Negligentes
Sr. Director:
Como militar -aun retirados, siempre lo somos- he sentido vergüenza al ver la reacción ante la catástrofe de Valencia del Ministerio de Defensa encabezado por la ministra Robles. Y es que su negligencia raya lo delictivo. El Gobierno no quiso asumir como propia la enorme tragedia, a pesar de tantos muertos y tanta devastación. No, Defensa no debió esperar a que la Comunidad Autónoma lo pidiera, el estado de alarma estaba sobradamente justificado, bien lo saben, porque así lo decretaron por la pandemia, cuando aplicaron la misma ley orgánica que contempla los supuestos que se han dado precisamente en este caso. Entonces ¿por qué no lo hicieron? Ante tal catástrofe, 500 militares de la UME eran insuficientes, y bien lo sabían mientras todo el Ejército clamaba por intervenir, como se había hecho en tantas ocasiones, con la UME o sin ella. Pero la población esperó en vano ese apoyo urgente. Señora ministra, cuando se supere este desastre ni usted ni su presidente deberían seguir en el puesto, en bien del servicio a España. Manuel Sierra. Coronel de Infantería (r). (Pamplona)
Políticos al servicio de sí mismos
Sr. Director:
Hablando con un trabajador de Protección Civil en un punto de recogida de suministros en Madrid, me dijo que España siempre responde en los peores momentos de manera abrumadora. Es entonces, cuando la tragedia se cierne sobre algunos de nosotros, cuando verdaderamente sale a relucir cómo somos en realidad. Sin embargo, llevamos tiempo permitiendo que nuestro Estado, a todos los niveles, haya dejado de ser administrado por gente verdaderamente competente y con voluntad de servicio y en su lugar se inunde de oportunistas lo suficientemente inteligentes como para drenar a la Administración en favor de su avaricia y falta de empatía. Es necesario recuperar el prestigio del servicio político y permitir que la gente capaz que realmente debería estar administrando nuestro Estado tenga la voluntad y el valor de hacerlo. Tenemos que desterrar todo el sectarismo que inunda la política en favor de una verdadera voluntad de progreso, que en el sentido más objetivo posible siempre será más viable si colaboramos entre nosotros. Estos días estamos viendo cómo actúa la verdadera España en los peores momentos. Y, al mismo tiempo, contemplamos la respuesta de una Administración, que, si pudiera, no se haría res ponsable. Telmo Pérez de Villaamil.
Una desgracia sin culpables
Sr. Director:
El empeño por culpar a alguien de cualquier desgracia nos impide comprender que a veces hay desgracias sin culpable. Ninguna persona o institución avisó del enorme riesgo para la vida que suponía circular por carreteras, vivir en bajos o transitar por la calle ese día porque dicho riesgo no era previsible. Las anteriores gotas frías trajeron muchas desgracias materiales, pero no víctimas. Por eso me parece injusto que se acuse a nadie de ser responsable de estas muertes cuando casi todos seguían actuando, en medio del diluvio, con la tranquilidad que da el hábito de enfrentarse cada año a esas lluvias. ¿Cómo pensar que en esta ocasión el agua no llegaría mansa hasta la cintura sino que formaría un fortísimo torrente semejante a un tsunami? ¿Acaso alguien anticipó las imágenes de devastación que estamos viendo? Ha sido una tragedia y debemos trabajar todos al lado de los valencianos. Pero con espíritu solidario y constructivo. Solo unidos limpiaremos este fango. Pablo González Caballero.

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