El miedo es una de las emociones, de los sentimientos más complejos, terribles e irrefrenables. Es difícil definirlo a no ser que echemos mano de la poesía como ha hecho Rocío Rojas-Marcos en su último libro, publicado por la Fundación Lara. «A lo mejor por eso escribes / para perder este miedo informe. / Las palabras nombran / las palabras alejan los silencios, los ocupan». El miedo, en palabras de esta ensayista poeta y profesora sevillana, es un instinto que nace del empeño por sobrevivir, una alarma interior, confiesa, «que nos advierte del peligro y nos hace pensar, reflexionar antes de saltar al vacío», ese espacio cuarteado «al que nos aferramos cuando sentimos el vértigo».
La poesía de Rocío Rojas-Marcos está llena de fuerza y en sus versos no cabe el victimismo ni la falsa debilidad. Miedo, su último poemario, es una muestra explícita de esto. La poesía de la autora sevillana es afilada, cortante, directa. No renuncia a pesar de todo a contar el mundo, pero no lo hace desde el lado del lamento. Ya lo había demostrado en Anoche soñé que regresaba a Manderley —ese largo sintagma que aparece en la película Rebecca— que le editó la granadina Esdrújula. Ahora Rocío Rojas-Marcos vuelve a las librerías con un poemario donde lucha por comprender el significado de este instinto y confabula para alejarlo lo máximo posible de su vida.
El libro está dividido en dos partes bien diferenciadas. La primera, la que da título al volumen, se subdivida a su vez en cuatro apartados donde habita el verso comprometido y sustancioso, la frase larga llena de contenido y luz dentro, escritos en la segunda del singular que es esa voz en apariencia distante, muy difícil de poner en pie a la hora de escribirla con sentido y rigor, y que contiene, en cambio, la parte más bella de cualquier poesía.
La segunda parte del poemario lleva por título Gaman, que es un vocablo japonés que hace referencia a la capacidad humana de sobrellevar las adversidades sin mostrar ante nadie, ni ante uno mismo, debilidad, queja, pusilanimidad. Esta parte lo conforman treinta haikus, que es una métrica con la que Rojas-Marcos se siente muy cómoda y encuentra hallazgos tan brillantes como este: «Día de lluvia /desmorona el asfalto / agua en la cara». O este: «Llega la barca / no tienes las monedas / en el bolsillo».
Rocío Rojas-Marcos, además de poeta, es una de nuestras grandes escritoras e investigadoras andaluzas. Y de lo que no cabe duda es de que es la gran experta en la vida y obra de Tánger. Publicó en su día en la granadina Almed y en la cordobesa Almuzara dos libros sobre aquella ciudad que tiene nombre de varón embaucador al que siempre volver.
