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Refrescos azucarados, bebidas energéticas, aperitivos salados, chucherías, comida rápida, ultraprocesados... Este es el entorno en el que crecen millones de niños, niñas y adolescentes en todo el mundo. Y los datos lo confirman: desde el año 2000, la población de entre 5 y 19 años con sobrepeso se ha duplicado, pasando de 194 a 391 millones de personas, según el último informe de UNICEF sobre nutrición infantil.
España no escapa a esta tendencia, pese a la alabada dieta mediterránea de la que cada vez nos apartamos más. Al contrario: el sobrepeso crece y la obesidad se rejuvenece. En nuestro país, uno de cada tres menores tiene exceso de peso y alrededor del 10% padece obesidad, en datos de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), un incremento que los especialistas califican de alarmante. "Esta tendencia conlleva un mayor riesgo de enfermedades no transmisibles, como diabetes tipo 2 y problemas cardiovasculares", advierte el doctor Gontrand López-Nava, director de la Unidad de Endoscopia Bariátrica en el Hospital Universitario HM Sanchinarro y perteneciente a la Institución Gournay.
En el Día Mundial de la Obesidad, que se celebra cada 4 de marzo con el objetivo de concienciar sobre esta enfermedad crónica, prevenirla y reducir el estigma asociado a ella, este experto internacional en técnicas médicas señala: "El sobrepeso ha superado a la desnutrición infantil por primera vez, aunque ambos son problemas enormes. Pero la bola de nieve que se nos viene será cada vez más grande. Es una pandemia silenciosa y dramática, porque los niños obesos en la infancia serán los adultos obesos de mañana".
Falta de ejercicio
Además del ambiente obesogénico descrito en el ámbito de la alimentación, con productos ricos en sales, aditivos y azúcares, López-Nava llama la atención sobre la ausencia de movimiento. "El sedentarismo es brutal en la infancia. Donde antes había balones y bicicletas, ahora hay móvil y PlayStation. De no parar quietos han pasado a sentarse durante horas con las pantallas. Desaparecen los yoyós, los aros, el hula-hop, la peonza... eso ya no se vende", critica.
¿Podríamos estar ante la primera generación con menos esperanza de vida que sus predecesores? El médico es rotundo: "Es muy posible. La obesidad es más frecuente y severa que hace 10 años y acorta la vida por comorbilidades asociadas. Nadie quiere que un niño esté expuesto a 20 tipos de cáncer simplemente por tener obesidad".
Hábitos saludables
Por eso cree en la importancia de los hábitos, entendidos como elecciones diarias: "Antiguamente solo tenías el bocadillo y la fruta que llevabas tú o que te daban tus padres. Hoy, el acceso a la comida hipercalórica se ha disparado de forma exponencial: restaurantes, kioscos, heladerías, máquinas de vending... Además, el marketing nos invita: ves de lejos los colores de un anuncio y ya no te puedes resistir, y menos en la adolescencia o la infancia".
¿Y cuál es el papel aquí de los padres? "La obesidad tiene también ese problema: estigmatizamos al niño diciendo que no para de comer, cuando los adultos tampoco dan ejemplo. Pero también veo muchas veces en consulta que los padres llevan luchando toda la vida, pero no consiguen resultados". Muchos padres creen que se trata de disciplina, sin embargo, se sienten frustrados y muy culpables cuando a su hijo o hija le sobran muchos kilos, explica el doctor. "Necesitan que el niño tenga menos hambre y que les ayudemos a educarlo con psicólogos y nutricionistas para tomar diferentes alimentos y conseguir que les guste la verdura".
Impacto en su metabolismo
Un niño o adolescente con exceso de peso tiene muchos problemas ortopédicos, alerta: "Se le doblan las piernas, se tuerce más las articulaciones, acaba con artrosis de rodilla...". Y eso sin hablar de salud mental, bullying o autoestima. "He tratado a un niño que ha perdido 20 kilos y es una maravilla: le gustaba el fútbol, pero se había autoexcluido por vergüenza. Ahora entrena y es otra persona. Psicológicamente, la obesidad infantil impacta muchísimo".
El cuerpo va enfermando poco a poco, cuenta el experto. Primero, porque sobra grasa y estamos diseñados para que el exceso de alimento no utilizado en forma de energía se guarde como reservas: los adipocitos. "Esa grasa intoxica las vísceras. Por otro lado, el páncreas, que secreta la insulina, empieza a estar sobreestimulado e inicia la resistencia a la insulina, el exceso de azúcar en sangre y eso es prediabetes".
Un abordaje integral
Para el doctor, el secreto para adelgazar es aprender a comer. Pero no puedes decirle a alguien simplemente que tome menos alimentos. Hay que ayudarlo con un abordaje integral. "No han cambiado nuestros genes; ha cambiado nuestro estilo de vida. Por eso es necesario un enfoque hacia la prevención. La obesidad, al ser una enfermedad, genera recursos sanitarios. Un niño que tenga que someterse a una prótesis de rodilla o que desarrolle diabetes infantil supone enormes gastos sanitarios".
Se muestra crítico con los remedios rápidos: "Soy bastante pesimista por lo que veo en consulta a diario. A veces ves a un niño que le sobran 20 kilos, le haces una reducción de estómago en 20 minutos... Pero qué pena haber llegado a ese punto. No basta con inyecciones para adelgazar, se trata de cambiar la nutrición y contar con el apoyo psicológico necesario para que no haya rebotes". Hay que mentalizarse de que es un estilo de vida para siempre, sentencia: "Igual que nos hemos concienciado de no fumar o de ponernos el cinturón de seguridad. La educación es fundamental".


