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"Del Aljarafe de Sevilla caen ríos de vino hacia el puerto". Bien lo comprobó Miguel de Cervantes cuando ejerció de comisario real de abastos para el rey Felipe II—o recaudador de impuestos de toda la vida— en esta comarca de la provincia andaluza a 14 kilómetros en línea recta de la capital hispalense hoy y a menos de 12 leguas allá por 1593. Entonces, el autor de El Quijote deambulaba de pueblo en pueblo requisando trigo, cebada, garbanzos y barricas para los galeones que partían hacia el Nuevo Mundo siguiendo las directrices del monarca en cuyo imperio nunca se ponía el sol.
Doce reales cobraba al día, sueldo que no le debió parecer suficiente a tenor del motivo que le llevaría a la cárcel a los pocos años: malversación de fondos. Antes, tuvo tiempo de conocer a fondo esta región con poderío enológico desde la era romana, cuando exportaba vino y aceite a gran parte del imperio. Su clima mediterráneo(con veranos secos e inviernos suaves), su fértil tierra albariza y su elevación (de ahí su nombre, otero, en árabe) entre los ríos Guadiamar y Guadalquivir han propiciado el cultivo de vides hasta hoy. Otra de las épocas de mayor apogeo fue en los años 30 y 40 del siglo pasado, cuando llegó a haber 90 bodegas.
Entre ellas destaca la de Góngora, la más antigua de Andalucía y la segunda de España, sólo por detrás de Cordoniú, en Cataluña. Su creación en Villanueva del Ariscal, un bonito pueblo de 6.500 almas rodeado de viñas, olivos y árboles frutales, remite a 1682, al Siglo de Oro de Sevilla como Puerto de Indias. "Los Reyes Católicos emitieron una Alcabala Real que obligaba a todos los barcos que partían hacia América a que un tercio de su carga fuera de productos de la tierra. Muchos de ellos lo cumplían con vino", explica Ignacio Gallego-Góngora —sí, se cree que el poeta cordobés era un pariente lejano—, CEO y miembro de la octava generación de la familia al frente. En su interior (misterioso, con esencia) se conserva el lagar del siglo XVI y la prensa de viga de husillo y quintal, una suerte de molino aceitero todavía en pie.
Forma parte de la visita guiada por esta joya de 100.000 m2 declarada Bien de Interés Cultural que produce finos, amontillados, olorosos y dulces, además de vinos naranjas y de chocolate o vermús. La firma emprendió una nueva etapa en 2021 con la creación de un museo que resume su trayectoria, un espacio para eventos y un hotel boutique de cinco estrellas de 13 habitaciones y tres villas que abrirá este año en la zona donde vivía la familia.
Durante las obras se hallaron un arco y varias columnas mudéjares, confirmando la riqueza patrimonial del lugar. "Hay documentos de 1574 sobre la entonces hacienda San Rafael, pero no se sabe si ya había bodega", añade Gallego-Góngora mientras muestra las vitrinas con antiguas portadas de periódicos, fotos en blanco y negro de vendimiadores, toneleros, arrumbadores (quienes gestionan las botas y su contenido) y otros oficios relacionados, facturas a mano de 1911 y cartas de Isabel II refiriéndose a la mítica empresa.
No es la única con presencia destacada en la historia de Andalucía que descubrimos en este paseo por Sevilla más allá de la capital. La siguiente es Hacienda Benazuza, en Sanlúcar la Mayor, también en el Aljarafe, y una de las 352 inventariadas en toda la provincia, de las que alrededor de 150 son verdaderas joyas arquitectónicas. Como ésta, un caserío del siglo X de origen árabe que fue propiedad de la Orden de Santiago, lugar de reposo de Alfonso X el Sabio y hotel de lujo cuya oferta gastronómica corría a cargo del mismísimo Ferrán Adrià, quien trasladó la filosofía de elBulli de 1998 a 2010 a esta antigua finca olivarera de estilo palaciego. De los desayunos al restaurante La Alquería, que llegó a tener dos estrellas Michelin. "El sueño era trasladar las horas de felicidad que ofrecíamos en una cena a las 24 horas de estancia de un día en el hotel", diría el chef catalán.
Los elegantes salones interiores de aire romántico siguen intactos. Igual que el exotismo exterior, trazado entre sugerentes patios, fuentes, albercas, jardines, lavaderos, huertos, palmeras y naranjos. Sin olvidar la capilla de la iglesia de San Francisco, donde está enterrada la joven María Luisa, hija de los dueños durante el siglo XIX. Hasta el emperador Carlos I de España y V de Alemania pasó varias temporadas en este oasis que tuvo jurisdicción propia, reabierto ahora tras 15 años de parón para la celebración de eventos. Como una boda hindú, por ejemplo, uno de los festejos estrella en los cortijos del Sur, como afirma Javier Monge, director de la agencia Cenarte, encargada de la gestión. "Pese a estar cerrado tanto tiempo encontramos una caja de puros perfectamente conservada", concluye.
La próxima parada tiene lugar en el "pueblo más rociero del mundo", Villamanrique de la Condesa, en la comarca de las Marismas del Guadalquivir y una de las puertas al Parque de Doñana. Pero antes de adentrarnos en el lado más desconocido de este Patrimonio de la Humanidad, el sevillano (comparte territorio con Huelva y Cádiz), recorremos el pueblo, auténtico Km0 de las peregrinaciones, ya que aquí se recibe a 70 hermandades en su ruta hacia El Rocío días antes de Pentecostés, a finales de mayo o principios de junio, según el año.
La celebración, declarada Fiesta de Interés Turístico de Andalucía, congrega a miles de visitantes en torno a la Plaza de España para ver cómo una carreta de bueyes sube los siete escalones de piedra que conducen a la iglesia de Santa María Magdalena portando el Simpecado (estandarte religioso) de la Virgen. Es uno de los momentos más emocionantes de la romería. Hasta el punto de que los manriqueños tienen instalado todo el año en la plaza, junto al Ayuntamiento, un cartel luminoso con la cuenta atrás de los días que faltan para el Paso de Hermandades.
Y es que la suya es "la primera, real, imperial, fervorosa, ilustre y más antigua de España" al remontarse a siglo XV. "Entonces, un lugareño, el cazador Gregorio Goro Medina, encontró la imagen de la Virgen escondida en el tronco de un árbol donde hoy se levanta la ermita de la Blanca Paloma, empezando así las peregrinaciones".
Lo recuerda José Zurita, cronista oficial del pueblo, en el Museo del Camino del Rocío, que recorre su historia. Del simpecado más antiguo (siglo XVI), realizado en terciopelo rojo, a carretas de plata, vestimenta de tamborileros y boyeros, bordados y mantones de manila. Y entre medias, fotografías de Alfonso XIII y Victoria Eugenia o la reina Sofía de romería.
No en vano, existe un gran vínculo entre Villamanrique y la Casa Real, ya que aquí se ubica el Palacio de Orleáns, adquirido por los duques de Montpensier en el siglo XIX y frecuentado por los Borbones, familia directa, hasta nuestros días. Como curiosidad, la infanta Elena celebró su despedida de soltera en él y al rey emérito se le ha visto salir en moto varias veces.
Toca ya una inmersión en Doñana, a apenas unos kilómetros del pueblo a través de un bellísimo sendero de pinares, marismas, flamencos rosas, águilas imperiales y hasta 36.500 hectáreas de arrozales, superficie mayor que en Valencia. Eso sí, fueron los colonos de la Albufera los que comenzaron a cultivarlos en los años 40. Y aún hoy siguen siendo un referente económico de la zona, además de protagonizar platos típicos como el arroz con pato, cola de toro o carabineros.
La mejor forma de descubrir el mosaico de ecosistemas de una de las mayores reservas ecológicas de Europa es de la mano de una agencia de turismo activo como Living Doñana. Su guía, el naturalista Sergio González, ofrece rutas a pie, a caballo, en 4x4 o bici, sesiones de ornitología o seguir la huella del lince ibérico, el felino más esquivo del bosque mediterráneo.
También se puede llegar al Vado del Quema, paso obligado de las hermandades rocieras donde se erige un templete en honor a la Virgen. Mientras, González va contando el origen del nombre de este espacio protegido. "Se debe a Ana de Silva y Mendoza, esposa del VII duque de Medinasidonia, casa a la que pertenecieron estas tierras durante seis siglos. Ella era muy aficionada a organizar exclusivas cacerías en las que sólo podían participar sus invitados, por lo que se conocía el lugar como el coto de Doña Ana", señala el experto.
Durante el recorrido no puede faltar una visita al Centro de Interpretación José Antonio Valverde, construido a imagen de una de las características chozas marismeñas en honor al biólogo vallisoletano que luchó por la conservación de Doñana a través de una recaudación de fondos internacional, logrando convertirlo en un parque nacional en 1969.
El periplo sevillano concluye en la Hacienda Guzmán, en el municipio de La Rinconada, una de las fincas olivareras más importantes durante el periodo colonial (y en la actualidad), con 500 años a cuestas. Es más, uno de sus primeros explotadores fue Hernando Colón, hijo del conquistador, quien enviaba aceite a América.
La historia se palpa todavía en su arquitectura tradicional, con sus patios, su almazara, sus torres con sus molinos de viga, su jardín andalusí, su caballeriza con equinos de Pura Raza Española o su museo de carruajes, con piezas como un charret de dos ruedas o una berlina coupé de gala de la infanta María Luisa. Sin olvidar la olivoteca, con más de 150 variedades de 14 países, de España a Turquía, Italia o Grecia, y en la que aún se lleva a cabo el "ordeño" a mano de cada ejemplar.
GUÍA PRÁCTICA
DÓNDE COMER
El Potro. Restaurante de ambiente tradicional y cocina de campo andaluza en Villanueva del Ariscal. Platos contundentes y caseros: espinacas con garbanzos, arroces, chacinas, carrillada, bacalao con tomate, carnes a la brasa...
DÓNDE DORMIR
Ardea Purpúrea Lodge. Alojamiento rural en Doñana con cabañas elaboradas con castañuela, planta local. Cocina casera, música en vivo y actividades por la zona.
mÁS INFORMACIÓN
En las webs de prodetur.es y turismosevila.org
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