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La masturbación es una conducta sexual universal, saludable y profundamente humana. Sin embargo, incluso en una época de vibradores inteligentes y juguetes eróticos cada vez más sofisticados, sigue apareciendo, con sorprendente frecuencia, una pregunta tan sencilla como incómoda: ¿es seguro masturbarse con objetos que no son juguetes sexuales?
La respuesta no es un sí o un no rotundo. Es un depende. Y en ese matiz entran la educación sexual, el objeto en cuestión y su riesgo asociado, cómo y dónde lo uses, la experiencia clínica, y por supuesto, muchas historias reales, con finales muy diversos.
Cuando el deseo es creativo, pero no siempre informado
"Después de más de una década al frente de una tienda erótica, como fundadora y especialista en educación sexual y en juguetería aplicada a terapia, he aprendido algo muy claro: el deseo es creativo, sí, pero no siempre informado. Y el mostrador da para mucho", explica Marta Corrales Gómara, CEO y fundadora de la tienda erótica Los Secretos de Mar. Su experiencia confirma algo que rara vez se verbaliza; la exploración sexual suele ir por delante de la información.
Diversos estudios en sexología indican que, una parte relevante de la población ha improvisado alguna vez con objetos cotidianos para masturbarse: cojines, duchas, frutas, mangos de cepillos o dispositivos electrónicos. A veces, incluso, la experiencia surge por azar.
"Recuerdo la historia de un chico que vino buscando un vibrador con control remoto porque, por pura casualidad, la vibración de su móvil apoyado entre ambos, había estimulado el clítoris de su pareja", relata Corrales. "Le gustó tanto que pensó que merecía repetir la experiencia... pero esta vez bien hecha". Esta anécdota ilustra una clave fundamental; no se trata de censurar la curiosidad, sino de acompañarla hacia opciones más seguras.
Beneficios de la masturbación
La evidencia científica es clara afirmando que la masturbación aporta beneficios físicos y psicológicos relevantes, independientemente de si se practica con juguetes o sin ellos.
Entre los principales beneficios se encuentran:
· Reducción del estrés y la ansiedad.
· Mejora del sueño.
· Mayor autoconocimiento corporal.
· Mejor respuesta sexual en pareja.
· Liberación de endorfinas y dopamina, asociadas al bienestar, el deseo y el placer.
· Mejora del tono del suelo pélvico.
Desde el ámbito terapéutico, además, es una herramienta habitual en sexología clínica.
Cuando el acompañamiento es una forma de cuidado
No todas las historias son anecdóticas o ligeras. Algunas exigen responsabilidad, sensibilidad y mirada inclusiva. "No venía a prohibir ni a señalar, venía a proteger", afirma la especialista en educación sexual al recordar la consulta una madre preocupada porque su hija adolescente, con discapacidad intelectual, estaba utilizando un objeto peligroso en prácticas sexuales vaginales".
Porque, "educación sexual también es esto: inclusión, respeto y prevención real", afirma la experta. La solución fue ofrecer una alternativa diseñada específicamente para esa práctica, con materiales seguros, acompañada de una explicación clara.
La prohibición no funciona, sólo reprime, y como ocurre con las raíces, busca salida por las vías que puede, aunque no sean las más deseables o seguras. La educación sexual integral, no solo genital, valida, acompaña, explica, respeta y ofrece soluciones saludables y adaptadas al momento vital, y los deseos de las personas. Pero también es proteger, y se hace ver la importancia de marcar y marcarse límites; pero no desde mi mirada, valores, creencias o miedos, sino empatizando con la mirada del otro.
Lo que nunca se debería usar
Aquí la línea entre placer y riesgo puede ser fina. Es obvio que los objetos no diseñados para prácticas sexuales pueden provocar infecciones por bacterias,irritaciones o microheridas o laceraciones internas,quemaduras o facilitar que determinados objetos queden atrapados en nuestro interior, e incluso, que se requiera intervención quirúrgica. Sí, los profesionales sanitarios lo confirman.
Recuerdo que, cuando me formaba como sexóloga, nos mostraban la cantidad de cuerpos extraños que, utilizados con la idea de obtener placer sexual, acababan alojados en algún punto del intestino. Botes de desodorante, pequeñas pelotas o pepinos, quizás muy apetecibles a simple vista, pero arriesgados por tener, no sólo pesticidas, sino unas espinas muy finas un tanto peligrosas, también en su uso vaginal. Como dato curioso, en la antigua China, las Tigresas Blancas, expertas sexuales, pelaban pepinos para limpiar sus bocas y vaginas, por su poder depurativo, y para conseguir que los hombres taoístas sucumbieran a sus encantos sexuales, provocando la eyaculación en ellos; tan centrados en el orgasmo seco, para preservar su energía. Un uso muy saludable el de los pepinos, quizás en su momento, pero no en la actualidad, conociendo el maravilloso efecto pirolítico de nuestras vaginas, que no necesitan ser limpiadas por ningún producto. Sí, como tu horno.
Por su parte, Marta Corrales también recuerda que, "mientras hablaba de la importancia de que los juguetes anales tengan siempre tope, una enfermera ilustró el riesgo con una imagen real de urgencias". "Una zanahoria alojada en el intestino durante una intervención quirúrgica". Doloroso, vergonzante, peligroso e innecesario, teniendo en cuenta la gran oferta de juguetería erótica, segura y diseñada para el placer y disfrute. Quizás no parezca tan arriesgada esta hortaliza, en comparación con el misil encontrado recientemente en el ano de un hombre; pero ambos pueden causar daños graves, e incluso la muerte.
Desde el punto de vista médico, el intestino tiene capacidad de absorción y una anatomía que favorece que los objetos asciendan y no regresen. Por eso, cualquier práctica anal requiere juguetes con base amplia, algo que los objetos improvisados rara vez ofrecen.
Pero ¿por qué elegir frutas u hortalizas para el placer? ¿Morbo, riesgo, nos da vergüenza comprar juguetes, aburrimiento, curiosidad o un buen chute de dopamina? Quizás un poquito de todo o nada de eso, pero hasta la juguetería erótica ha diseñado algunos, como la colección Vibra-veggie de Amantis, con forma de zanahoria, mazorca de maíz o pepino. ¿Locura o dar solución a una demanda realmente deseada?
Años después de esa zanahoria en el laberinto, y desde su larga experiencia al frente de Los Secretos de Mar, la especialista volvió a encontrarse con una escena similar. "Esta vez era la radiografía de un mango de escobilla, vía anal. Preferí no verla; el mensaje ya estaba más que aprendido", asegura.
¿Se puede improvisar con menor riesgo?
Si a pesar de todo alguien decide hacerlo, hay que tener en cuenta unas normas básicas de reducción de daños como:
· No introducir objetos sin base ancha tipo plug o enchufe, para que no se cuele en lugares sin fondo, como el ano.
· Evitar cristal, metal no sanitario o alimentos.
· Cubrir cualquier objeto con preservativo.
· Usar lubricante para no generar heridas.
· Evitar superficies rugosas que puedan dañar.
· Lavarlo antes y después, o pelarlo si se va a jugar de manera externa.
· No improvisar bajo el consumo de alcohol u otras sustancias.
· Si juegas con hielo recuerda que, si no se moja, te quemará la piel. Ya lo demostró Jim Carrey en Dos tontos, muy tontos, ¿Recuerdas su lengua pegada a un telesilla?.
La revolución del "juguete que no parece juguete"
Curiosamente, el mercado erótico ha aprendido de esta realidad. Hoy existen juguetes que parecen cosméticos, masajeadores, pintalabios o dispositivos de autocuidado. No es casualidad, esto responden a la necesidad de placer, discreción y seguridad.
Hablar de masturbación con objetos cotidianos no va, necesariamente, de provocar ni de escandalizar, sino de asumir una realidad; que el deseo existe, explora y se expresa incluso cuando no hay información suficiente. Y ahí es donde la educación sexual marca la diferencia.
Recuerda, el placer no debería construirse desde la improvisación ni el riesgo, sino desde el conocimiento del propio cuerpo y el cuidado. Porque excitarse también es aprender, y protegerse forma parte del disfrute. Al final, no se trata de limitar el deseo, sino de acompañarlo mejor.

