Le decía Don Quijote a Sancho Panza que la libertad «es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos», que «con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre» y que, por la libertad, «se puede y debe aventurar la vida». Miguel de Cervantes escribió su más célebre obra años después de ser prisionero en Argel. Ahora es allí donde todos miran para indagar, 450 años después, en su sexualidad.
Ya lo sabrá usted: el director Alejandro Amenábar acaba de estrenar El cautivo, una película que por primera vez aborda el mito de la homosexualidad de Cervantes, específicamente durante los cinco años que el escritor estuvo preso en el Argel gobernado por Hasán Bajá. Pese a tener mujer, amante y una hija, de él se ha dicho que fue homosexual, heterosexual y bisexual. Por decir, hasta se ha especulado con su origen: algunos historiadores han defendido que fue descendiente de judíos, o incluso que fue catalán y no alcalaíno.
Quienes han abordado su sexualidad piden desprenderse de todo prejuicio. «No se trata tanto de defender la homosexualidad de Cervantes como de encontrar en sus obras y en documentos de su época indicios de una vida divergente, más allá de la imagen monolítica de un Cervantes ejemplar y heroico que desde el siglo XIX se impuso en el imaginario colectivo», en palabras de José Manuel Lucía Megías, cervantista y catedrático de la Universidad Complutense de Madrid.
No se trata tanto de defender la homosexualidad de Cervantes como de encontrar en sus obras y en documentos de su época indicios de una vida divergente
El francés Louis Combet fue el primero en hablar de la homosexualidad del escritor en su ensayo Cervantes o las incertidumbres del deseo, publicado en 1980 tras una investigación realizada en los 70. Basándose en fuentes literarias y documentos biográficos, Combet analizó las posibles tendencias homoeróticas durante su cautiverio en Argel. En la misma línea, Rosa Rossi, hispanista italiana, ahondó en el mito con sus ensayos Escuchar a Cervantes (1987) y Tras las huellas de Cervantes (1997).
Daniel Eisenberg, hispanista estadounidense especializado en Cervantes, abordó la posible homosexualidad del autor de El Quijote comentando los hechos que lo hacían verosímil. Pero, al mismo tiempo y, sobre todo, aclarando que no hay pruebas concluyentes de ello, afirmación que comparte Lucía Megías. A su vez, recordó que la sexualidad en el Siglo de Oro era muy diferente a la concepción de identidad sexual que se tiene en la actualidad.
Una forma de amistad intensa
En su ensayo La supuesta homosexualidad de Cervantes, publicado en 2003, Eisenberg introdujo el término «homoamical», una forma de amistad intensa entre personas de un mismo sexo que podría estar codificada en la obra cervantina. Sí, como en la camaradería entre Sancho Panza y Don Quijote.
Lucía Megías, que acaba de estrenar su libro Cervantes íntimo. Amor y sexo en los siglos de Oro, fue asesor filológico y cervantista en la última creación de Amenábar. En España, detalla, «será el genial Fernando Arrabal el que en 1996 defienda la homosexualidad de Cervantes en Un esclavo llamado Cervantes, que es leído como una biografía cuando no deja de ser una creación literaria, llena de desmanes y de aciertos, como todas sus obras».
Uno de los argumentos de Arrabal fue que Cervantes fue acusado de homosexualidad y condenado por el rey de España. «No es cierto», desmiente Lucía Megías. «Conocemos un documento en que se busca a un tal Miguel de Cervantes (que puede ser nuestro Miguel u otro) que ha sido condenado a 10 años de destierro y a la amputación de su mano derecha por haber tenido un duelo cerca del alcázar de Madrid... Arrabal en su genial —y literaria— visión de la vida de Cervantes se inventa que fue por temas homoeróticos. Pero es sólo la visión de un poeta. No es ninguna teoría científica».
Acusado de "cosas viciosas, feas y deshonestas"
Es en Información de Argel, un escrito del propio Cervantes, donde algunos cervantistas asientan las bases de su presunta homosexualidad. Allí señala a un fraile, llamado Juan Blanco de Paz, como un traidor que frustró uno de sus intentos de fuga. «Cervantes estaba preocupado por algo, pues dedica las últimas cinco preguntas de su Información de Argel a desacreditar a Blanco de Paz y una posible información que estaría preparando contra él, acusándole de "cosas viciosas, feas y deshonestas". ¿Y prácticas sodomíticas con otomanos, como el Bajá, o con compañeros de los baños? ¿O realmente no tiene nada que ver con el sexo sino con el reniego? Nunca lo sabremos», razona Lucía Megías. En ese texto también se sostiene que él fue uno de los esclavos más queridos del gobernador de Argel, algo que podría justificar por qué fue perdonado en sus cuatro fugas.
Además, las inclinaciones sexuales de Hasán Bajá con personas de su mismo sexo sí están confirmadas. «Al menos, así se indica en varias fuentes, entre ellas la novela El cautivo del propio Cervantes, que, [Bajá] siendo hecho cautivo cuando era un joven fue garzón (es decir, joven amante) de Uchalí (su amante mayor), al que ayudó a escalar posiciones sociales hasta llegar a ser rey de Argel... Este tipo de relaciones eran habituales en el Mediterráneo otomano», constata Lucía Megías.
De haber existido esas prácticas, en cualquier caso, llama la atención que se trasladen al debate en 2025 bajo el prisma de si Cervantes era homosexual, y no sobre la premisa de si Hasán Bajá abusaba sexualmente de sus cautivos.
El cervantista y asesor de la película opta por «conocer al Cervantes hombre situándolo en su época, no colocándolo en una peana de mármol (mito del Cervantes heroico y ejemplar) o en una carroza del orgullo (mito de su homosexualidad)». «Y con esto no digo que Cervantes no pudiera explorar diversas posibilidades sexuales, sobre todo encontrándose en dos lugares propicios para un deseo más amplio que el normativo: Italia y Argel», explica.
La "catalanidad" de Cervantes
Otra teoría en torno a Cervantes, con menos fuerza que su «homosexualidad», es que este nació en Cataluña y no en Alcalá de Henares. En su libro Gais i lesbianes de la història de Catalunya, publicado en 2008, el periodista Albert Torras incluye al autor de El Quijote. «Sólo dedico unas cuantas páginas a hacerme eco de teorías anteriores», aclara. Además de compartir las ya conocidas hipótesis sobre la homosexualidad, él toma para su libro la teoría de la catalanidad principalmente del filólogo Jordi Bilbeny.
Para argumentarlo, Torras se hace eco de algunas teorías e incertidumbres. Por ejemplo, «los apellidos, y la coincidencia de algunos Saavedra catalanes conocidos en la época», que «El Quijote sea una traducción de un original perdido», que «El Quijote es una crítica a la monarquía castellana y a la propia Castilla», que «desprende catalanofilia a menudo», así como «los elogios y panegíricos a Barcelona» y que «de las primeras ediciones la única que no se conserva es la de Barcelona», por lo que, «se especula que la hicieron desaparecer».
Como asesor de El cautivo de Amenábar estoy de acuerdo en todas las teorías que se expresan en su ficción, que es un canto a la tolerancia (social, religiosa y sexual) y al poder salvador de la literatura
Torras reconoce que en su momento fue criticado por unirse al planteamiento del origen catalán del escritor. «Porque Cervantes forma parte de ese conjunto de figuras intocables alrededor de las que se ha creado una forma de ser castellana y, por consecuencia, española. Porque el centralismo ha considerado siempre sólo español aquello creado en castellano, proveniente de la meseta, y ligado a tópicos. Tocar una figura que representa las letras y literatura castellana y predicar que quizás fuera catalán, molesta porque es atacar un símbolo. Por eso, al publicar esas teorías mucha gente rabia. En cambio, que fuera gay o no, no afecta al símbolo. No es un símbolo de masculinidad».
De vuelta al ámbito más íntimo del escritor (aún alcalaíno), Alberto Mira, catedrático de la Universidad Oxford Brookes, señala que es anacrónico hablar de identidad sexual en el Siglo de Oro. «No tiene sentido histórico o científico hablar de la "homosexualidad" de Cervantes, como no lo tiene hablar del "sexo" de los ángeles». «Había sin duda relaciones sexuales entre hombres. Esto es objetivo. Y había ciertos términos, como sodomía, perversión, afeminamiento, que se referían negativamente a esas realidades. Pero un sodomita se caracterizaba por lo que hacía, no por lo que era. Y en muchas caracterizaciones la sodomía no tenía por qué ser homosexual: podía incluir otras formas de sexo no reproductivo».
No tiene sentido histórico o científico hablar de la "homosexualidad" de Cervantes, como no lo tiene hablar del "sexo" de los ángeles
Mira asevera que lo que sí hay en el mundo de Cervantes son «indicios de homoerotismo». «Sin la fuerza de la homofobia y favorecido por las circunstancias, sin un concepto de "identidad", no veo por qué Cervantes no pudo explorar todos los deseos. A veces pensamos en los antiguos como gente cerrada y limitada. Pero actuaban en el mundo y obedecían o no sus reglas».
«Como asesor de El cautivo de Amenábar estoy de acuerdo en todas las teorías que se expresan en su ficción, que es un canto a la tolerancia (social, religiosa y sexual) y al poder salvador de la literatura... Ha llegado el momento de hablar de la sexualidad de Cervantes y de su época sin una visión maniquea de buenos y malos y, sobre todo, al margen de los discursos homófobos que están en la base de muchas de las críticas que se han escrito estos días de la película ¡sin haberla visto!», finaliza el filólogo Lucía Megías.

