Hacía tiempo que en los medios no escuchábamos bivalvo para referirnos al sexo femenino. Creo que la última vez fue cuando se relató el asalto de la hoy arrepentida (era muy joven) Rita Maestre a la capilla: «El Papa no nos deja comernos las almejas». O el chiste sobre las causas de la muerte -una figura retórica cualquiera- de Dinio cuando se hizo novio de Marujita: «Fue de comerse una almeja vieja».
El alcalde de Belalcázar vuelve a rescatar el bivalvo para incomodar a una compañera: «Echas de menos una buena comida de almeja», escribe. Había que precisar que, más que una igual, una camarada, la receptora del mensaje era una subordinada, lo que sí entra de lleno en la categoría de lo inapropiado. La pregunta es cómo esta gente del PSOE -Salaz(ar) y compañía- no temían tener este tipo de comportamientos después de toda la tabarra que lleva dando su partido con este tema. Será que esos cursos de feminismo -las charletas machaconas de cierta izquierda- y el lenguaje inclusivo no funcionan para cambiar las cosas. Mejor aún: se han convertido en una formalidad bajo la que se ocultan los comportamientos babosos de siempre. ¿Lo llamarían machismo? Llámenlo sensación de impunidad, mala educación, subnormalidad (siendo los comportamientos cívicos la normalidad).
Las 50 muertes anuales en las que se ha estancado lo que se llaman asesinatos machistas demuestran la inutilidad de estos enfoques para acabar con esta lacra. Y lo llamamos lacra porque, si bien las denuncias falsas, como escribe Soto Ivars, existen, la Ley de Violencia de Género ha servido para evidenciar que el matrimonio de muchas mujeres es un infierno, y que las bestias que lo hacen posible no rectifican con cursos ni con todas esas cosas que reparten dinerito. De hecho, es más posible que, como ocurre en los casos de abuso sexual, muchas mujeres se queden sin denunciar. La sensación que dejan los casos de Salazar y otros es que el feminismo, como tantas cosas, solo ha sido una excusa de los socialistas para escenificar un apoyo que solo se traduce en financiación de afines. Y lo mismo se puede decir de Podemos, Sumar..., que también han tenido en sus filas a babosos. Y los protegían.
Es fácil entender los motivos del declive de las izquierdas, a costa del auge de cierta burrancanería y oportunismo. Todo era palabrería que descuidaba lo que ahora se llaman «las cosas del comer». Y no son las almejas.

