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Del ¿pa... qué? al pádel, los 30 años imparables de un deporte donde las españolas dominan la élite mundial

En los años 90 se coló entre las élites españolas y llegó a ser un símbolo de estatus. Hoy es una disciplina que pugna por meterse en los Juegos Olímpicos y donde nuestro país es líder indiscutible con nombres femeninos subrayados en neón.

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La padelista española Alejandra Salazar.
La padelista española Alejandra Salazar.D. R.

Estamos a principios de los 90 y una joven de 8 años llamada Alejandra Salazar observa cómo su madre y su grupo de amigas echan un partido en el Club de Campo de Madrid de un deporte curioso que apenas practica nadie en España. Un documento de esa fecha cifraba en 935 el número de licencias federativas en nuestro país, con el País Vasco, con 356, como la comunidad autónoma con mayor cantidad. "Hace 30 años era un hobbie, nadie sabía qué era el pádel, 'pa... qué?', te preguntaban, había que explicarlo", cuenta la hoy jugadora del circuito Premier Padel.

Treinta años después ya son más de 30 millones de aficionados los que lo practican en todo el orbe, de los que cinco son de nuestro país y un 40% mujeres. Resulta llamativo que haya logrado superar al tenis, deporte del que bebe, en más de medio millón de practicantes.

"Nunca pude imaginar la evolución que iba a tener el pádel", comenta Salazar. "A nivel de circuito, jugadores... Queda mucho, pero el crecimiento es brutal. De pequeña jamás pensé que podría ser jugadora profesional y hoy hay niños y niñas que se lo plantean", añade.

'Martita', un talento precoz y 'La Doctora'

Marta Ortega.
Marta Ortega.Sergio Enríquez-Nistal

Marta Ortega, Martita, no fue una de esas niñas que quisieron ser profesionales de pequeñas, pero sí fue un talento precoz. El gusto por el deporte de la pala le fue creciendo paulatinamente hasta que llegó al circuito profesional con 16 años. "Siempre lo disfruté como un deporte y siempre tuve en la cabeza dar en él mi mejor versión, pero hasta que no llegué al circuito profesional no me di cuenta del esfuerzo que tenía que hacer y de las ganas que tenía de conseguirlo", cuenta a YO DONA.

De pequeña, el pádel era una extraescolar más entre baloncesto, equitación o windsurf, hasta que vio que se le daba bien y que le gustaba más que el resto. A los 10 años entró en liza la vena competitiva de Ortega y quiso dedicarse en profundidad; con 14 llegaron la adrenalina de la competición, el buen ambiente en el circuito infantil y las ganas de ser la mejor. Con 22 lo consiguió.

La joven Marta Ortega se hacía con el número uno del mundo con apenas 22 años. Lo que resulta llamativo en esta precocidad es que el talento deportivo lo compartió con el intelectual. Martita se convertía poco después en La Doctora en el circuito profesional. Algo que ocurría no como una broma, sino en razón de una capacidad desbordante para compaginar los estudios de Medicina con su carrera deportiva.

"Tenía muy claro que los estudios eran una prioridad", explica la deportista y también especialista en Traumatología Deportiva. "Me daba apuro quedarme atrás, así que intenté llevar las dos cosas quitándome horas de sueño", revela Ortega. "Fue un esfuerzo de todos, tanto mío como de mi equipo, compañeros y familia", agradece.

Marta Ortega se encuentra hoy en el puesto número seis del ranking mundial. La joven madrileña es una de las ocho españolas que hay en el top 10 del circuito Premier Padel. "En categoría femenina, España está por encima del resto", cuenta Ramón Morcillo, presidente de la Federación Española de Pádel. Y revela que, a su juicio, es principalmente por la cantera que se desarrolla en los circuitos de menores.

Más pádel que tenis

El máximo mandatario del pádel español alaba las federaciones territoriales, directas responsables de construir un entramado de campeonatos, escuelas y campamentos de tecnificación que permite recabar y desarrollar el gran talento joven que hay en nuestro país. Hablamos de en torno a 4.000 clubes de pádel, unas 16.000 pistas y el único país europeo con Suecia que aglutina más jugadores de pádel que de tenis.

Estos números son los que provocan que el 66% de los jugadores profesionales de este deporte pertenezca a nuestro país. De hecho, la pareja número uno femenina es española, Paula Josemaría y Ariana Sánchez, y en la masculina es de nuestro país uno de los dos, Arturo Coello. El otro, Agustín Tapia, es argentino. Argentina es, de hecho, el único país que siempre estuvo al nivel español aunque, en estos últimos tiempos, se haya quedado atrás especialmente a nivel femenino.

Cuatro jugadoras del top 20 mundial son argentinas, con Delfina Brea como única incluida en el top 10. España tiene 15 entre las 20 mejores y ocho de ellas están en el top 10. "Italia, Francia y Suecia están subiendo, pero aún siguen por detrás", concede Morcillo sobre los nuevos actores en el pádel mundial.

El sueño olímpico

La máxima aspiración ahora es convertirse en deporte olímpico, para lo que ya cumple los requisitos exigidos por el Comité Olímpico Internacional, según Morcillo, pero cree que penaliza esta superioridad hispanoargentina sobre el resto del mundo. "Que el pádel sea puntero en dos países puede indicar que no hay mucha competencia, pero nadie se extraña del dominio americano en baloncesto", apunta el presidente de la Federación.

Otro país que se está metiendo en el panorama mundial del pádel femenino es Portugal. Marta lo sabe bien, ya que juega con Sofía, Sofi, Araujo, la única portuguesa que se ha colado entre las 10 mejores mujeres del mundo en este deporte. "Soy la outsider", bromea la palista portuguesa, y confiesa que el verdadero salto lo dio cuando se mudó a Madrid hace tres o cuatro años. "En Portugal está creciendo, pero no tiene el nivel de España", apunta.

Sofía Araujo
Sofía AraujoSergio Enríquez-Nistal

Sofi, al contrario que otras rivales, no empezó como nativa del pádel, sino que se convirtió desde el tenis, deporte en el que llegó a tener ranking WTA (siglas de Women Tennis Association, el ente rector que organiza el WTA Tour, principal circuito profesional del tenis femenino a nivel mundial). "Al principio sí ayuda tener ese background, pero después se pone un poco en contra", admite por la diferente técnica entre uno y otro, como dejar la bola pasar contra la pared o usar golpes principalmente cortados.

Para la portuguesa, el pádel no sólo "es más divertido", sino también "más social", como comparten también sus compañeras y el presidente de la Federación Española. Y, además, saliendo de lo que es el deporte profesional, tiene otras ventajas que también disfrutan sus practicantes, como la facilidad para iniciarse en él o el hecho de que no haga falta una forma física extraordinaria para ponerse a ello.

Ahora sí es una profesión de la que vivir

Son ya 30 años los que Alejandra Salazar lleva empuñando una pala. Tres décadas en las que el pádel ha pasado de ser un deporte minoritario a una diversión de masas y, además, una profesión. Porque no hay jugadora de aquella época que no tuviera un plan be para cuando finalizara su carrera profesional.

Sin embargo, con los premios actuales, quizás haya muchas deportistas que, con una buena asesoría económica y de imagen, puedan, si no vivir toda la vida, al menos tener un colchón suficiente para ello. "Ha habido una mejora en los premios femeninos, por ese lado hay que estar contentas, pero no satisfechas", puntualiza Salazar.

De hecho, la propia Salazar ha montado una agencia de comunicación precisamente para gestionar el futuro de otras deportistas profesionales. A día de hoy cuentan, entre otras, con Claudia Fernández. Con apenas 18 años, esta palista madrileña es una de las más prometedoras de este deporte y lleva varios torneos seguidos llegando a la final o venciendo, como hizo en el de casa.

Pero la vida a los 18 es muy diferente que a los 39 porque, con sus dos rodillas operadas y tras una cirugía en el codo, no hay partido que Alejandra no dispute sin una molestia. "Esta experiencia me ha hecho conocer los límites de mi cuerpo, así que ibuprofeno y a pista", revela la deportista madrileña.

Podría haber sido peor y que una lesión le hubiera cortado la carrera. "El deporte es una vida muy bonita, pero corta, y se te puede acortar más", cuenta Marta Ortega quien, además de la vocación que tenía por la Medicina, también la estudió porque "la parte deportiva podría salir mal por el simple hecho de que el resto de deportistas fueran mejores".