La escalada bélica en Oriente Próximo comienza a tener repercusiones concretas en las materias primas para el campo español. En concreto, el conflicto ya da síntomas de alta volatilidad en uno de los pilares de los agricultores: los fertilizantes, cuya escalada de precios es una realidad y amenaza con provocar un enorme agujero en el sector del cereal, producción líder en España, pero que importa hasta el 40% para su producción, en particular en la urea, el principal componente de los fertilizantes empleados en la agricultura extensiva, con el trigo, la cebada y el maíz como los sectores más relevantes, con una producción total el año pasado de más de 20 millones de toneladas.
Una tormenta perfecta: cierres de plantas, aranceles y dependencia exterior
"Irán ha cerrado sus siete plantas de amoniaco-urea, a lo que hay que sumar que en Egipto ha parado la producción por el corte del gas israelí", advierte Javier Fatás, responsable del sector de la Comisión Ejecutiva de COAG, que apunta que a partir del 1 de julio la Unión Europea impondrá nuevos aranceles a fertilizantes y productos agrícolas procedentes de Rusia y Bielorrusia, zonas de donde proviene el otro 60 % de la producción mundial. En concreto, se impondrá un tipo del 6,5% de arancel básico sobre determinados fertilizantes, lo que desencadenará gravámenes extra de entre 40 y 45¤/tonelada, que escalarán -se prevé- hasta 430¤/tonelada en 2028.
Para este experto, todo ello está teniendo como resultado "más presión sobre los precios y más incertidumbre sobre nuestras cosechas". La urea es uno de los fertilizantes nitrogenados más utilizados en el campo español. "Si su precio se dispara, arrastra a todo el bloque, como ya lo vimos en 2022 con Ucrania y ahora el foco vuelve a Oriente Medio", explican desde esta organización agraria, que recomienda a los cerealistas ser previsores, no esperar hasta después del verano -cuando se empieza a cosechar el cereal en cada campaña- y adquirir cuanto antes los fertilizantes: "El nivel de cotizaciones está subiendo y en otoño la subida puede ser descomunal". El ascenso de precios en junio ya representa casi el 10% con respecto al año pasado y la previsión es que en breve llegue al 40% ante la falta de existencias en un mercado internacional ya de por sí castigado en los últimos tiempos.
Previsión, tecnología y contratos flexibles: claves para capear el temporal
A su vez, los intermediarios son conscientes de este clima de subida de precios, por lo que se insta al agricultor a "negociar contratos flexibles con cláusulas de retraso o precio tope", pero también a realizar un uso racional de los fertilizantes: "Hay que ajustar al máximo posible, teniendo en cuenta el análisis de suelo y cultivo, abonar de forma inteligente con las diferentes alternativas tecnológicas que existen en el mercado", explica Javier Fatás. Además, COAG pide que se consideren otras alternativas para la próxima campaña, como los fertilizantes minerales u orgánicos, siempre que estén disponibles.
En cualquier caso, desde la organización aclaran que no se trata de crear una alarma innecesaria: "Esto no es un susto puntual. Cada vez que hay una crisis geopolítica, el mercado agrícola se tambalea, especialmente el de insumos. Además, la transición hacia una fertilización más precisa y eficiente, presionada por normativa europea, hace aún más valiosa cada tonelada que se aplica". Así que el mensaje es claro: "Toca planificar, ajustar y digitalizar, y partir de un buen análisis de suelo es el paso clave para una decisión de abonado más óptima, teniendo en cuenta además que tenemos un gran potencial ganadero y tenemos que saber sacar provecho a la materia orgánica que se deriva del mismo", resume el experto, quien teme que esta espiral "acaba de empezar".
