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El ingeniero español fichado por la NASA para preparar la vuelta a la Luna: "La vida en el espacio es menos glamurosa que en las películas, se trabaja muchísimo"

Afincado en Houston, Ernesto Álvarez es uno de los científicos de la NASA dedicados a desarrollar la nave 'Orión' y las tecnologías que harán falta para sobrevivir en nuestro satélite: "Vamos a hacer cosas que no hemos hecho nunca", asegura

El ingeniero español fichado por la NASA para preparar la vuelta a la Luna: "La vida en el espacio es menos glamurosa que en las películas, se trabaja muchísimo"
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Ya de niño soñaba con ser piloto y astronauta, pero fue tras mudarse con su familia a Houston cuando tuvo claro que quería dedicar su vida a la exploración espacial. "A mi padre, que era marino mercante, lo trasladaron allí cuando yo tenía 17 años, y un día fuimos de visita a la NASA. Como era un chaval, la gente hablaba conmigo por el campus, y la verdad es que cuando ves cómo trabajan, impresiona", recuerda Ernesto Álvarez (Santander, 52 años), uno de los contadísimos españoles que forma parte de la plantilla del Centro Johnson de la agencia espacial en Houston. Su misión: conseguir que los humanos puedan sobrevivir en la Luna.

Este ingeniero cántabro es uno de los científicos dedicados a hacer realidad el programa Artemisa que Donald Trump puso en marcha en 2017 para volver a ver a astronautas caminando por la Luna, como paso previo para llegar a Marte. Desde 1972, cuando regresaron los tripulantes del Apolo 17, nadie ha vuelto, pero el plan es que tanto los estadounidenses como los chinos lleguen a la superficie lunar en esta década. Ambos pretenden plantar su bandera en el polo sur, donde se cree que hay agua. ¿Quién lo logrará antes? El asunto ha desatado una nueva y emocionante carrera espacial, sobre todo por los retrasos que está sufriendo la hoja de ruta de la NASA, que contemplaba pisar la Luna en 2024 con la misión Artemisa 3 -programada ahora para agosto de 2027-. El plan del gigante asiático es mandar a sus taikonautas -como se conoce a los astronautas chinos- antes de 2030.

Ernesto Álvarez ha formado parte hasta ahora de dos programas directamente vinculados al regreso a la Luna. Tras varios años enfrascado en la supervisión técnica de los equipos y tecnologías que necesitarán los astronautas para sobrevivir en nuestro satélite, de las que se encarga el programa de actividad extravehicular y movilidad humana por la superficie (Extravehicular Activity and Human Surface Mobility), ahora está en el de la nave espacial Orión.

Aprovechamos para entrevistarle durante su paso por Madrid al inicio de sus vacaciones. "Tengo un mes, que es bastante comparado con otros trabajos en EEUU", cuenta. A su mujer, que es madrileña y trabaja en el sector bancario, la conoció en Santander y tienen dos hijas, que nacieron en EEUU: "Venimos todos los años. Solemos estar unos días en Cantabria y, ahora que mis hijas son mayores, viajamos por otras zonas porque quiero que conozcan España", señala mientras posa junto a un maniquí de astronauta. Hemos quedado en el Planetario, donde todavía puede verse la exposición Artemisa: la magia de la Luna.

Durante aquella visita inspiradora a la NASA que hizo a los 17 años, vio que muchos astronautas se forman como ingenieros o médicos. "La medicina nunca me atrajo, así que opté por matricularme en aeronáutica espacial en la Universidad de Texas en Austin, que tenía un programa bastante bueno y está a tres horas de Houston".

Los centros de la NASA, cuenta, tienen mucho contacto con las universidades de todo el país, sobre todo con las de Texas, para reclutar becarios que hagan prácticas en la agencia y en empresas aeroespaciales antes de que terminen la carrera: "Cuando acabé mi posgrado me llamaron de Lockheed Martin, que es una empresa que tenía muchos contratos con la NASA, y me contrataron para el programa del shuttle (el transbordador). Estuve allí antes y después del accidente del Columbia", señala en relación a la trágica explosión que tuvo lugar el 1 de febrero de 2003, cuando la nave volvía a la Tierra, y que acabó con la vida de los siete astronautas que iban a bordo. "Se paró todo hasta que se hizo la investigación", rememora.

Recreación artística de astronautas tomando muestras de la luna.
Recreación artística de astronautas tomando muestras de la luna.

El problema que provocó esta tragedia se originó durante el lanzamiento de la nave: una pieza de aislamiento de espuma se desprendió del tanque externo e impactó contra el ala izquierda del transbordador, agrietándola. "Como consecuencia del accidente, una de las mejoras que hicimos fue colocar sensores en las alas del transbordador para detectar impactos", explica el ingeniero, que estaba en el grupo que los diseñó.

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Álvarez recuerda perfectamente el día del accidente: "Ahí de verdad te das cuenta de la importancia que tiene el trabajo que hacemos, y eres consciente de lo que puede pasar si te equivocas. Por desgracia, aunque intentas prever siempre las anomalías que pueden ocurrir, a veces no te das cuenta hasta que pasa", reflexiona. "A partir del informe de la investigación se empezaron a implementar una serie de cambios, uno de los principales fue que se creó una división de ingeniería independiente, que es en la que trabajo yo ahora, y por así decirlo, es la que se encarga de analizar cualquier tipo de hardware o equipo que vayas a mandar al espacio -naves, trajes, etc- para evaluar cuáles son los riesgos técnicos. Si detectas alguno, informas de ello, del tipo de riesgo y de cómo se podría minimizar, y ya ellos deciden qué se hace. Eres totalmente independiente", asegura.

Cuando Lockheed Martin obtuvo el contrato de la nave espacial Orión, le movieron a este programa: "Y hace cuatro años me llamó la NASA para preguntarme si quería trabajar con ellos", relata. Desde entonces, forma parte de la plantilla del Centro Johnson de Houston. "Me encanta porque te permite trabajar en muchos proyectos, te suelen dejar elegir y hay bastante flexibilidad".

Álvarez vive a 15 minutos en coche del Centro Johnson de la NASA. "Entro a las 8 y salgo a las 6, aunque depende de lo que tenga que hacer. Ahora estamos preparando la misión Artemisa 2 [en la que cuatro astronautas orbitarán la Luna]. Queremos tenerlo todo listo para finales de año o principios de 2026 porque el objetivo es lanzar la misión en 2026", señala el ingeniero. En su tiempo libre, le gusta viajar, sobre todo en familia: "Tenemos un coche grande y nos vamos a Colorado y a sitios así; y hemos formado un grupo de españoles en Houston con el que solemos quedar bastante para comer. También me gusta mucho leer y soy muy cinéfilo. Con el calor que hace, se hace mucha vida interior".

Pese a que no suele comentar que trabaja en la NASA, admite que a la gente le llama mucho la atención cuando se entera y asegura que se siente orgulloso de formar parte del proyecto para volver a enviar humanos a la Luna: "Es muy emocionante, tanto los niños como los adultos quieren saber más y es bonito ver que lo que haces interesa a la gente. Te ayuda a volver con ilusión al trabajo, en vez de concentrarte tanto en el trabajo técnico con tus colegas", cuenta el ingeniero. Pese a que ya se hizo hace medio siglo, cree que "hay ilusión" por volver a ver astronautas en la Luna: "Vamos a hacer cosas que no hemos hecho nunca, y eso es algo que une a la gente y a los países, porque muchas personas colaboramos en un mismo objetivo que no es económico. Si quieres explorar el Sistema Solar tienes que empezar por el principio, y estamos poniendo los cimientos del futuro de la exploración espacial".

También hay gente que sigue cuestionando que los astronautas de la NASA hayan ido a la Luna: "Yo les digo que hay muchas formas de demostrarlo. Hay muestras de rocas que trajeron, siguen allí las banderas que colocaron y se pueden analizar las fotos y los vídeos. Además, el programa Apolo involucró a miles de personas durante muchos años, y si hubiera sido un montaje alguien habría sacado alguna prueba, pues no habría sido posible controlar a tanta gente para que algo así no saliera a la luz", argumenta Álvarez, que considera que hay personas que están deseando sembrar la desinformación. "Durante la misión no tripulada Artemisa 1, a los cinco minutos de publicar la primera foto que tomó la nave Orión en el espacio ya había gente diciendo que todo era falso y se había hecho photoshop".

La misión Artemisa 1 despegó el 16 de noviembre de 2022 y supuso el pistoletazo de salida del nuevo programa lunar de EEUU. La nave Orión en la que ahora él trabaja fue lanzada a bordo del imponente cohete SLS y orbitó la Luna durante 11 días sin tripulantes. Sus hijas y su mujer estuvieron con él en Cabo Cañaveral para disfrutar del despegue: "Nos emocionamos mucho todos", recuerda Álvarez.

El siguiente paso será Artemisa 2, una misión de 10 días en la que los astronautas Reid Wiseman, Christina Koch, Victor Glover y Jeremy Hansen darán una vuelta a la Luna en 2026. Si todo va bien, en 2027 volveremos a ver a humanos caminando por la Luna, con la misión Artemisa 3. Pero aún queda mucho trabajo por hacer, y son muchas voces dentro del sector que consideran que sigue siendo una fecha muy optimista.

A los retrasos en el desarrollo de algunos componentes se suma la incertidumbre en la que la presidencia de Donald Trump ha sumido a la NASA. Nueve meses después de que iniciara su legislatura sigue con un director en funciones -Trump retiró en junio por sorpresa la nominación que él mismo había hecho del millonario Jared Isaacman, amigo de Elon Musk, tras su ruptura con éste-. Además, su Gobierno ha propuesto un recorte de casi la mitad del presupuesto para la NASA, que afectaría sobre todo a misiones científicas, y que ha provocado una oleada de protestas y críticas entre los trabajadores de la agencia y en toda la comunidad aeroespacial. "Nosotros seguimos trabajando con normalidad, sobre todo en mi caso porque tenemos el mandato de sacar adelante la misión Artemisa 2 para el año que viene. Y en las actividades extravehiculares, se sigue trabajando con los trajes o los rovers (vehículos robóticos) presurizados", señala. "Lo bueno de la NASA es que tienes muchas oportunidades de trabajar, si se cancela un programa te puedes ir a otro pero los recortes no gustan a nadie".

La presión que Elon Musk ejerció sobre el presidente de EEUU para priorizar una misión a Marte hizo temer también por el futuro del programa Artemisa más allá de la misión número 3, en la que los astronautas volverán a pisar la Luna, pero la Ley Fiscal -la Big Beautiful Bill aprobada hace un mes por el Congreso- contempla financiación para el lanzamiento de las misiones Artemisa 4 y 5 con el cohete estadounidense SLS, que Musk quería reemplazar por su Starship. "La ley fiscal ofrece apoyo financiero para misiones más allá de Artemisa 3. Tendremos que esperar a ver como el Congreso asigna el dinero para tener un plan definitivo, pero ahora el camino a la luna se ve con más claridad".

Tampoco va al ritmo deseado el desarrollo de una versión de vehículo Starship que la NASA ha encargado a SpaceX, y que se acoplará en el espacio a la nave tripulada Orión para después, descender a la superficie lunar con dos de los astronautas de la misión. Los últimos test realizados en Texas han acabado en explosión: "SpaceX hace muchas pruebas, los fallos ocurren y es mejor que ocurran durante los test. Hay que tener en cuenta que parte de la tecnología de estos programas es complicada, sobre todo si quieres hacerlo de la manera más segura posible. El lanzamiento de Artemisa 1, por ejemplo, se retrasó mucho porque hubo escapes de combustible".

Otro de los principales capítulos en el regreso lunar es el de los trajes que llevarán los moonwalkers: "Son bastante más cómodos que los del programa Apolo, y están hechos tanto para hombres como para mujeres, antes había un diseño único y ciertas cosas no se tenían en cuenta. Son más resistentes, prácticos y ligeros porque van a tener que realizar trabajos que requieren un mayor esfuerzo físico, recoger muestras y usar herramientas durante más tiempo. Son más ergonómicos porque es bastante complicado moverse por la Luna y levantarte cuando te caes".

El objetivo es que los astronautas de Artemisa pasen cada vez más tiempo en nuestro satélite y se llegue a establecer una colonia: "Para mantener una base semipermanente habrá que mandarlo todo e idear sistemas para sobrevivir a las gélidas noche lunares y a los cambios de temperatura. Para desplazarse por su superficie siempre hará falta llevar un traje espacial o desplazarse en un vehículo presurizado como el que está desarrollando la agencia japonesa, JAXA".

También será imprescindible idear formas de suministrar energía a los astronautas y, en ese sentido, hace unos días, el director en funciones de la NASA, Sean Duffy, anunció que van a acelerar el desarrollo de un reactor nuclear para la Luna para que esté listo en 2030. El agua es el otro elemento clave: "En gran parte vamos al polo sur porque hay posibilidades de que haya hielo. Y si lo hay puedes obtener hidrógeno para combustible, oxígeno para respirar y obviamente agua para beber y para cultivar jardines hidropónicos para cultivar. Se pretende tener invernaderos y, por eso, en la Estación Espacial Internacional (ISS) se está haciendo tanta investigación con vegetales y también sobre los efectos fisiológicos", señala. "La vida en el espacio es menos glamurosa que en las películas, se trabaja muchísimo y los astronautas casi no tienen tiempo de disfrutar, aunque el hecho de estar en el espacio, lógicamente, ya de por sí es glamuroso y cuando pueden descansar y apreciar dónde están es increíble".

Ernesto Álvarez en el Planetario de Madrid.
Ernesto Álvarez en el Planetario de Madrid.

Hablando de películas, The Martian, basada en el libro homónimo, le pareció "bastante fidedigna". También le gustó la serie Para toda la humanidad y el filme Ad astra, con Brad Pitt.

El debate sobre si es preferible volver a la Luna o centrar los esfuerzos en viajar a Marte sigue abierto. Álvarez considera que "se podría ir directamente al planeta rojo", pero él es partidario de volver a nuestro satélite: "De esta forma vas dando pasos más pequeños que te permiten conocer tus limitaciones. Y a nivel personal, lo prefiero porque me gustaría ser partícipe de todo esto. Ir a Marte es un reto increíble, ya veremos cómo hay que hacerlo, pero será más a largo plazo", afirma.

Uno de los principales desafíos es la propulsión de los cohetes y de las naves. "Tanto el motor como el combustible son pesados. La trayectoria a la Luna son unos tres o cuatro días, aceleras una vez y ya te dejas llevar. Si pudieras estar acelerando continuamente, los trayectos se acortarían mucho. Una posible solución sería reemplazar los motores químicos por motores nucleares, que permitirían estar continuamente acelerando", señala. Otra ventaja del motor nuclear sería la capacidad de generar 'gravedad artificial' al proveer aceleración constante". Con esta gravedad artificial en la nave, se paliaría el deterioro de la salud de los astronautas durante un viaje tan largo.

El ingeniero español ha abandonado su plan de convertirse en astronauta profesional, aunque admite que la idea de llegar a viajar a la órbita terrestre le sigue haciendo mucha ilusión: "Mandé una vez la solicitud para entrar en el programa de la NASA, lo normal es que la tengas que mandar tres veces antes de que tengas una opción de ser seleccionado, pero no la volví a enviar. Me encanta lo que estoy haciendo. Me levanto por las mañanas y para mí ir a trabajar no es ningún sacrificio. Yo le digo a mis niñas que cuando trabajas en algo te gusta no es trabajo", asegura Álvarez.

Hacer realidad su sueño de viajar al espacio, aunque sea como turista espacial, lo ve "muy complicado". Poco a poco estas experiencias empiezan a hacerse realidad con vuelos suborbitales (que alcanzan unos 100 kilómetros de altitud) y misiones a la órbita terrestre, hasta ahora reservadas a millonarios. "Viajar al espacio no será algo cotidiano pero sí más común, y una vez que las empresas privadas vean que hay demanda, se desarrollará el turismo espacial", señala. Sin embargo, no cree que la Luna vaya a convertirse en un lugar de vacaciones, ni siquiera para los más ricos: "Hay que tener en cuenta las implicaciones no solo desde el punto de vista técnico, pues haría falta mucha preparación, sino desde el punto de vista de la seguridad y también psicológico, pues es un sitio lejano y aislado".

Un astronauta, explica, "tiene muchos años de entrenamiento. Para una persona sin una formación equivalente, cualquier pequeño problema se convertirá en un problema enorme. Hay que hacer las cosas de forma segura porque no nos gustaría que un negocio de turismo espacial repercutiera en el resto de programas".

Y es que una futura colonia en la Luna estaría sometida permanentemente a diversos peligros: "Estás totalmente expuesto a los asteroides y a los micrometeoritos porque no hay atmósfera y por eso, la superficie está llena de cráteres. Y otra cosa de la que nos dimos cuenta durante los diseños de los rovers es que hay cráteres que están ocultos y no se detectan a no ser que tengas infrarrojos. Los astronautas tendrán que tener cuidado con los trajes porque si te caes, hay peligro de que impactes con una roca y se haga algún agujero en el traje. Y otro problema es el polvo lunar, que se mete por todos sitios y puede obstruir los engranajes", enumera. Por todo ello, incluso cuando se logre llegar, subraya, "habrá que estar siempre alerta y extremar la seguridad. A medida que estemos allí, iremos aprendiendo".