Para los antiguos egipcios, el ibis eremita era la reencarnación del espíritu Akh, encargado de acompañar a las almas al más allá; en el Viejo Testamento se le menciona como mensajero de la fertilidad y los musulmanes turcos creen que guía las almas de los fallecidos hasta la Meca. El halo de mitos y leyendas que a lo largo de la historia ha rodeado a esta icónica ave pelocha, de color negro y largo pico rojo, no impidió que se convirtiese en una de las más amenazadas del mundo. Sus poblaciones salvajes desaparecieron de Europa, quedando tan sólo algunos ejemplares viviendo en libertad en Marruecos.
Pero el ibis eremita ha regresado a la Península Ibérica gracias a la perseverancia de un equipo de veterinarios, biólogos y ambientólogos, y a un innovador proyecto de reintroducción en la naturaleza que ha sido reconocido por la Fundación BBVA con el Premio a la Conservación de la Biodiversidad en la categoría de Actuaciones en España. Detrás de este programa está el Zoobotánico Jerez (ZBJ), dependiente del Ayuntamiento de esta ciudad gaditana, y la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, cuyos responsables recogerán el galardón este jueves en Madrid.
Después de más de dos décadas de trabajo, vuelve a surcar los cielos de Europa. En la provincia de Cádiz se han establecido varias colonias en las que cría en libertad. Además, el equipo del Zoobotánico ha unido fuerzas con los científicos de otro proyecto de conservación austriaco-alemán: "Se han formado incluso parejas entre los ibis centroeuropeos y los españoles. Son supersociales y esto ha sido un éxito total", resume el veterinario Miguel Ángel Quevedo, coordinador del programa por parte del zoo jerezano.
"El proyecto eremita es el culmen de la labor de conservación que realiza el Zoobotánico de Jerez, que comenzó con el lince ibérico", resume el biólogo Mariano Cuadrado, que nos recibe en un soleado y caluroso lunes de noviembre.
El parque está hoy cerrado al público, y nos dirigimos hacia el amplio recinto en el que viven los ibis eremita en cautividad, juveniles y adultos. A medida que crece, su pico curvado se vuelve de un rojo más intenso y la tonalidad verdosa metalizada de su plumaje negro se va ennegreciendo más. "Come sobre todo insectos, pero también pequeños reptiles y algún mamífero. Los adultos pesan algo más de un kilo y son muy sociables, suelen ir siempre en grupo", expone Cuadrado.
Existen más de una veintena de especies de ibis, un animal que está emparentado con las espátulas, las garzas y las cigüeñas. A la protagonista de este proyecto de reintroducción, Geronticus eremita, se la denomina así por su costumbre ermitaña de vivir en rocas y acantilados. "En inglés le llaman ibis calvo del norte, pues tiene un penacho de plumas en el cogote, pero en la parte frontal es calva", señala Cuadrado."Hay gente que dice que es feo, pero para mí es una estrella de rock", bromea su compañero Miguel Ángel Quevedo.
En el mismo recinto en el que viven los ibis en cautividad hay algunas grullas damisela, un animal que se ha extinguido en la Península. Desde el Zoobotánico de Jerez, adelanta Cuadrado, se están planteando comenzar un programa de conservación con ella, visto el éxito que han cosechado con el ibis eremita. Pero como subraya Quevedo, el proceso para reintroducir en la naturaleza una especie amenazada es muy largo y complejo.
"Nuestro objetivo no es tener animales en cautividad por tenerlos, sino llevar a cabo proyectos de conservación", señala. "Llevamos más de dos décadas en ello, trabajando codo con codo con la Junta de Andalucía en la recuperación de la cerceta pardilla, considerada el pato más amenazado de Europa, y con otras especies como el alimoche, el quebrantahuesos o el lince ibérico".
La idea de reintroducir al ibis eremita en la naturaleza surgió en los años 80, cuando algunos prestigiosos ornitólogos extranjeros que visitaron el Zoobotánico de Jerez comentaron que España sería un lugar adecuado para recuperar poblaciones silvestres. "Sólo quedaban en Marruecos y se nos iba de las manos, como había pasado con el lince. Antiguamente, el ibis tuvo una distribución circunmediterránea, porque vivió en los países del sur de Europa y del norte de África y en Turquía. También vivía en Centroeuropa. Sabíamos que en el siglo XIX había ibis eremita en Alemania. Hay un cuadro que lo representa, e incluso una receta que decía que era un plato exquisito", relata Cuadrado.

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Sobre su presencia en España en el pasado, este biólogo conservador apunta que "siempre hemos ido más retrasados en el estudio de la naturaleza que otros países y nadie hablaba del ibis porque no se conocía como tal". Sin embargo, "hay tratados de cetrería en los que se menciona un cuervo calvo, que suponemos que era el eremita. También se han encontrado en la provincia de Cádiz pinturas rupestres que representan pájaros con un pico como el suyo que podrían ser ibis, pues no son ni garzas ni garcetas". La persecución directa, los pesticidas y la transformación de pastizales en campos de cultivo fueron acabando con sus poblaciones.
Se consideró que podía ser un proyecto interesante y, a partir de los años 90, el Zoobotánico decidió apostar por él, contando con el asesoramiento científico de la Estación Biológica de Doñana: "Lo primero que hicimos fue traer ejemplares de zoos de toda Europa para mantener una colonia con la que empezar, pues no se podían traer animales que vivieran en libertad, y en aquella época había más en cautividad. Nos hicimos socios de la Asociación Europea de Zoos y Acuarios (EAZA) y se procuró que los ejemplares que nos mandaban a Jerez no estuvieran emparentados entre ellos para aumentar la variabilidad genética. A principios de 2000, llegamos a tener unos 30".
El siguiente paso fue analizar la viabilidad de las zonas en las que se liberarían. Aunque se sugirió Almería, dado que su hábitat desértico recordaba a la zona en la que viven en Marruecos, el estudio de campo que hicieron junto a científicos de la Universidad de Córdoba comenzó en 2003 en el campo de tiro de la Sierra del Retín (Barbate), gracias a la colaboración de la Armada.
Un año después comenzó el proyecto Eremita como tal, produciendo pollos de forma intensiva y liberándolos. "La especie se reproducía en nuestras instalaciones del Zoobotánico. Los huevos que ponían los ibis se llevaban a la incubadora y criamos los pollos a mano", cuenta Quevedo mientras nos enseña las salas en las que están los distintos tipos de incubadoras. "Ahora están vacías pero en primavera eso es un hervidero, salen pollos todo el tiempo", señala. A la zona de cría la llaman nursería.
La crianza manual, explica Mariano Cuadrado, es un proceso artificial. Al poco de nacer, algunas especies como los ibis aprenden a identificar a su madres, a seguirlas y a aprender de ellas a través de un método de aprendizaje que se denomina impronta. "Los cuidadores se ponen una camiseta negra y un casco con pico, para que se cree una impronta positiva a los humanos que van caracterizados como un ibis, y una impronta negativa al resto de personas, porque queremos que aprendan que pueden ser enemigos", explica Cuadrado. "Los pollos siguen a la persona disfrazada, que les saca a pasear y les enseña por ejemplo, que las boñigas de las vacas son un buen sitio para encontrar comida".
Entre 2004 y 2012 hicieron la reproducción intensiva, consiguiendo unos 30 pollos al año. Llegó entonces la hora de liberarlos en la naturaleza (con anillos y emisores para su seguimiento). La suelta se hace un poco antes del inicio de la primavera: "Puedes llevarlos al campo y soltarlos, pero el 95% muere a los pocos días. Por eso, lo que hacemos es la cría campestre o hacking. Llevamos esos pollos criados a mano a un aviario cerrado en el campo, y los dejamos ahí con comida durante tres o cuatro meses. Así se van habituando a los olores, a los ruidos y a otros animales que están en el campo donde van a ser soltados. Así se reduce la mortalidad al 50 o al 60%". Y es que como resume este biólogo, "soltar animales es muy fácil pero conseguir que sobrevivan es muy complicado".
Entre alegrías y disgustos fue avanzando el programa, que celebró en 2008 un hito cuando, por primera vez, una pareja nacida en cautividad se reprodujo en la naturaleza: "Nació un pollo que se llamó Breña, que es el lugar donde estaba, pero murió. Al año siguiente, otra pareja tuvo tres pollos y se los comió una serpiente. Y de buenas a primeras, sin esperarlo, en La Barca de Vejer, a 15 kilómetros del aviario de suelta, se formó una colonia maravillosa cerca de una carretera. Empezó con una pareja, hay ya más de 10 nidos y sigue creciendo", cuenta Mariano Cuadrado. "El sitio es inhóspito pero los pájaros deciden dónde quieren vivir". "Hay gente que dice que son confiados, pero ellos saben que donde hay actividad humana no hay depredadores y sienten seguridad", apunta por su parte Miguel Ángel Quevedo.
Un par de años después se estableció también de forma espontánea otra zona de cría en una torre Almenara en la playa de Castilnovo, en Conil. Y en 2019, Pierre Gay, del bioparque francés Doué-la-Fontaine, se interesó por el proyecto y como le gustaba mucho España, compró una parcela y una casa en San Ambrosio, cerca de la playa de El Palmar: "Levantó un risco que está lleno de nidos artificiales, y ahora llevamos a los pollos a este aviario dentro de su finca. Se ha creado una colonia que en la actualidad es una de las más florecientes", cuenta Cuadrado.
Cuando el programa gaditano ya estaba asentado, se puso en contacto con ellos el biólogo austriaco Johannes Fritz, que estaba reproduciendo al ibis eremita en Centroeuropa con un proyecto LIFE de la UE en el que participa el Zoo Shönbrunn de Viena. Había intentado formar una población migradora entre Austria, donde crían, y la Toscana, donde pasarían el invierno, pero tras varios intentos infructuosos debido a los efectos del cambio climático, planteó que vinieran a Andalucía a pasar el invierno, en lugar de ir a Italia.
"Se llama migración guiada por humanos y este equipo utilizó un sistema por el cual las aves siguen a un paramotor motorizado (un vehículo volador). Primero entrenan a los ibis para que sigan a los paramotores y a las madres adoptivas, que llevan un megáfono para llamarles", explica. En su proyecto, llamado Waldrappteam había dos personas dedicadas exclusivamente a ello, Barbara Steininger y Helena Wehner. En su caso, en lugar de llevar un disfraz de ibis como hacen los cuidadores españoles, llevaban camisetas amarillas.
Una vez los ibis han aprendido a seguir al paramotor empieza la travesía, con un equipo de aire (formado por el piloto y por las humanas) y un equipo de tierra, que viaja por carretera y lleva consigo el campamento y el aviario portátil que instalan cada día para pasar la noche.
La razón del fracaso de la ruta alpina fue, que debido a las temperaturas más cálidas, los ibis retrasaban su migración al sur, y como consecuencia de ello, no cruzaban los Alpes hasta principios de noviembre. El problema es que las corrientes térmicas que necesitan para sobrevolar estas grandes montañas disminuyen su intensidad en otoño y principios de invierno. Como resultado, los ibis adultos quedan atrapados en los fríos valles alpinos, incapaces de sobrevolarlos, y con escasa comida, por lo que hubo que rescatarlos. Así que Johannes Fritz ideó una nueva ruta que les llevara al sur de España.
El Waldrappteam ha hecho ya dos años el viaje entre Alemania a Andalucía con este vehículo volador. En 2023 recorrieron 2.319 kilómetros en 43 días, pues la meteorología impide viajar algunos días. "Una vez llegan los ibis a la colonia de San Ambrosio, los colocamos dentro del aviario de aclimatación para evitar que sigan volando hacia África por instinto. Allí pasan dos meses, reconociendo el ambiente", señala. "Enseguida ha habido interacciones, la población migradora centroeuropea se ha integrado muy bien con nuestra población sedentaria. Ya ha habido individuos que han regresado a su lugar de origen, y ahora están volviendo hacia aquí, sabemos por la aplicación que están cruzando los Pirineos. El objetivo es llegue a haber comunicación entre la población de Centroeuropa migradora y la sedentaria de Cádiz", señala Quevedo.
Por otro lado, el pasado verano llevaron una veintena de ibis gaditanos a un aviario del Ampurdán, tal y como explica la ambientóloga Paula Ávila, que fue una de las madres adoptivas de los ibis que fueron llevados a Girona. "Nos viene muy bien tener una población intermedia, a medio camino entre Centroeuropa y Cádiz. Lo que pretendemos con todo esto es volver a restaurar esas poblaciones que se extinguieron en Europa hace cuatro siglos, ya sea en Murcia o Valencia, no es cuestión de tenerla en nuestro territorio. Y si en el futuro migran a Marruecos y se relacionan con esos ibis, pues mira qué bien", dice Quevedo.
Los datos de la campaña de 2025 en Cádiz son más que esperanzadores. Cincuenta y una parejas reproductoras y 53 pollos les permiten comenzar a hablar de especie autosuficiente, aunque como señala cauto el veterinario José María Aguilar, "no podemos cantar victoria todavía". "Ha costado porque han sido 20 años de sufrimiento pero el objetivo era establecer una población estable, sedentaria y autosuficiente. Hemos conseguido que sea estable y sedentaria. Si el número de ejemplares que nace sigue siendo superior al que muere, como ha pasado este año, en dos o tres años podremos decir que es una población autosuficiente", adelanta Quevedo.
El recuento de ibis silvestres a nivel mundial asciende hoy en día a unos 1.200 ejemplares -750 en Marruecos, 300 en Cádiz y 270 en Centroeuropa-: "Cuando empezamos se consideraba en peligro crítico de extinción, y ahora, a nivel global, está en peligro, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)", valora el veterinario
En lo que respecta a las amenazas, asegura que "de momento y afortunadamente", la gripe aviar no les ha afectado. "En 20 años no han tenido ningún caso positivo entre los ibis de Cádiz. Desde el punto de vista de enfermedades, actualmente la más peligrosa para ellos es el virus del Nilo".
Sin embargo, la electrocución es la principal causa de muerte: "Los cables aislantes de los tendidos eléctricos están diseñados para que se pose un ejemplar grande o varios pequeños, pero como al ibis le gusta ir acompañado, se apoyan 25 o 30 a la vez en el mismo poste, y a veces el aislante es más corto que el grupo. Cuando uno toca el cable, se electrocutan todos", explica Quevedo.
Y aunque anecdótica, otra causa de fallecimiento es el impacto de pelotas de golf: "Las zonas esteparias y de hierba corta son muy cómodas para el ibis, porque puede ver rápidamente si se acerca algún depredador -el búho real, el halcón peregrino o el águila perdicera son los principales-. Por ello, el ibis encuentra en el campo de golf el paraíso: hierba corta, suelo blandito y regado, con larvas e insectos y se lo pasan bomba, pero de vez en cuando fallece algún ejemplar".
Otro aspecto que ha ayudado al éxito del programa es la acogida positiva por parte de los vecinos: "Es un animal aceptado por el público y viene mucha gente de fuera a hacer birdwatching", apunta José María Aguilar. Concide Quevedo: "Comen insectos y la gente está encantada. El único inconveniente ha surgido en una fábrica cercana de lombrices para compost, pues ha habido que llevar cometas con la forma de un halcón para disuadirles de que se las coman. Y hay otro vecino, Antonio, al que se le posan encima de su tejado, pero no ha puesto pegas. Es más, una noche encontró a uno hipotérmico, y lo colocó en una caja junto a la chimenea hasta que fuimos a buscarlo por la mañana".






