El verano de 2025 se despide dejando tras de sí un rastro de muertes por calor. Este estío, comprendido entre el 21 de junio y el 22 de septiembre, ha registrado 3.659 defunciones, según las estimaciones del Instituto de Salud Carlos III. Una cifra que no marca un récord, puesto que 2022 sigue siendo el año más mortífero, a pesar de que España ha vivido este año el verano más cálido desde que existen registros modernos. ¿Cómo es posible que, habiendo hecho más calor, no se hayan producido más muertes?
La clave está en una mejor preparación social y sanitaria frente a las olas de calor. "La experiencia acumulada en los últimos años ha reforzado mucho los planes de prevención y permite activar alertas de manera más temprana, lo que mejora siempre la respuesta", explica una integrante de la Sociedad Española de Salud Ambiental (SESA), miembro federado de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (Sespas).
Entre las medidas preventivas, la experta destaca la campaña del Ministerio de Sanidad, en la que se lanzan "mensajes cortos y sencillos" que calan en la ciudadanía. Pone como ejemplo el lema 'Hidrátate. Refréscate. Protégete. Recuérdales', perteneciente a la iniciativa Un verano de cuidado, que busca recordar a la población una serie de consejos básicos para combatir los efectos negativos de las altas temperaturas sobre la salud. "Son recomendaciones muy simples, pero tremendamente efectivas para proteger a las personas más vulnerables", subraya.
Entre 2015 y 2025, las muertes por calor en España muestran una tendencia muy variable, marcada por picos extremos. En la segunda mitad de la década pasada, desde el 1 de enero hasta el 22 de septiembre, los fallecimientos oscilaron entre las 1.500 y 2.800 defunciones anuales, con un máximo en 2017 (2.866) y un mínimo en 2021 (1.431).
El gran punto de inflexión llega en 2022, cuando el calor extremo provocó 4.789 muertes, la cifra más alta de toda la serie. Desde entonces, el impacto sigue siendo elevado, aunque con fluctuaciones: 3.042 muertes en 2023, una bajada notable en 2024 (2.027) y un nuevo repunte en 2025, que lo convierte en el segundo año más letal del periodo.
¿Por qué la temperatura no es el factor clave?
Otro de los factores clave y que afecta a la mortalidad es que no todas las olas de calor son iguales. La intensidad, la duración y la geografía marcan la diferencia. "Este año el calor ha estado más concentrado y eso reduce el impacto prolongado sobre la salud", matiza. A ello se suma un mejor estado de salud general de la población respecto a 2022, cuando aún pesaban los efectos de la pandemia. "Es una combinación de factores: prevención, concienciación, adaptación y condiciones sanitarias previas", resume.
A esto hay que añadir que el impacto del calor tampoco es homogéneo en todo el país. Los periodos de calor extremo no afectan de la misma manera en todas las regiones. La vulnerabilidad depende de múltiples factores, entre ellos el senectud de la población: las provincias con mayor envejecimiento registran un mayor impacto, incluso cuando las temperaturas no son tan elevadas.
Por ejemplo, en términos absolutos, las provincias más pobladas concentran también el mayor número de defunciones atribuibles al calor en 2025. Madrid (586), Barcelona (390), Alicante (308) y Sevilla (163) encabezan la lista, lo que refleja el peso de la densidad urbana.
Sin embargo, al ajustar las cifras a la población, el mapa cambia por completo. El mayor impacto relativo se observa en provincias pequeñas y envejecidas del interior y noroeste peninsular. Palencia (38,6 muertes por cada 100.000 habitantes), Cáceres (32,6), Zamora (32,2), Ourense (24,2) y Huesca (24,9) registran las tasas más elevadas, muy por encima de la media nacional.
Otro factor determinante, como incide la experta, es la calidad de la vivienda. "En territorios acostumbrados a temperaturas más suaves, es frecuente que los hogares estén preparados con calefacción, pero no con sistemas de refrigeración", añade.
Aunque la calidad del hogar no es el único elemento que marca la diferencia. El entorno urbano también condiciona la exposición al calor extremo. "Ciudades densas y con poco arbolado sufren con más intensidad el llamado efecto isla de calor, que multiplica el riesgo al concentrar altas temperaturas entre el asfalto y la falta de refugios climáticos", indica.
"Dime dónde vives y te diré si tienes más riesgo frente al calor"
No todos los barrios afrontan las olas de calor en igualdad de condiciones. Los cascos antiguos, con calles estrechas, poco arbolado y viviendas mal aisladas, concentran una mayor vulnerabilidad. En cambio, las zonas de nueva construcción, con avenidas amplias, parques y mejor planificación urbanística, ofrecen más resistencia al calor extremo.
Las metrópolis vienen de una herencia urbanística difícil de cambiar. "Las ciudades son como son y hay que buscar ideas creativas para hacerlas más habitables sin perder la estructura histórica", matiza Alba Márquez, investigadora del Centro de Ciencia y Tecnología Forestal de Cataluña (CTFC).
La medida más eficaz que plantea la experta es poner vegetación. Y no, no basta con plantar árboles al tuntún y de forma simbólica. Deben estar distribuidos de manera estratégica, en buen estado y dentro de parques capaces de generar un enfriamiento de la temperatura.
Lo primordial, insiste, está en la densidad y la salud del arbolado. "La parte interior de los parques tiene que tener entre un 60 y un 80% de cobertura arbórea, y alrededor, al menos un 40%, para que el enfriamiento se expanda al entorno", señala. Además, cuanto más grandes, más eficaces, y si están próximos a ríos o lagos mejor que mejor porque su capacidad de refrescar se multiplica hasta unos cuatro kilómetros a la redonda.
Tampoco basta con un parque cuadrado y uniforme. Cuanto más compleja es su forma y más extensos son sus bordes, más fácil resulta que el enfriamiento se extienda al entorno urbano. Además, si los edificios que lo rodean no son demasiado altos, el efecto refrescante se amplía. Como resume Márquez: "Cuando los bloques están por debajo de los 20 metros de altura, el enfriamiento alrededor del parque es mayor".
Más allá de los parques, existen otras soluciones. La integrante del CTFC defiende la creación de corredores verdes que conecten distintos espacios urbanos, mediante calles peatonalizadas con sombra y vegetación, o incluso con techos y muros verdes que contribuyan a suavizar la temperatura. Todo ello forma parte de la llamada "infraestructura verde y azul": una red de espacios naturales y de agua que mejora no solo el confort térmico, sino también la biodiversidad urbana.
Algunos ejemplos muestran que el camino es posible. Vitoria, pionera en España, lleva años tejiendo un "anillo verde" que rodea y conecta la ciudad. París, más recientemente, ha aprovechado la celebración de los Juegos Olímpicos para visibilizar un cambio urbanístico de gran calado: quitar espacio al coche, mejorar el transporte público, crear vías ciclistas y sumar arbolado y sombra.
Márquez se muestra optimista: "Se están haciendo cosas, aunque hay que aumentar bastante el ritmo". Y advierte sobre la urgencia de mirar más allá de lo inmediato: "El reto está en repensar la planificación urbana con una mirada a largo plazo, más allá de los ciclos políticos de cuatro años. No son frutos que vayamos a recoger ahora, sino nuestros hijos. Las medidas deben hacerse ya y tienen que permanecer", remacha.
OTROS ESTUDIOS Y ESTIMACIONES
Las muertes por calor son estimaciones. En este caso, se han recogido los datos del MoMo, pero existen otros organismos, como el ISGlobal que hace estudio propios.
De hecho, en una investigación que se publicó ayer, en Nature Medicine, se estimaba que hubo un total de 62.775 muertes relacionadas con el calor en Europa entre el 1 de junio y el 30 de septiembre de en 2024.
España fue el segundo país europeo con más muertes relacionadas con las altas temperaturas, con 6.743 fallecimientos, solo por detrás de Italia (19.038).El estudio concluye que las muertes en 2024 fueron un 23,6% superiores a las de 2023, aunque algo inferiores a las de 2022.
El exceso de mortalidad afectó sobre todo a mujeres y mayores de 75 años, y se cebó en provincias españolas como Madrid, Barcelona o Alicante.
Los autores advierten de que Europa es el continente que más rápido se calienta, al doble de velocidad que la media global, y subrayan la necesidad de reforzar las estrategias de adaptación y de desplegar sistemas de alerta temprana capaces de anticipar los efectos del calor extremo sobre la salud.



