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El historial clínico del pseudopresidente

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, en el Congreso de los Diputados.
Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, en el Congreso de los Diputados.EFE
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El historial político de Sánchez es el de un mentiroso patológico. Su historial clínico, hasta ahora, es el de un escamoteo, una obsesiva ocultación. Ayer publicó un tuit, que, en su mayor parte, dedica a insultar a los que llama «pseudomedios». De creerle, estos sólo buscan derribar a su Gobierno mediante el bulo, la insidia y la desinformación. Pasará el día mirándose al espejo. Si el bulo tuviera forma humana, sería la suya; y si la trayectoria política del embuste tuviera apellidos, serían Sánchez Pérez-Castejón.

Mentiroso patológico, he dicho. Veamos: se titula doctor, pero su tesis no es suya ni se tomó la molestia de leerla cuando, suegro mediante, se la escribieron. Llegó a la Moncloa con una moción de censura contra la corrupción que presentó Ábalos, el superministro y secretario de Organización del PSOE, hoy en la cárcel por corrupción, como su sucesor Santos Cerdán, y Koldo García, mano derecha de Ábalos y custodio de sus avales para ganar el Congreso del partido que, por si acaso, robó. La banda del Peugeot -Sánchez, Ábalos, Koldo y Cerdán- han instalado en el poder la corrupción y la mentira como polos de acción política. Tiene imputados a su esposa, a su hermano, a su partido y a su Gobierno. Ante esos hechos, ningún gobernante de ninguna democracia habría dejado de dimitir. Él ni lo hace ni convoca elecciones porque niega todas las evidencias. Y miente. Mintió, sobre todo, en la pandemia, inventando expertos que no existían y cerrando ilegalmente el Congreso mientras los suyos robaban a cuenta del material sanitario que se escondía a la población. Antes de los 47 muertos de los trenes y los 230 de la dana, están los 130.000 muertos del covid. Salimos más fuertes, dijo. Los suyos, desde luego, más ricos.

El lunes, Libertad Digital publicó que lleva meses tratándose de una afección cardiovascular. Y dio detalles: hospital, médico, días de la semana de visita, forma de esconderla y análisis -no datos, que sería ilegal- que le han hecho. Se llamó a Moncloa antes de publicar nada y la respuesta fue de grosera indiferencia. Ahora habla de lo que el domingo no quiso comentar, y nos desmiente. Miente, para variar. Pide una rectificación. Deberá aportar su historial clínico y veremos quién engaña a quién. Tener una enfermedad cardiovascular «no es un delito», dice. Mentir para ocultarla, sí. En las democracias, la salud del jefe del Estado y del presidente del Gobierno son de dominio público. En las pseudodemocracias y los pseudopresidentes, no.