De repente se hizo de día en Cabo Cañaveral. Como si un edificio de 30 plantas, una Torre KIO de Madrid, comenzara a arder desde los cimientos. A las 21.29 de este jueves (3.29 ya del viernes en España) el SpainSat NG II, el mejor satélite de comunicaciones seguras de Europa, partía hacia el cielo desde la plataforma de lanzamiento 40 de la Estación de la Fuerza Espacial, impulsado por un cohete Falcon 9 de la empresa Space X del magnate Elon Musk.
El pasado 30 de enero, su gemelo, el SpainSat NG I, partía del mismo escenario, y ahora le esperaba a 36.000 kilómetros de la Tierra con el objetivo de que entre ambos puedan curbrir dos tercios de la superficie terrestre, desde Denver, en la costa oeste de EEUU, hasta Singapur.
La noche daba cierto aire de clandestinidad al lanzamiento del satélite español, con todas las oficinas de la NASA cerradas al otro lado de la zona restringida. Y más aún cuando los nueve motores Merlín del Falcon 9 se convirtieron en una enorme bola de fuego que encendió el cielo y un pedazo del Atlántico. Había que poner a volar un edificio. Un cohete de 500 toneladas, impulsado por 400 de queroseno y oxígeno. Era como si una enorme estrella fugaz quisiera regresar al cielo.
Pero para ello había que superar 34 minutos salpicados de momentos críticos, que una delegación española formada por más de medio centenar de personas, entre ingenieros, militares, periodistas y empresarios de la industria aeroespacial responsable del proyecto, presenciaron con la tensión del espectador que ya no puede hacer nada.
El primero se produjo a los 166 segundos. Lo que tardo la primera parte del Falcon en quedarse sin combustible, separarse del resto del cohete y caer al océano. En la Tierra, a 73 kilómetros de distancia, el cohete ya había quedado reducido a la estrella más grande y humeante del cielo nocturno.
Entonces se encendió el único motor de la segunda etapa y, pocos segundos después, la cofia que envolvía el satélite, como una caja de zapatos de diez metros de alto por cinco de diámetro, se abría por primera vez, dejándolo expuesto al espacio exterior. Hacía apenas tres minutos y medio que había despegado, se encontraba a más de 100 kilómetros de altura, viajaba a más 10.000 kilómetros por hora, y ya apenas podía distinguirse en el cielo nocturno y estrellado de Cabo Cañaveral.
El cohete siguió empujando durante varios minutos más hasta que se apagó, y comenzó la llamada fase de deriva, un vuelo parabólico en el que, sin empuje, fue perdiendo velocidad pero ganando altura. A los 27 minutos se encendió otra vez, con el objetivo de colocar el cohete en la órbita deseada. Pero había que esperar hasta el minuto 34 cuando, a unos 1.000 kilómetros de altitud, cuando el cohete liberó finalmente el satélite, y cantar victoria. Elon Musk terminaba su trabajo, y el SpainSat NG II quedaba a manos de las instalaciones de Airbus en Toulouse (Framcia), donde empieza un trabajo de unos cinco meses hasta que el satélite está plenamente operativo.
Los SpainSat NG se lanzan de noche y en dirección Este no por capricho de Elon Musk o del gobierno estadounidense sino por capricho de la tecnología española. Media hora después del lanzamiento, el satélite llegaba a un Océano Índico en pleno amanecer, y comenzaba a desplegar sus paneles solares para recargar sus baterías, y proseguir su viaje hacia su destino final.
El SpainSat NG II no lo tuvo nada fácil en EEUU. Su primer intento de despegue tuvo que ser abortado apenas nueve horas antes del lanzamiento por un error de Space X. Los encargados del montaje del Falcon 9 dañaron dos cables al cerrar una tapa de la parte baja del cohete, justo donde se encuentran los nueve motores Merlín. "Ha sido la cosa más tonta, al cerrar una tapa con una serie de tornillos", explicó Miguel Ángel García Primo, director general de Hisdesat. Por suerte, la compañía de Elon Musk tenía remanente de cableado y en diez horas se solventó la incidencia.
Durante los próximos días el satélite irá desplegando sus alas hasta alcanzar una envergadura de 42,8 metros, como el ancho de un campo de fútbol. Y empiece a trazar ochos a 11.000 kilómetros por hora, orbitando la Tierra a 63.000 kilómetros de distancia en su apogeo, y a 400 en el perigeo, hasta colocar finalmente el satélite en la órbita deseada en el meridiano 30º oeste.
Será entonces cuando pase a manos de Hisdesat, el operador de satélites gubernamentales que ha liderado el proyecto de estos dos satélites gemelos, que los controlará desde sus nuevas oficinas en Hoyo de Manzanares (Madrid).
Está previsto que eso suceda a lo largo de la primavera de 2026. SpainSat NG I y II estarán ya plenamente operativos y empezarán a prestar servicio conjuntamente a las Fuerzas Armadas españolas, organizaciones internacionales como la Comisión Europea en el programa GOVSATCOM, la OTAN, y otros gobiernos de países aliados.
Con el lanzamiento del SpainSat NG II se completa la constelación del Programa SpainSat NG, considerado el proyecto espacial más ambicioso de la historia de España, tanto por su complejidad tecnológica como por el nivel de participación de la industria nacional. Un trabajo de 15 años y 2.000 millones de euros, financiados en un 70% por el Ministerio de Defensa y en un 30% por el propio Hisdesat. Nunca antes se habían puesto dos satélites gemelos en órbita de esta envergadura (más de 6 toneladas y 7,3 metros de altura cada uno de ellos) y de esta complejidad.
Más de un 45% de la carga industrial del satélite se ha desarrollado con la implicación de prácticamente todo el sector espacial nacional. "Es el proyecto satelital más ambicioso y tecnológicamente avanzado jamás desarrollado en España", apunta García Primo.
Airbus Defence & Space y Thales Alenia Space lideraron el proceso de ejecución y construcción de los satélites, a los que se han sumado las principales firmas españolas del ámbito espacial.
En el lanzamiento han estado presentes altos cargos del Ministerio de Defensa, de Industria, Ciencia y de la Agencia Espacial Española. También representantes de las empresas accionistas de Hisdesat: Hispasat, Isdefe, Airbus, Indra y Sener.




