INTERNACIONAL
Entrevista

Mohamed El Kurd, escritor palestino: "No hay nada que los palestinos puedan hacer o decir que justifique el genocidio"

Desde el inicio de la ofensiva israelí en la Franja de Gaza, ha escrito decenas de ensayos y columnas de opinión sobre el derecho de los palestinos a recibir empatía y solidaridad más allá de su postura política

Mohamed El Kurd, autor del libro 'Víctimas Perfectas'.
Mohamed El Kurd, autor del libro 'Víctimas Perfectas'.E.M.
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¿Por qué empatizamos más con un tipo de dolor que con otro? ¿Quiénes son "nuestras víctimas" en un conflicto que provoca miles de fallecidos? Mohamed El Kurd (Jerusalén Este, 1998) reflexiona sobre estas cuestiones en Víctimas Perfectas (ed. Capitán Swing), un libro que se sitúa entre el reportaje periodístico y un tratado filosófico sobre la empatía. Desde el inicio de la ofensiva israelí en la Franja de Gaza en octubre de 2023, El Kurd ha escrito decenas de ensayos y columnas de opinión sobre la humanidad de los palestinos y su derecho a recibir empatía y solidaridad más allá de su postura política.

¿Qué significa ser una víctima perfecta? ¿Cuál es la idea principal de su libro?
La idea es que existe un prerrequisito para que los palestinos se comporten de cierta manera y sean percibidos como personas dignas de compasión y solidaridad. Tienen que demostrar repetidamente su inocencia, que no son intolerantes ni odian a los judíos, para poder ser víctimas. Toda esta atención está fuera de lugar, porque el escrutinio debería recaer siempre en el perpetrador de los crímenes. Les decimos a los palestinos que merecen la ocupación a menos que se comporten con educación, cuando en realidad todo el mundo merece dignidad y libertad.
En este sentido, en el libro señala que se considera valiente e inteligente un ataque ucraniano contra una fuerza invasora como Rusia, pero que no ocurre lo mismo con un ataque palestino contra las fuerzas israelíes.
Sí, uno aprende que palabras como "violencia", "terrorismo" o "resistencia" carecen de significado. La palabra se define por quién realiza el acto. Personalmente, dejaría de usar la palabra "terrorismo", ni para definir a los israelíes ni a los palestinos.
En el libro destaca que unas víctimas son más víctimas que otras, como el caso de la periodista de Al Jazeera Shireen Abu Akleh, fallecida en un ataque israelí en Cisjordania en 2022. Conocemos su caso, pero no el de Ghufran Harun Warasneh, que murió en circunstancias parecidas.
Los periodistas, tanto occidentales como palestinos, deberíamos abordar los temas de forma más crítica. Investigar, interrogar... porque estas coberturas pueden reducir el alcance de la compasión y solidaridad con otras personas. En el caso de Shireen Abu Akleh, se hizo mucho hincapié en su ciudadanía estadounidense. Uno pensaría que, si no fuera estadounidense, su asesinato estaría bien. Entiendo que destacar su ciudadanía es importante porque el Gobierno de Estados Unidos tiene responsabilidades con sus ciudadanos, pero debemos ir más allá. Muchas historias están quedando enterradas. Es importante honrar a nuestros seres queridos, sin importar de qué se les acuse. Como digo en mi tesis, no hay nada que los palestinos puedan hacer o decir que justifique los ataques contra ellos, que justifique el genocidio.
Esta guerra también ha sido el conflicto de las cifras, con el mayor número de periodistas muertos, de desplazados en un período corto de tiempo... ¿Cree que analizar la situación así favorece la empatía o es contraproducente?
Es una característica del periodismo, como destacar la primera mujer que canta ópera o que gana una medalla olímpica. Sin duda funciona como eslogan, pero me preocupa caer en la trampa del excepcionalismo. Son múltiples crímenes contra la humanidad; la gente necesitará décadas para recuperarse. El problema es que, si sólo se analiza desde una perspectiva, el futuro puede ser unidimensional. Eso ocurre con el Estado de Israel tras el Holocausto. Se construyó con la idea de una victimización singular, una atrocidad que nadie más en el mundo ha vivido. No es una historia multidimensional, donde los judíos también luchan contra los nazis, resisten, perseveran. Me preocupa que caigamos en la misma trampa, cuando la ocupación haya terminado y tengamos soberanía. No quiero que nuestra identidad nacional se defina únicamente por nuestra victimización.
¿Esta necesidad impuesta de ser la víctima perfecta, cree que empezó con el ataque de Hamas en Israel o es anterior?
La historia no empezó el 7 de octubre de 2023. Este arquetipo que se ha creado de los palestinos tampoco es nuevo. Lo hemos visto con el feminismo, cuando se pregunta a mujeres que fueron agredidas cómo vestían, o a los afroamericanos que se levantaron contra la brutalidad policial, forzados a demostrar que no tenían antecedentes. Cuando yo era pequeño, perdí mi casa a manos de colonos israelíes. Cuando activistas y diplomáticos venían a vernos, sentía que teníamos que demostrar que éramos buenas personas, que no odiamos a los judíos, para poder recibir su solidaridad, para mostrar que no había ningún motivo para que los colonos nos robaran la casa.
¿Qué temas cree que no se han tratado lo suficiente en los medios? ¿Se podrá recuperar la memoria de estos dos años de guerra?
Creo que lo que menos se ha tratado, tanto en la prensa local como internacional, ha sido la situación de los presos palestinos. Con el intercambio de este mes han surgido testimonios terribles: hombres que fueron sexualmente agredidos, envueltos en sudarios y enterrados vivos, encadenados. Un prisionero salió con los ojos arrancados. Hay muchas historias y todas necesitan ser contadas. Aunque, al mismo tiempo, es horrible hacer que el prisionero las reviva.
En las negociaciones para el alto el fuego ahora en vigor se escuchó a diferentes actores palestinos, como Hamas o Fatah, ¿echó en falta voces de la sociedad civil?
Estoy muy contento de que hayan cesado las bombas; ese es el titular para mí. El alto el fuego no significa que cese la violencia, pero la escala de bombardeos ha disminuido drásticamente. Al mismo tiempo, las condiciones de tregua son desastrosas. No se sabe quién gobernará Gaza, pero en mi conciencia no hay alternativa. O sea, quien estaba bajo las bombas y en una tienda de campaña habrá llegado a un nivel de desesperación que no le importa quién gobernará Gaza. Definitivamente empatizo con eso, porque, por el momento, es lo más importante.