El próximo miércoles arranca ARCO: la feria y la fiesta. Ya desde antes, Madrid deja de ser mera capital administrativa para convertirse en la meca del arte contemporáneo durante una intensa semana. Y aunque las obras se cuelgan en IFEMA, las alianzas se sellan alrededor de una mesa.
Para desvelar cómo se articula ese ecosistema cultural más allá de los stands, hemos reunido a una galería con proyección transatlántica, al director de un museo cuya mirada se ha forjado desde la crítica y el comisariado, a la estratega que conecta Madrid con el mapa global del mercado, a una coleccionista reconocida por su labor sostenida y a una joven artista a seguir de cerca.
"ARCOmadrid sigue siendo hoy, profesionalmente, la feria más importante que hacemos en Europa a lo largo del año. Participamos en Art Basel y Frieze Masters, pero ARCO es la de casa, en la que hemos crecido y en la que interactuamos con galerías amigas", explican Silvia Ortiz e Inés López-Quesada. Al frente de Travesía Cuatro, con sedes en Madrid, Ciudad de México y Guadalajara, han tejido con los años un puente sostenido entre Europa y América Latina que se hace visible en cada edición de la feria. Para esta 45ª edición, su programa combina figuras históricas -Jorge Eielson y Eleonore Koch- con prácticas contemporáneas de fuerte proyección internacional, como la de Ángela de la Cruz y Teresa Solar Abboud.
"Durante esa semana, la ciudad se activa y la gente visita la galería. Es una feria llena de amigos, celebraciones y reencuentros. Invitamos a la gente, organizamos una fiesta y, en ese contexto, la feria se convierte en un punto de encuentro que va más allá de vender obras o descubrir nuevos artistas", añade.
Entre sus direcciones madrileñas predilectas citan: "Hermanas Arce y La Potxola, en la propia calle San Mateo. Están enfrente de la galería y vamos muchísimo. Nos gusta La Llorona, detrás, aquí en San Lorenzo, y nos encanta Bar Trafalgar, en la calle Trafalgar. A Los 33 vamos mucho con latinos, en un tono más formal. Para bailar, Chinchín o Club Malasaña. Nos gusta mucho también el menú del día del restaurante Bogotá, un súper clásico del mundo del arte. Otro clásico es La Buena Vida, en Conde de Xiquena. Para tomar vinos el GOTA es muy agradable. Para cenar, La Parra suele ser una apuesta segura. En un registro más informal, Parking Pizza. Y uno que ha abierto recientemente y está muy bien es Caja de Cerillas", apuntan.
Ese ambiente frenético de encuentros, desayunos, comidas, cenas y fiestas lo confirma Javier Hontoria, director desde 2019 del Museo Patio Herreriano de Valladolid, que presenta actualmente seis exposiciones de entidad ligadas al arte español, más la apuesta internacional de Chiara Caboni. "ARCO es el punto de reunión de muchísimos profesionales del mundo del arte: comisarios, artistas, directores de museos... También sería el momento para ponerse al día en las posibles evoluciones de las prácticas contemporáneas, aunque en el argot suele decirse que no se ve la feria, porque en realidad estás viendo a gente constantemente", bromea este comisario y crítico de arte madrileño.
Los miércoles y jueves, reservados principalmente a profesionales, concentran esa actividad más densa. A partir del viernes, el foco se desplaza: "Visitas a otras ferias, desayunos organizados por galerías y una agenda de eventos colaterales siguiendo un poco el modelo off de la Biennale di Venezia, donde parte de lo relevante sucede fuera del marco oficial", añade.
Ubicados en las inmediaciones de las galerías, entre las mesas más cotizadas menciona clásicos como Casa Salvador y La Carmencita, ambos en la zona de Chueca. En Lavapiés, La Fisna -"un sitio maravilloso de vinos"- y La Caníbal, donde se cuida tanto el vino como la cerveza. También allí, La Falda, su hermana La Lorenza, y Los Chuchis, en la calle Amparo, se han consolidado como algunos de los lugares preferidos para cenar sin excesiva formalidad.
Además de las fiestas, como "la del Reina Sofía a la que acude bastante gente, después de las cenas muchos acaban en el bar El Cock, sobre todo los extranjeros que lo tienen mitificado", comenta. En Lavapiés, las opciones son más desenfadadas: Traveling o La Candela -cuna del flamenco en Madrid- funcionan como punto de encuentro de artistas y habituales del sector. "ARCO es una feria donde se vende arte, pero también un espacio de encuentro y de compadreo entre artistas", concluye.
El Cock es para Icíar Mangas, representante para España, Portugal y Latam de Art Basel, "un clásico eterno cuando quiero cerrar la noche con un buen cóctel y ese Madrid elegante que nunca falla". También recomienda Forbes House, "un must durante ARCO: ambiente cuidado y esa sensación de estar donde pasan cosas, y el Club Matador: más íntimo, más cultural. Perfecto para conversaciones largas después de un día de feria".
Algunos clásicos
Al frente también de Mapping Culture, la agencia cultural que fundó Mangas hace tres años y dirige en Madrid, durante ARCO siempre vuelve a sus clásicos, "a los sitios que sostienen Madrid cuando todo se acelera". Éstos son: Tramo "porque es honesto y contemporáneo a la vez. Producto impecable y cero artificio, justo lo que apetece en plena intensidad de ARCO"; Casa Salvador -"un clásico al que siempre vuelvo. Tiene esa verdad castiza que no necesita reinventarse para seguir siendo relevante"-; La Manduca de Azagra porque "aquí el producto manda. La verdura y el pescado tratados con respeto absoluto; es una lección de elegancia sin ruido. Te encuentras siempre con coleccionistas, galeristas y artistas", La Parra: ideal "para comidas largas y conversaciones que importan. Cocina española bien entendida, en un entorno cómodo y discreto", El Pescador, "marisco y pescado con sello clásico y servicio que sabe lo que hace. Un valor seguro cuando quiero que todo fluya" y Triciclo, "más dinámico, más urbano. Me gusta porque mezcla tradición y actualidad sin perder identidad".
Triciclo es también una de las direcciones predilectas de Yolanda Zugaza. La coleccionista bilbaína, que en la pasada edición recibió junto a Fernando Arriola el Premio A al Coleccionismo en España, lleva más de 20 años acudiendo a ARCO, prácticamente desde que comenzó a coleccionar. "Es una feria que con el tiempo se ha vuelto más internacional. Siempre ha sido un complemento importante a otras ferias, con la ventaja de que la relación con las galerías es mucho más cercana y donde puedes descubrir artistas jóvenes locales, pero también tomarle el pulso a la práctica internacional", explica Zugaza, que próximamente abrirá junto a Arriola un espacio permanente en Bilbao, sede de la colección Alkar Contemporary.
Cuando sale de IFEMA, tiene sus rituales claros: "Sacha no es mi restaurante favorito de Madrid, sino del mundo. Es mi top gastronómico. Me encanta desde siempre". Además del mencionado Triciclo -"por su ambiente, su carta cambiante, el lugar... y el hecho de que no haya cobertura: es la experiencia completa"-, apunta que Kabuki, que nunca defrauda.
Y en el radar de los coleccionistas, uno de los nombres que resuena con especial intensidad es el de Mónica Mays. Tras recibir el pasado año el Premio ARCO de la Comunidad de Madrid y ser distinguida con el Premio Cervezas Alhambra de Arte Emergente, que expondrá en esta edición de ARCO, la artista presenta Pulgar en la Nave 0 de Matadero Madrid dentro del programa Abierto x Obras, una intervención concebida específicamente para el lugar.
"Llevo meses preparando Pulgar desde mi taller en Usera y suelo comer sobre todo por ahí", explica. Entre sus direcciones habituales menciona Sacromonte, taberna andaluza donde reivindica "la mejor alcachofa con brandada de bacalao que he probado nunca, buen vermut y vinitos"; Xidada, proyecto reciente de una joven pareja que prepara fideos biang biang caseros «para chuparse los dedos»; y NATO, antigua panadería reconvertida en espacio de fusión japonesa castiza que, avisa, exige reserva con bastante antelación.






