Los trabajadores de la fábrica de porcelanas de la Cartuja de Sevilla tienen desde este lunes una razón para creer en la continuidad de una empresa con 184 años de historia. El Juzgado de los Mercantil que lleva el proceso concursal ha registrado una oferta por parte de un grupo industrial para la compra de la unidad productiva, según ha informado a EL MUNDO el presidente del comité de empresa, José Hurtado.
La propuesta garantiza el mantenimiento de la actividad en Sevilla y de las marcas que son seña de identidad de la compañía (Pickman y la Cartuja de Sevilla), así como los puestos de trabajo de prácticamente la totalidad de la plantilla, compuesta por algo más de una treintena de trabajadores. "Estamos expectantes y a la espera de que el juzgado nos dé más datos", afirma Hurtado.
Para los trabajadores de la Cartuja de Sevilla, de concretarse la noticia sería "nuestro Gordo de Navidad", porque se mantendría el empleo empleo y la actividad, además de seguir ligada la historia de Sevilla con esta emblemática marca", añade el presidente del comité de empresa.
La compañía ha estado sometida en las últimas décadas a varios procesos concursales. Hoy se encuentra, de nuevo, en concurso de acreedores y en trámites de liquidación, siendo su actual propietaria la sociedad Ultraalta SL, de la familia Zapata.
La fábrica es algo más que otra industria en crisis en Sevilla. Sus porcelanas forman parte de la historia sentimental de la ciudad desde que el Marqués de Pickman instalara en el antiguo Monasterio de Santa María de Las Cuevas un taller para la fabricación de vajillas de loza inglesa. La fábrica mantiene parte del proceso artesanal, ya que la matricería (elaboración de moldes), el ensamblaje de las asas y el repaso último de cada pieza se hacen de forma manual. Su materia prima es una fórmula a base de cuarzo, caolín, feldespato, sílice, arcilla y arena, que aportan a la loza un brillo característico.
Desde que se iniciara el concurso de acreedores han sido tres los empresarios que se han interesado por hacerse con la unidad productiva y rescatar la firma, que necesitaría una renovación de los diseños y una modernización de la maquinaria y de las estrategias comerciales. Con varios clientes de referencia como El Corte Inglés, Heineken o Tabacalera, la empresa ha sobrevivido las últimas décadas a pesar de las crisis que ha ido encadenando.
Sin ir más lejos, el 23 de julio se dio por superado el penúltimo concurso de acreedores pero, a primeros de septiembre, se produjo un nuevo embargo de las cuentas, por unos impagos a la Tesorería de la Seguridad Social por valor de 6 millones de euros, y eso acabó reabriendo el proceso de liquidación. Desde entonces los trabajadores están en situación de ERTE (expediente de regulación temporal de empleo).

