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Un rider de 20 años, Jonathan se entregó ayer lunes por la mañana en la comisaría de Carabanchel para confesar que había matado poco antes a una mujer de 30 años, Jennifer Sara, que le había alquilado recientemente una habitación de su domicilio, han explicado fuentes policiales. Tras ir a hacer las comprobaciones, los agentes encontraron a la mujer asesinada en una habitación de un piso del número 22 de la calle Oropéndola, en el barrio de Puerta Bonita, distrito de Carabanchel.
La Policía Nacional confirmó que se trataba de un crimen por un asunto sin relevancia y que no había ninguna relación sentimental entre ambos.
Los hechos ocurrieron ayer a primera hora. El presunto asesino fue recriminado por la casera por algún asunto menor relacionado con la casa. Luego entró en la habitación de la víctima y la estranguló hasta la muerte. A continuación, el joven se fue caminando hasta la puerta de la comisaría. Al llegar, dijo a los agentes de la puerta: «He matado a mi casera».
Tumbada en la cama
Cuando los agentes llegaron a la casa se encontraron a la mujer muerta encima de la cama de su habitación. Nadie había escuchado nada, ni siquiera las otras personas que vivían de alquiler en otras dos habitaciones de la vivienda. Por su parte, los médicos del Summa 112 acudieron a la casa y tan solo pudieron certificar la muerte de la mujer, informó Emergencias 112.
Los agentes del grupo VI de Homicidios de la Policía Nacional se hicieron cargo de la investigación. A lo largo de la mañana también estuvieron los agentes de Policía Científica en la casa recogiendo pruebas en la escena del crimen.
La mujer asesinada era una joven de nacionalidad española y origen extranjero conocida en el barrio por haber trabajado antes en una inmobiliaria. Había reformado la vivienda hace pocos meses y alquilaba habitaciones por semanas y meses, según los vecinos. Varios residentes aseguraron que el piso no era de su propiedad.
«Entraba y salía mucha gente de la casa, pero por el momento ninguno de los inquilinos había dado problemas», señaló una vecina del bloque, donde tampoco oyeron ayer nada extraño. «No hemos oído ni gritos ni nada raro. Solo sabemos que han matado a la chica, nada más», agregó otro residente.
El presunto asesino trabajaba repartiendo comida para una empresa y los vecinos lo habían visto con una mochila amarilla y una bicicleta eléctrica.
