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«Nada que celebrar, no nos sentimos interpelados por una Diada excluyente». Frente a la conmemoración institucional o la reivindicación del independentismo, la festividad del 11 de septiembre sigue despertando indiferencia o incluso rechazo en una parte de la sociedad catalana. «La fiesta autonómica tendría que ser el 23 de abril [día de sant Jordi], preferimos un libro y una rosa que dar vueltas a mitos del pasado en gran parte inventados», sostiene Álex Ramos, presidente de Societat Civil Catalana (SCC), que desde su fundación en 2014, en plena irrupción del procés, se ha convertido en una de las principales entidades constitucionalistas de la región.
Ramos, como José Domingo (Impulso Ciudadano), Ángel Escolano (Convivencia Cívica Catalana) o Carlos Basté (Asociación por la Tolerancia), es una de las voces que alerta de que el cambio de era política en Cataluña, con la llegada del PSC a la Generalitat hace un año, no difiere mucho de las inercias de los anteriores Gobiernos independentistas de Junts y Esquerra Republicana. «Es una falacia que las medidas de Pedro Sánchez o Salvador Illa hayan traído la normalidad», dice el líder de SCC y médico de profesión. «El artículo 155 y la Justicia descabezaron el movimiento separatista, lo que ha venido después es simplemente tratar de justificar todas las concesiones que les han exigido para poder llegar al poder y mantenerse en él», añade Ramos.
Los cuatro coinciden en que «hoy es más necesario, si cabe, que exista un activismo en Cataluña en defensa del marco legal y la nación española». «A base del entreguismo socialista, las fuerzas independentistas están consiguiendo lo que nunca habían logrado desde el poder», critica Domingo. En este contexto, el presidente de Impulso Ciudadano cree que es importante disociar la apariencia de la realidad. «Es evidente que las formas son distintas, la bandera española, por ejemplo, está ahora presente en el despacho del presidente de la Generalitat», concede, pero al mismo tiempo advierte: «A Illa no le está temblando el pulso a la hora de endurecer la política lingüística que aplicaban Junts y Esquerra y que supone una auténtica invasión del espacio privado».
Sus palabras llegan justo después de la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña que, tras un recurso presentado por la Asamblea por una Escuela Bilingüe, ha anulado artículos sustanciales del decreto autonómico de 2024 que pretendía blindar el modelo de inmersión en la enseñanza. Un fallo judicial que el Ejecutivo del PSC ya ha anunciado que recurrirá porque, en palabras del propio Illa, «el catalán debe seguir siendo la lengua inclusiva, propia y transversal del país y la escuela».
«Los Gobiernos deben cumplir las leyes y respetar la separación de poderes, lo contrario, que es lo que aquí sucede, es muy grave porque es caer en la insumisión», denuncia Domingo, que cree que los socialistas tampoco acatarán las resoluciones de la Justicia.
Desde Impulso, este letrado de la Administración que tuvo un breve paso por la política como diputado de Ciudadanos (2006-2010), batalla por la neutralidad de las instituciones catalanas en cuestiones tan básicas como el cumplimiento de la ley de banderas. En su último informe sobre la exhibición de símbolos oficiales, la entidad reveló que el 80% de los ayuntamientos de la comunidad la incumplen al no colocar la enseña nacional en las fachadas de sus sedes.
La 'senyera' gigante del Parlament
Domingo, de hecho, avanza que llevará a los tribunales la instalación de la senyera gigante que fue izada, por primera vez, este miércoles junto al Parlament, en un acto oficial encabezado por Illa, el presidente de la Cámara, Josep Rull (JxCat), y el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni (PSC).
Las banderas de España y Cataluña solo ondean en la azotea del Parlamento los días de Pleno, explica, lo que «incumple claramente el mandato legal». Por ello, «la colocación permanente de una enseña autonómica de grandes dimensiones, sin acompañamiento de la española, constituiría una infracción normativa».
Una lucha similar es la que desarrolla Escolano en calidad de presidente de Convivencia Cívica Catalana. Como abogado, ha llevado a la Justicia casos relacionados con la exigencia lingüística para el acceso al empleo público, multas a comercios que no rotulan en catalán o sanciones de tráfico en vías con indicaciones monolingües. «Vivimos en una situación excepcional, nada ha cambiado con el PSC, seguimos bajo un régimen separatista que está vulnerando los derechos fundamentales de los ciudadanos», reprocha.
Escolano opina que «uno de los problemas de Cataluña es que la población solo es consciente de ello cuando le afecta». «Hasta que no llega un inspector de Consumo a tu local porque tienes el cartel en castellano, crees que eso es algo que no sucede», asegura.
El dirigente de Convivencia Cívica considera que «el constitucionalismo debe hacer una campaña clara y contundente» y critica que los partidos de este espacio político «a veces se distraen en cuestiones y polémicas que no son prioritarias».
Basté preside la Asociación por la Tolerancia, una de las entidades decanas en la defensa de la unidad de España desde Cataluña. "Durante muchos años, hubo un vacío enorme porque el pujolismo se encargó de dinamitar cualquier movimiento que se opusiera a su plan nacionalizador", recuerda.
Este ingeniero explica que le satisface poder entregar, en pocas semanas, al coronel Diego Pérez de los Cobos el Premio a la Tolerancia que anualmente concede la entidad. "Representa la fidelidad a la Guardia Civil y la defensa inquebrantable del Estado de derecho", señala sobre quien dirigió el operativo policial contra el referéndum ilegal del 1-O en 2017.
El presidente de la Tole, como se conoce popularmente a la asociación, cree que el constitucionalismo debe "aunar esfuerzos y ser más incisivo". Y lanza una idea de renovación. "Nos hace falta ser más divertidos, tener un Polònia", dice en referencia al famoso programa de sátira política de TV3. "Es un arma de destrucción masiva porque es un humor blanco para los separatistas, pero de muy mala leche para nosotros", concluye Basté entre risas.

