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Luz Casal (Boimorto, 1958) habla distinto al resto. Deprisa, pero con frecuentes pausas para ser precisa. Pausas que olvida rápidamente para hilar un tema con otro como dicta su cerebro, que no necesariamente el orden de la conversación ni una mente más cuadriculada. Todo ello con una voz dulce, amable, casi infantil, a la que quita la potencia y la grandeza que exhibe al cantar. Pero ahí sigue. La grandeza, digo. La recientemente nombrada marquesa de la Luz y de la Paz acaba de publicar su 18º disco de estudio y lo ha titulado Me voy a permitir.
- ¿Qué no se ha podido permitir Luz Casal a estas alturas?
- Musicalmente me lo he permitido todo hasta el día de hoy. No he grabado en mi vida una canción que no quisiera hacer. Eso es un éxito en esta industria musical, pero en cuanto a lo personal sí que me he puesto yo misma muchos límites y ahora he tomado la decisión de que no tengo que exigirme tanto. Si sale una foto horrible o digo una tontería, pues sale una foto horrible de 20 que pueden estar más o menos bien y digo una chorrada dentro de un montón de cosas que, espero, tengan sentido. Como mujer, llega un momento en que estás harta de estar siempre bien arreglada, ser educada con todos aunque te parezca que no lo merecen... Nos exigimos constantemente en relación a los demás y, en mi caso, muchas veces lo hago yo sola, sin necesidad de que el prójimo me diga nada.
Para saber más
- ¿Qué te exiges?
- Siento que tengo que estar todo el rato brillante y estupenda. Y por eso he decidido, y lo digo en una de las canciones, que me voy a permitir ser mediocre, chabacana, vulgar, prepotente... Todo ese tipo de cosas que controlas o disimulas, pero a veces lo eres y te cagas en el copín y en toda su puta sangre. Estallas y vas a todo lo que das. Y también me voy a permitir abrir la boca y decirle al idiota lo que pienso de él. Personalmente, me ha obsesionado perseguir y encontrar la armonía en mi vida, en lo que me atañe personalmente y en lo que me rodea. Y ahí he cedido mucho por evitar el conflicto. No he dicho lo que pensaba en mi intento de llevarme bien con todo el mundo.
- ¿De ahí que, cuando en junio te hicieron marquesa, eligieras lo de Luz y Paz?
- Sí, siempre he sido una tía de paz en un mundo que está en eterno conflicto, porque los humanos tienden a estar enfadados con lo que les rodea.
- ¿Ha ido eso a más en España? ¿Estamos más enfadados que nunca?
- Habrá quien sí, habrá quien no. Yo soy más feliz ahora que hace diez años porque me conozco más y ya no me rechazo. Probablemente por eso puedo llegar a decir esas cosas que antes callaba. Eso te da una sensación de ligereza fantástica. Joder, a mí no me gusta tomar un chupito de licor después de comer. ¡No me gusta! Ya puedo rechazarlo cuando me lo ofrecen. Lo agradezco, pero eso no lo bebo. Ya lo bebí demasiado en su momento y se acabó [risas]. He aceptado mis limitaciones y mis defectos, me siento más ligera e ir más ligera es tener menos conflictos y menos ansiedad. Se lo recomiendo a todo el mundo porque nos vendría bien relajar el ambiente.
- Eso te iba a decir, que eres rara avis en esta sociedad tan tensa.
- Tengo una amiga que dice que soy un verso suelto. No sé si soy verso y no sé si soy suelta, pero al empezar tan pequeña en la música, he visto grandes éxitos, he visto fracasos, he visto pérdidas de cabeza graves en compañeros…. Lo he visto casi todo y, como soy una persona observadora, he aplicado lo que he visto para no hacer yo aquello que no me gusta porque sé lo que provoca y a lo que conduce. No me gusta la confrontación, no me gustan los gritos, no me gusta la mala educación, no me gusta el mal rollo… Ni me gustan ni creo que aporten absolutamente nada aunque parece que están de moda.
- ¿Nunca has perdido la cabeza en todos estos años?
- Nunca, nunca, nunca. Porque he tenido la suficiente sencillez o la suficiente inteligencia para saber que hay gente que canta mejor que yo, que escribe mejor que yo, que compone mejor que yo, que produce mejor que yo, que es más guapa que yo… Que es mejor que yo en muchas cosas, en definitiva. Esas comparativas está bien tenerlas para no creerte especial cuando tienes éxito. Desde mi punto de vista, el éxito no es vender 500 millones de álbumes, que algún millón he vendido y ojalá fueran 500, sino poder hacer lo que quieras. Ése es el mayor de los éxitos. Luego está el éxito premiado, que es que te concedan un honor o un galardón inesperado, que seas comendadora de las Artes en Francia y marquesa en España. Qué bien, muchas gracias sinceras, pero eso es como los aplausos concentrados. Algo que agradeces pero no es el éxito en sí sino su consecuencia.
- En un país donde todo se discute, cuando el Rey os concedió sus primeros títulos nobiliarios, hubo quien criticó el de Rafa Nadal, pero a ti no te tosió nadie.
- Porque soy mucho más macarra y saben a qué atenerse [risas].
- A ver si Luz Casal va a ser la España del consenso.
- No sé si eso existe. Ojalá. Uno de los grandes objetivos de mi vida desde muy pequeña, por mi situación familiar en mi infancia y mi preadolescencia, fue y sigue siendo, de manera quizás un poco cursi, encontrar la armonía. Aborrezco el conflicto de la forma que sea. Cuando hay un problema hay múltiples maneras de resolverlo y, si no se puede resolver, entonces no es un problema. Entonces, a veces te rebajas y concedes la palabra a quien verdaderamente no la merece con el objetivo de no tener pelea. Eso se puede simplificar diciendo que el título que a mí de verdad me gustaría alcanzar no es ni el de marquesa ni el de comendadora ni el de artista de éxito, es el de ser buena persona.
- ¿No crees serlo ya?
- Estoy trabajando en ello, pero tengo mis cositas. Tengo una alta consideración del prójimo, de su libertad y del respeto, pero no todo el rato deseo el bien a todo el mundo [risas].
- ¿Cómo te llevas con el paso del tiempo?
- No miro mucho atrás, en parte porque tengo una pésima memoria, lo que me escuda frente a la nostalgia. Como todos, hago selección, me quedo con lo bueno e intento borrar lo malo, pero tengo un defecto gordísimo que enlaza con lo de ser buena persona. Ahí sí que no pierdo la memoria ni soy la Luz pacífica: soy tremendamente rencorosa.
- ¿En serio?
- Sí, sí, mucho. Si me hieres y sé que tienes razón, pues haber estudiado, que diría mi madre. Pero cuando alguien me hace daño de manera injusta, se la tengo que devolver. Y se la devuelvo. Aunque me lleve años. ¿Te parece razonable?
- Habría que ver las ofensas y las venganzas.
- Respuestas a la medida del agravio, nada exagerado. Pero, sí, tengo esa cosa ahí dentro y hasta que no me vengo, no me quito el peso. Para eso sí tengo memoria, pero, volviendo a tu pregunta, no tengo problema con cumplir años. Ni escondo la edad que tengo ni me escondo de mi pasado musical, personal y sentimental , pero es que me gusta mucho vivir y eso se hace hoy, no ayer ni mañana.
- ¿Los cánceres que superaste en 2007 y 2010 te empujaron al carpe diem?
- El cáncer me sirvió para dos cosas. Una, la más pragmática, para tener claro y presente siempre que el tiempo es finito. De ahí viene esto de que me voy a permitir sacar todo lo que me guardaba. Y dos, la importancia que tiene la ayuda que te dan los demás en todos los aspectos. Aprender a confiar en que lo que te dice y te hace un determinado profesional te va a salvar y confiar y mostrarte tal cual eres con la persona te va a ayudar de todas las maneras cuando sientas dolor o miedo. Aceptar la fragilidad de sentirte dependiente cuando nunca lo has sido, abrazar la evidencia de lo importante que son la amistad y el cariño que te ofrece la gente y tener presente que la muerte está ahí.
- Estar, está.
- Sí, pero es una idea que rehuimos muchas veces. No hay que obsesionarse, pero hay que saber que esto se puede acabar de un día para otro. Ojalá sea lo más tarde posible y te dé tiempo a cumplir con muchos de los deseos que tienes, pero hay que valorar aún más cada día y darle importancia a que una persona entregue su tiempo, su atención y su vida para ayudarte en un momento malo. Tener la certeza de que existen personas a las que puedes llamar siempre y te van a aliviar la congoja en tu momento más bajo.
- Volvamos a España. Ahora que celebramos estos 50 años del fin de la dictadura, ¿se idealizan la Transición y los años 80 o éramos todos tan majos y tan felices?
- Hay cosas que leo y veo la interpretación que hacen de ellas algunas personas de esa España de los 80, y yo estaba allí y no era así. Éramos un país saliendo de un retraso enorme a muchos niveles y se hizo lo mejor que se pudo, pero no todo era tan bonito ni se hizo tan bien. A nivel personal, lo que no puedo poner en duda es que para mí fue un momento de explosión total. Me alejé de Asturias, de la casa de mis padres, empecé a vivir sola y a volverme loca con la cantidad de cosas que me ofrecía la vida. Pero, en lo social, esa idealización de los que vivieron los 80 y los 90 casi siempre viene del mismo perfil. Si eras mujer o gay, por ejemplo, no era tan bonito.
- La mejoría en cuanto a igualdad y derechos civiles es indiscutible.
- Claro, el presente es mucho mejor con todos sus problemas. Para la mujer en la música no era, ni de lejos, parecido a lo que es ahora que está el campo abierto y las posibilidades casi al mismo nivel para un hombre, para un trans, para una mujer, para quien sea. Eso no existía entonces. Yo siempre recuerdo que un crítico musical muy conocido de un medio muy importante dedicó tres cuartas partes, literalmente, de la crónica de un concierto a hablar de lo que vestía y cómo me quedaba. Yo no quería distinguirme como mujer, como hombre o como galletita, quería ponerme delante de un micrófono y cantar. De hecho, no me he puesto una falda en un escenario hasta hace muy poco, ya supondrás por qué.
- Para que hablaran de tu música y no de tu culo, imagino.
- Sí, aunque en realidad en esos tiempos se hablaba más de nuestras tetas. Lo de los culos es una moda de ahora.
- Fuiste una pionera porque en el pop de los 80 sí había bastantes mujeres, pero en el rock no.
- Los de la Movida nunca me consideraron parte de ellos porque hacía rock. Tampoco me importaba, siempre me ha dado igual pertenecer a un supuesto grupo o a otro, lo que me interesan son los individuos, el tipo de música que hacen y si me gusta o no. Paso de clichés y paso de estandarizar para cuadrar modas. Al final, he hecho toda mi carrera sin que la gente supiera bien en qué cajita meterme. He huido de las clasificaciones y soy como el ornitorrinco, tengo partes de muchos animales, pero nadie sabe muy bien qué soy [risas].
- ¿Y qué eres?
- Luz, con todas mis facetas y mis historias. Lo que pasa es que para los que soy rockera, no puedo ser una cantante de baladas; para los que soy una artista respetable no puedo ser macarra... No sé, quiero ser muchas cosas a la vez porque todas son parte de mí, quiero cantar, escribir, reflexionar… No estoy arreglando el mundo, pero me apetece dar mi visión.
- ¿Qué es lo primero que cambiarías?
- Si tuviera la varita mágica de la transformación mundial, prohibiría la mentira. Fíjate qué horror.
- Eso es una locura, Luz. El Apocalipsis en un mes.
- Que no, joder. La mentira es una cosa que todo el mundo acepta y que a mí me produce sarpullidos cuando noto que me están mintiendo. ¿Por qué? Con lo fácil que es decir la verdad o no decir nada. Hay mucha mentira, demasiada. Cuando era pequeña, mi madre me defendía la mentira piadosa y yo nunca lo compré: " No, eso no es una mentira piadosa, es una mentira y ya está". Yo no soy mentirosa. Intento ser lo más pura y lo más cristalina.
- Alguna mentira soltarás.
- Muy pocas y cada vez menos.
- Y España, ¿cómo la arreglarías, si es que necesita arreglo?
- Yo creo que no estamos mal, pero seguimos gestionando conflictos que son pesados y antiguos, que se han enquistado y nos enfrentan, y perdemos mucho tiempo en esas discusiones ideológicas que no son problemas reales. A mí, lo que me mata es ir por una ciudad como Madrid y ver a la gente durmiendo en la calle. Me destroza, me corta el rollo absolutamente. Si estoy yendo a cenar, me quita el hambre. Eso es duro. He dejado de ir a Los Ángeles por el impacto tan brutal de ver tantísima gente viviendo en la calle y ahora lo empiezo a ver aquí. Antes a los pobres no se les veía tanto, lo que me hace pensar que en eso estamos yendo a peor y ahí es dónde hay que actuar, no seguir con las discusiones de siempre.
- ¿Se discutía tanto hace 40 años?
- No, eso es un retroceso grave. La solidaridad pasa por entender al otro aunque tenga ideas completamente opuestas a las tuyas y no lo estamos haciendo muy bien. Yo no creo eso de que se está rompiendo España, pero sí estamos perdiendo el respeto por la opinión ajena. No vivo en un mundo feliz ni soy una ingenua, pero creo de verdad en el entendimiento y en que ese respeto es posible, porque lo he visto y se ha dado. Ahora bien, no tengo la receta de cómo recuperarlo. Si tuviera la solución, a lo mejor mi vida hubiera ido por otro lugar. Dentro de mis posibilidades y a través de mis canciones, intento lanzar ese mensaje. De manera resumida, creo en la fuerza del pensamiento y en que la esperanza es imprescindible en la vida.
- O sea que crees que tenemos arreglo.
- Sí, claro. Creo que se puede mejorar siempre.
- ¿Tú en qué puedes mejorar?
- En cantar mejor, componer mejor, expresarme mejor y ser menos dispersa de lo que soy, como tú estás sufriendo ahora [risas]. Hay veces que mi dispersión me desespera a mí misma. Me escucho y digo: "Pero, tía, si te han pedido la hora, no cuentes la historia del reloj, di que son las siete y ya está". Tú, luego, estas divagaciones bájalas a tierra, eh [risas].
- Yo no corrijo a una marquesa.
- Me siento agradecida por ese título, pero no pienso que lo soy si no me lo recuerda alguien. Es bonito, ¿no? Una de las cosas que hace que muchos artistas sigamos ilusionados y queriendo hacer giras es que necesitamos que nos quieran mucho y todo el rato.
- ¿Y os queremos o cuando lleváis ya tantos años se os da por amortizados?
- Hay que ser consciente de que hay una gran fluctuación que tiene que ver con lo social y lo generacional. Que a tu hija no le va a gustar lo que le gusta a su padre y que la gente más joven quiere tener sus representantes, los que les hablan directamente a ellos. Yo no puedo pretender que ellos me quieran como a Rosalía ni que se me haga el mismo caso en 2025. Ese tipo de situaciones hay que asumirlas y saberlas manejar para no desesperarte ni sentir que estás compitiendo con alguien que tiene la mitad de edad que tú y una cuarta parte de tu experiencia. No puedes sentirte humillada porque no te den tanto cariño como el que quieres o crees que mereces. Para mí, la música es vocacional y va a la par que mi vida privada, están absolutamente mezcladas y la industria ya no me afecta emocionalmente. Creo que me quiere quien me tiene que querer y esas no son las hijas de mis amigas. Es normal. No pasa nada.
- ¿Tú qué escuchas?
- De todo. Ayer me puse el ‘Blue’ de Joni Mitchell ¿y sabes qué? No es lo que necesitaba y me dieron ganas de escuchar reguetón. Y lo hice.





