 años y a los 22 casi muere. El 10 de julio de 2018 regresaba con su equipo de florete de chicas de Madrid a Vigo tras obtener el segundo lugar en una competición. En el vehículo iban su padre, al volante, y una compañera de equipo atrás. Judith iba de copiloto y dormía con la cabeza apoyada en la ventana. «Cuando abrí los ojos estábamos dando vueltas con el coche. En cuanto paró, vi que la pierna estaba ya que no había por dónde cogerla». Su padre perdió el control del vehículo.
En ese instante, mientras esperaba al helicóptero ambulancia, pensaba en que quizás no podría volver a practicar esgrima. Su entrenador, que iba en el coche de atrás, fue en su auxilio. «Yo sólo le decía "quiero hacer esgrima, quiero hacer esgrima", ya ves tú». Judith reflexiona en retrospectiva: «Pensé que iba a perder la vida y perdí la pierna. Entonces, haciendo un balance, estoy muy contenta». Y la expresión de su cara acompaña sus palabras.
La esgrimista compite en silla de ruedas. Sin embargo, en su día a día usa una prótesis. La muestra a cámara durante la videollamada. «La tengo de calaveras porque me gustan mucho los piratas, rollo la esgrima y las espadas».
No retomó su deporte inmediatamente. «Estuve mucho tiempo pensando en lo que no podía hacer y hubo un momento en el que mi mente cambió y dijo: "lo que no puedes hacer, por mucho que lo pienses, nunca vas a poder hacerlo. Entonces, vamos a aprovechar el tiempo y a pensar en las cosas que sí puedes hacer"». El deporte la ayudó a reconstruir su vida. También le sirvió fijarse en sus referentes deportivos, como su amiga y también esgrimista María Mariños.
Pensé que iba a perder la vida y perdí la pierna. Entonces, haciendo un balance, estoy muy contenta
En 2022, Judith volvió a despuntar en esgrima, esta vez en categoría adaptada, consiguiendo múltiples logros nacionales e internacionales. Ahora, busca «darlo todo» en sus primeros Juegos Paralímpicos, «el sueño de todo deportista, y que es como un regalo».
ALEJANDRO, TRIATLETA SIN MOVILIDAD EN EL BRAZO DERECHO. EVITÓ UN ATROPELLO
Alejandro Sánchez Palomero tiene 37 años, nació en Salamanca, es licenciado en Publicidad y también es conferenciante. Tiene tatuado el lema olímpico, Citius, altius, fortius (más rápido, más alto, más fuerte). Algo lógico, pues siempre ha estado vinculado a las olimpiadas de alguna forma. Empezó con la natación. En los Juegos Paralímpicos de Pekín 2008 consiguió medalla de oro. También participó en Londres 2012. En Río 2016 fue comentarista. Desde 2014 se dedica al triatlón. Consiguió la medalla de bronce en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2020. Además, Alejandro posee un gran palmarés gargado de hitos.
Tuve el accidente y no fue algo positivo. Tener una discapacidad no es algo que elijas y ojalá que nadie la tuviera. Pero, dicho esto, tengo una vida inmensamente plena y feliz
A los 17 años, iba con su moto a trabajar cuando un señor mayor cruzó la calle por donde no debía. «Para no atropellarlo, lo esquivé. Pero él, en lugar de frenar, no miró y se echó a correr y justo cuando ya le estaba esquivando, me dio en la parte de atrás de la moto. Entonces empecé a colear y caí. En el fondo ya lo había rebasado, pero como él siguió hacia delante, me golpeó a mí y caímos. Tuve mala suerte porque no iba rápido, pero caí mal y eso me provocó un tirón en el plexo braquial». Así fue como el triatleta perdió la movilidad y la sensibilidad de su brazo derecho.
«Hoy en día mi discapacidad no ocupa nada en mi vida. No me levanto y pienso: "joder, el brazo derecho", pero sí hay días que, por ejemplo, me veo en el espejo y digo: "qué asco, no me gusto". Pero hay días que me veo y digo: "¡buah!, estoy guapísimo", como le pasa a todo el mundo», expresa Alejandro. El deportista no relativiza lo que le ocurrió. «Cada vez estoy más en contra de ciertos buenismos. Tuve el accidente y no fue algo positivo. Tener una discapacidad no es algo que elijas y ojalá que nadie la tuviera. Pero, dicho esto, tengo una vida inmensamente plena y feliz. Y sabiendo que he pasado todo esto por aquello, quizás lo volvería a pasar».
El deporte ha sido también esencial para que Alejandro aceptara su discapacidad. «Es mi pasión, es una forma de vida. No entiendo mi vida sin deporte. Me ha ayudado a ser la persona que soy, me ha ayudado a superar malos momentos y a disfrutar otros muy buenos». París le dará más de esos buenos momentos.
LUISMI, CICLISTA PARAPLÉJICO POR UN ACCIDENTE EN MOTOCROSS
Tiene 45 años, nació en Cádiz y con una handbike consiguió una medalla de bronce en los juegos de Tokio 2020, además de otros innumerables hitos deportivos. Por si fuera poco, Luis Miguel García-Marquina es abogado y en 2015 recibió la Cruz del Mérito Civil, otorgada por los Reyes.
A los 23 años quedó sin movilidad en las piernas por un accidente «un poco absurdo», según cuenta. «Fue al pasar un pequeño bache que habían construido como a unos 15 metros de la parrilla de salida. El asiento me golpea en el culo y, simplemente , cuando se produjo ese golpe, yo noté que había perdido fuerza en las piernas. No hubo ni un solo rasguño ni arañazo ni un hematoma, nada. Simplemente fue el impacto». En ese entonces Luis Miguel ya se consideraba una persona realizada. «Mi vida era absolutamente increíble... Pero la vida muchas veces no va como uno la planea, a veces es mejor», dice sonriendo.
Con resiliencia aceptó su realidad. «En el momento en el que fui capaz de recomponer mi autonomía, problema ninguno. Esto no es un problema distinto al que pierde una casa con 65 años y no tiene dónde meterse. Quiero decir, cada uno tenemos nuestros problemas». Luismi recuerda que la discapacidad siempre llega. «Yo la sufrí, tú la sufrirás, todos la sufriremos porque cada vez vivimos más. Lo que haces con 20 años, pues no lo puedes hacer con 80. Tarde o temprano te llega. Le tenemos mucho miedo, pero la vida hay que gastarla, no vivirla».
Tarde o temprano [la discapacidad] te llega. Le tenemos mucho miedo, pero la vida hay que gastarla, no vivirla
Y el deporte es ideal para afrontar las consecuencias de «gastar» la vida. «No hay una medicina mejor ni más barata que el deporte». Luismi no ha pensado en cómo sería él si no hubiese tenido el accidente. «No cambiaría ni un segundo de mi vida. Si mañana muriera, podría decir que he sido francamente feliz y que he conseguido con 45 años lo que hubiese sido impensable hace 20». El ciclista comparte su frase favorita: «Me gustan mis errores, no quiero renunciar a la libertad deliciosa de equivocarme». Y tampoco renuncia a ganar más metales olímpicos. «¡Voy a por las medallas!».
Y ESOS OTROS CINCO VALIENTES...
Otros cinco deportistas con una discapacidad adquirida en un accidente de tráfico también lucharán por enorgullecer a España. De hecho, todos ellos ya lo han hecho en diferentes competiciones nacionales e internacionales. Sara Andrés Bello, de 38 años, competirá en atletismo en la clase T62, estipulada para aquellos a quienes les faltan ambas piernas (por debajo de la rodilla). Francisco Javier Sánchez Lara, baloncestista de 35 años, que tuvo un accidente de tráfico que le dejó en silla de ruedas a los 17. Estos serán sus cuartos Juegos Paralímpicos.
El ciclista Pablo Manuel Jaramillo, de 47 años, tiene una lesión irreversible en su brazo izquierdo a causa de un accidente en carretera. Participará por segunda vez en unos Juegos Paralímpicos. Vicente Gil Ros, de 48 años, sufrió un accidente que afectó a sus piernas. Competirá en París como nadador. Por último, el triatleta Lionel Morales González. Tiene 51 años y a los 23 perdió la mitad de la pierna izquierda en un accidente de moto.
De los 139 participantes que conforman la delegación española de los próximos Juegos Paralímpicos, 19 tienen una discapacidad sobrevenida, bien sea por accidentes de tráfico, laborales o accidentes practicando su disciplina. De hecho, el mayor número de personas con discapacidad lo son por razones fortuitas, ajenas a enfermedades o condiciones de nacimiento.
En 2023, en nuestro país murieron 1.145 personas en la carretera, según datos de la Dirección General de Tráfico (DGT). La vida de 12 de nuestros actuales deportistas paralímpicos cambió en segundos. Quizás alguno de esos accidentes pudo evitarse. Pero ellos prefieren no echar la vista atrás, pues son felices. Sin atención médica no estarían vivos, pero sin el deporte probablemente tampoco. Veremos cuántas medallas traen las 139 estrellas paraolímpicas a España. Sea como sea, por su entusiasmo ya tienen la admiración de todo un país. En palabras de Sara Aller, «la actitud es la clave del éxito».








