COLUMNISTAS
Carne de Cañón

VM y otros términos para los que no saben ganar la guerra ni perder el debate

La cancelación del Congreso sobre la Guerra Civil en Sevilla descubre la fragilidad del debate público. No hace falta ser hombre ni viejo para ser una p... vieja.

VM y otros términos para los que no saben ganar la guerra ni perder el debate
Actualizado
Audio generado con IA

[Advertencia: gran parte de la terminología empleada en este artículo nunca saldría de mi boca ni del teclado, pero el servicio público que debe rendir el periodista me obliga a dejar a un lado el habitual pudor verbal que me adorna].

La mejor respuesta sobre la cancelación del congreso Sevilla, 1936: ¿La guerra que todos perdimos? me la ha dado Inma Cobo, una de las integrantes de LOC y, además, una de las mejores plumas de este periódico: «Con Cristina Morales esto no hubiera pasado». Y tiene razón. Quizás la escritora, brillante de verdad, les hubiera mandado a pastar antes de aceptar participar; o puede que hubiera ido para hacer una intervención, como casi todo lo suyo, memorable. Como para la oficialidad soy una de las blanqueadoras de la dictadura (aunque negra de un Franco), no seré de las que vaya a defender al narcithirsty David Uclés. Tengo la impresión de que él sabe bien en qué ola le conviene surfear y contra qué corriente le interesa remar. Lo está haciendo bien: ha vendido más de 300.000 libros.

La polémica ha dejado reducido el interesante congreso a espantajos contra mamarrachos, marramachos -obviando a los historiadores y escritores de prestigio que sí iban a asistir-: unos levantaban el índice y otros, la pol(l)arización, mientras los moderados, moderaban. Lo sorprendente es la excusa para cancelarlo: las amenazas de la ultraizquierda sevillana violenta; un oxímoron.

Hace un tiempo me mandaron la captura de una chavala en la que decía que ya no volvería a utilizar «cuñado» o «cuñao» para referirse a los discrepantes, normalmente de derechas. La definición de la FundéuRAE dice que el término no está adscrito a ideología alguna, sino que la característica principal es el desconocimiento del tema sobre el que se pontifica. Por supuesto, tampoco tiene que ver con el parentesco. Un cuñado podría ser el conductor de otro coche con el que se tiene un roce y que, al bajarse, se pone fascista o comunistoide.

En la evolución ya demodé -desde que hace dos semanas muchos titularon sus opiniones sobre Julio Iglesias con ¿Truhán o señoro?- está este término manoseado hasta por los 'salazares' y 'monederos' del PSOE y Podemos. Un señoro sí se refiere siempre a un varón; aunque, si es con b, es siempre socialista. Tampoco tiene que ser mayor ni presumir de miembro viril la persona a la que se denomina «polla vieja». Polla vieja se refiere al poder, a la autoridad declinante. A otra de las que se borro, Carmen Calvo, presidenta del Consejo de Estado y hermana del mayor experto en el bombardeo de Cabra por la República, se le podría aplicar lo de polla vieja. Aunque le iría mejor pollina.

Una amiga veinteañera me enseñó hace unos meses la expresión que se ha convertido en mi favorita para referirnos a ese tipo de persona que no admite al otro. Prefiero llamarlo VM, por el pudor verbal que me provoca cualquier verbo fisiológico y sus conjugaciones, aunque las siglas se refieren a «viejos meados». Como en todos los casos anteriores, no hay nada literal en la denominación: no se refiere a ancianos ni a incontinencias fisiológicas. Se puede ser un VM con 20 años, con 50 o con 70, y hacerlo en una esquina como un perro. Es el rancio que no cambia de opinión ante la evidencia, que se cree la p... joven y que desprecia al que no traga con él. Aunque en este apartado encontramos al viejo meacolonialista, que hace de la condescendencia un disfraz para su propia carcundia. Esos tipos que rodean a Macron en su gabinete; macholand, que es como llaman Nicolas Domenach y Maurice Szafran, autores de la última biografía presidencial, al Elíseo. Los VM tienen su versión femenina: las tena ladies, harén de chiquitas que defienden las marramacherías.

Del organizador, Arturo Pérez-Reverte, dijo citádole la reina Letizia que no tiene «ideología», sino «biblioteca».

Uno de los participantes cuya presencia justificó Uclés para bajarse del acto es Aznar. ¿Quién no quiere debatir con el expresidente del Gobierno? Pues Rufián, que no debe de atreverse.

El único riesgo de debatir es perder contra uno mismo. Y esa cobardía sí que es de VM.