CIENCIA
Investigación
En Granada y Albacete

El quebrantahuesos, un inesperado arqueólogo de la naturaleza: descubren en nidos antiguos alpargatas, cestas y otros objetos de hace siglos

Un estudio para reconstruir la dieta de este emblemático buitre en peligro de extinción se ha convertido en un proyecto que combina arqueología y ecología al hallar en nidos artefactos fabricados por humanos, algunos de la Edad Media: "Es sólo la punta del iceberg, pensamos que puede haber material mucho más antiguo", dice una de las responsables del trabajo

Un quebrantahuesos adulto con una extremidad de oveja antes de transportarla al nido.
Un quebrantahuesos adulto con una extremidad de oveja antes de transportarla al nido.ANTONI MARGALIDA
Actualizado

El quebrantahuesos es una de las aves más emblemáticas de España y el protagonista de proyectos de conservación que intentan preservar las mermadas poblaciones de este animal en peligro de extinción tan importante para los ecosistemas: transforma la carroña en materia orgánica y al eliminar restos animales, limita la propagación de patógenos que afectan a la ganadería y a la salud humana.

Los científicos saben que este buitre habita la Península desde hace milenios, pero se han llevado una sorpresa al examinar una docena de nidos históricos encontrados en Granada y Albacete: además de los esperados restos biológicos asociados a su dieta -huesos y pezuñas de animales, fragmentos de cáscara de huevo y multitud de excrementos, denominados tizas-, han encontrado 226 objetos fabricados por humanos, algunos de ellos de la Edad Media.

Para proteger del frío a sus polluelos, los quebrantahuesos van recogiendo en la naturaleza materiales variados que les sirvan para termorregular sus nidos, como lanas de oveja. Además, instalan sus hogares en refugios rocosos o cuevas para aprovecharse de las condiciones microclimáticas estables que hay en esas zonas, una elección que ha permitido que lleguen hasta nuestros días artefactos elaborados con materiales frágiles, como el esparto -un material vegetal común en el Mediterráneo ibérico desde hace unos 12.000 años- o la piel de oveja que, en otro entorno, no se habrían preservado. "Las temperaturas y la extrema sequedad que hay en las cuevas de Granada ha permitido que se conserven en excelente estado", explica en conversación telefónica Ana Belén Marín Arroyo, profesora de prehistoria y directora del grupo de Evolución Humana (EvoAdapta) de la Universidad de Cantabria.

La historiadora no duda en calificar al quebrantahuesos "como un arqueólogo de la naturaleza" que ha hecho de sus nidos una suerte de cápsulas del tiempo. Así, las dataciones de carbono 14 revelan por ejemplo que un fragmento de cestería encontrado en un nido data del siglo XIX, mientras que una alpargata completa y un fragmento de máscara de piel de oveja decorada con líneas rojas superan los seis siglos de antigüedad, por lo que debieron ser fabricados a finales del siglo XIII, tal y como detallan los autores de este estudio interdisciplinar en un artículo publicado en la revista Ecology.

Se contabilizaron decenas de objetos de esparto —fragmentos de cestería, trozos de cuerda y cuerdas—, junto a varios ejemplares de agobías (el calzado conocido como alpargata) elaboradas con diferentes técnicas, 72 fragmentos de cuero, 129 restos textiles e incluso encontraron un palo con una punta de flecha metálica.

Materiales artesanales encontrados en antiguos nidos. (A) una agobía hallada en Sierra Nevada, Granada, del siglo XIII. (B) Un trozo de cuero de oveja del siglo XIII y un fragmento de cestería (C) del siglo XVIII.
Materiales artesanales encontrados en antiguos nidos. (A) una agobía hallada en Sierra Nevada, Granada, del siglo XIII. (B) Un trozo de cuero de oveja del siglo XIII y un fragmento de cestería (C) del siglo XVIII.Lucía Agudo Pérez / EvoAdapta

Como repasa la investigadora, el origen de este trabajo se remonta al hallazgo que ella hizo en la cueva de El Mirón, en Cantabria, en la que identificó la presencia histórica del quebrantahuesos a través de huesos digeridos por este buitre. "Encontramos huesos de diferentes animales salvajes, como ciervos o cabras montesas, y la clave fue definir lo que había sido aportado por los humanos y por los quebrantahuesos. Fue importante porque vimos que el quebrantahuesos era también un agente acumulador de huesos en cuevas, no sólo los aportaban los humanos y los carnívoros, hace entre 12.000 y 16.000 años", repasa la científica, que publicó este descubrimiento en la revista Journal of Archaeological Science.

Hacía falta más investigación así que empezó a estudiar nidos modernos junto a Antoni Margalida, científico Titular del CSIC en el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), con el objetivo de reconstruir la dieta del quebrantahuesos, que en un 80% aproximadamente se compone de huesos.

En colaboración con investigadores del CSIC, de la Universidad de Granada y de la Consejería de Desarrollo Sostenible de Castilla-La Mancha, en 2008 comenzaron a recuperar materiales acumulados en nidos históricos donde el quebrantahuesos llevaba ausente entre 70 años y 100 años. "Localizamos bastantes y con la financiación que teníamos decidimos bajar a 12 nidos que estaban en Albacete y, sobre todo, en Granada".

Para saber más

"La sorpresa vino cuando, aparte de la lana y los palos, que son materiales clásicos en nidos de quebrantahuesos, empezaron a aparecer artefactos realizados por humanos", repasa Ana Belén Marín, que considera que "estos hallazgos son sólo la punta del iceberg". Y es que como destaca esta historiadora, queda mucho material recuperado que todavía no han analizado y además, han localizado nuevos nidos a los que van a bajar, por lo que están buscando financiación para seguir estudiándolos.

"Es muy raro encontrar en yacimientos de la península ibérica objetos de uso diario como cestos, zapatos, o cuerdas fabricadas con elementos vegetales. No imaginábamos que los nidos de quebrantahuesos iban a ser un depósito de materiales históricos y posiblemente arqueológicos", reconoce Marín, que ve posible que encuentren restos mucho más antiguos pues sólo han llegado a las capas superiores de los nidos, con una antigüedad de hasta el siglo XIII.

Su hipótesis es que puedan llegar a encontrar en nidos de quebrantahuesos calzado de una antigüedad similar al encontrado en la Cueva de los murciélagos, situada en la costa granadina, de hace entre 9.000 y 7.000 años: "Técnicamente, las sandalias son muy parecidas a las que hemos encontrado en los nidos de quebrantahuesos", señala.

Desde una perspectiva arqueológica y etnográfica, dicen los autores, la acumulación de artefactos humanos proporciona información sobre la tecnología antigua, la cultura, los oficios y el patrimonio en áreas montañosas, mientras que los restos óseos encontrados en los nidos les permiten averiguar cómo era la dieta que seguía el quebrantahuesos desde la época medieval, los cambios en la cadena trófica y la distribución y abundancia de especies de vertebrados.

Además, analizarán restos cáscaras de huevo para hacer estudios toxicológicos comparativos sobre la presencia de pesticidas, información útil en el marco de los proyectos de recuperación de la especie en Europa y para seleccionar los lugares más adecuados para su liberación. "Toda esta información sobre dónde vivió este animal ha sido muy útil para los planes de reintroducción", señala Ana Belén Marín.