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Tu vida es mucho más mitológica de lo que imaginas: llevas en la sangre pandemias, guerras, amor y supervivencia. Palabra de Álex Rovira (Barcelona, 1 de marzo de 1969), considerado uno de los mayores expertos en psicología del liderazgo a nivel mundial, además de autor de bestsellers como La Buena Suerte, traducido a más de 50 idiomas y con más de nueve millones de ejemplares vendidos. Acaba de publicar Ecos del Olimpo (Zenith), donde convierte cinco mitos clásicos en aplicaciones prácticas, ofreciendo reflexiones y herramientas para la vida contemporánea.
"Si piensas en la cadena de antepasados: dos padres, cuatro abuelos, ocho bisabuelos... en 250 años tienes más de mil ancestros; en 500 años, más de un millón. Como no conocemos sus nombres, hablamos de Quirón, de Fénix o de Narciso para simbolizar esas experiencias. Pero todos ardemos, total o parcialmente, por desengaños, disgustos, desacuerdos o separaciones. Salvo que la ciencia descubra algún origen radicalmente distinto, compartimos linajes", explica este conferenciante licenciado en Ciencias Empresariales y MBA por ESADE.
De ahí la vigencia de la sabiduría ancestral ante los retos de la vida moderna. Vanidad, expectativas, resiliencia, renacimiento... "En la vida habrá muchas penas; nuestro trabajo es alquimizarlas para que, al final, valga la pena. Siempre encontrarás a un Quirón con tu misma herida. El coraje no es ausencia de miedo, sino decidir que vale la pena arriesgarse", asegura.
- ¿Por qué la filosofía clásica se ha puesto de moda en plena era tecnológica?
- El titular sería: para novedad, los clásicos. El pensamiento clásico es eterno y, por tanto, siempre es nuevo para quien no lo conoce. El estoicismo ha resurgido porque es útil, práctico y tiene un sentido aplastante. Se puso especialmente de moda tras la pandemia. Yo llevo años con Meditaciones de Marco Aurelio y el Manual de vida de Epicteto en mi mesita de noche. Es una filosofía de vida sumamente útil.
- ¿Qué ideas crees que se están malinterpretando cuando nos llegan a través de redes sociales en lugar de los textos originales?
- Mis cinco hijos, de 29 a 19 años, han alucinado con el estoicismo, aunque lo han tenido en las estanterías de casa durante años. Así que esa es la parte positiva de lo que comentas, que a los jóvenes les llega. Bienvenido sea si abre la puerta a la curiosidad. Incluso hay divulgadores con canales de YouTube que explican la mitología de formas muy originales, con dibujos animados o canciones. Como en cualquier sector, conviven obras extraordinarias con otras más oportunistas. Por supuesto, hay interpretaciones, refritos, incluso piruetas y acrobacias, pero cada cual debe discernir qué le conviene.
- ¿Tienen algún denominador común los mitos elegidos para explicar la realidad?
- Totalmente, por eso los elegimos. Vivimos en una época en la que, más allá del trastorno clínico, lo narcisista está en boga. Narciso se ahogó en un estanque; ahora tenemos un estanque en cada app: TikTok, Instagram, LinkedIn, Facebook... Además, el estanque actual viene con múltiples opciones: reels, historias, retuits. Se ha multiplicado exponencialmente. Cuando nos hacemos un selfie y lo editamos para parecer mejores, ahí emerge Narciso. El problema llega cuando se convierte en obsesión, hasta el punto de que hay personas que se someten a cirugía estética para parecerse a su versión con filtros. Ahí hay un problema serio.
- ¿Cuál es el equilibrio entre el amor propio sano y el egocentrismo o la vanidad del like? ¿Cómo vinculas los problemas de autoestima con las redes sociales y ese narciso digital del que hablas en tu libro?
- Para mí, autoestima no es lo mismo que amor propio. La autoestima es quererse en función del reconocimiento ajeno; puedes convertirte en esclavo. El amor propio es el amor a la propia dignidad, a la vida que habita en ti. Es más potente. El narcisismo no es amor propio excesivo, es falta total de amor propio disfrazada de coraza. El narcisista no se quiere demasiado: necesita gustarse. Una cosa es gustarse y otra quererse. La tecnología multiplica las formas de mostrarse. El veneno está en la dosis.
- Parece emocionalmente peligroso sensibilizarse con todas las desgracias de las que estamos sobreinformados pero, por otro lado, normalizamos imágenes muy duras hasta el punto de no sentir nada. ¿Cómo encontramos el equilibrio para no sentir la fatiga por empatía que señalas en el libro?
- Vivimos en un entorno de hipersaturación de estímulos. Las herramientas tecnológicas son amplificadores exponenciales de estímulos. Y ahora, con la inteligencia artificial, cada vez es más difícil distinguir lo real de lo creado. Por eso algunas personas hacen ayuno digital. Corremos el riesgo gravísimo de la deshumanización. Se normalizan desgracias e incluso se comparten como humor. Al final, es una cuestión de sentido común y sensibilidad personal.
- ¿A qué llamas revisión de metas con visión periférica?
- Sísifo fue condenado a empujar eternamente una roca montaña arriba, solo para verla caer y volver a empezar. Obcecarse con una meta puede convertirte en un Sísifo cegado. La vida tiene subidas y bajadas. Es importante flexibilizarnos y entender que más importante que cumplir deseos es comprender qué nos enseñan los anhelos que no se realizan. Lo fundamental es el camino.
- ¿Y cómo puede ayudarnos la técnica del espejo a vernos con más honestidad y no como queremos ser vistos?
- Eso lo da la madurez. En La gran belleza, el protagonista dice que decidió no vivir según el deseo de los demás. Si nos volvemos esclavos de elogios o críticas, perdemos el norte. Cuando estás en paz contigo, procuras hacer bien las cosas y cuidar de los tuyos. Vivir pendiente de la opinión ajena, olvidando tu núcleo íntimo, es una fuente enorme de desgracia. Esa decisión se conquista con experiencia, reflexión e integración.
- ¿Por qué crees que la madurez siempre parece llegar tarde?
- Por eso se llama madurez. Aprendemos sobre todo del sufrimiento, que puede ser estéril o productivo. Como dice Antoni Bolinches, el sufrimiento productivo es aquel del que aprendes para dejar de sufrir. La conciencia es luz: ver claro, tener sentido de realidad. Pero no se trata de exponerse indiscriminadamente en redes, sino de tener un núcleo íntimo con quien compartir. No nacemos humanos: nacemos biológicos. La humanidad es una conquista que se logra con madurez. Desde la herida podemos amargarnos o convertirnos en empatía y solución para otros.
- Muchos psiquiatras dicen que la mayor parte del sufrimiento humano ocurre por cosas que nunca sucederán. ¿Qué opinas?
- Es la diferencia entre preocuparse y ocuparse. Eso no es previsión, es neurosis anticipatoria. Como decía John Lennon, la vida es lo que pasa mientras haces otros planes. Hay personas enganchadas al sufrimiento anticipatorio y a la victimización. Otras, tras muchas bofetadas, renuncian a ese apego al sufrimiento y aceptan que el futuro siempre sorprende.
- Si esperas que alguien tenga éxito, es más probable que lo tenga; si esperas que fracase, aumentan las probabilidades del desastre. ¿Cómo puede el efecto Pigmalión ser una herramienta positiva y no una carga?
- Todos los mitos tienen luz y sombra. El Pigmalión negativo es imponer al otro lo que quieres que sea. El constructivo es acompañar, como un buen maestro o un buen médico, calibrando el proceso. Empujar la roca sin sentido convierte la vida en un infierno. Pero hay quien cuida a un familiar con Alzheimer y, desde el amor, vive esa experiencia como una fuente de aprendizaje profundo. Pigmalión también se aplica a uno mismo. Los mensajes de "puedes conseguir todo lo que quieras" son mentira. No podemos conseguir todo, y menos mal. El crecimiento honesto surge del diálogo con la realidad. Un buen Pigmalión dialoga. No puedes hacer crecer al otro si tú no has crecido. Todos tenemos personas cercanas —amigos, hijos, seres queridos— a quienes en algún momento les diremos: "Vales mucho más de lo que crees. Dignifícate, cuídate, pon límites, florece desde el respeto". Ahí está el Pigmalión sano.
- ¿Cómo asumir la vulnerabilidad sin que se convierta en excusa?
- Algunas personas se enquistan en la victimización narcisista; otras transforman el sufrimiento en madurez. La clave está en cuestionarse, en el feedback sincero de alguien que te quiera y te diga lo que no quieres oír. Ningún ser humano es una isla. Crecemos en la interacción, incluso en la controversia, porque la mirada del otro nos saca de nuestra propia distorsión.
- ¿Por qué a mitad de la vida empezamos a cuestionarnos si estamos haciendo lo que realmente queremos?
- La crisis vital llega a los 40 porque es el momento en el que nos preguntamos quiénes somos. Incluso más jóvenes, porque hay adolescentes y niños que ya se preguntan por el sentido y el propósito. Cada cual vive su proceso, pero es cierto que, a partir de cierta edad, estas preguntas emergen con más fuerza. Antes, la esperanza de vida era mucho menor: a los 44 años ya no tenías tiempo de preguntártelo, te morías. Gracias a la medicina, a los avances en sanidad y en alimentación, en algunos países hemos tenido un aumento global de la esperanza de vida. Y cuando tienes tiempo, empiezas a hacerte preguntas.
- ¿Y es necesario que la vida te golpee?
- Cuando ya llevas años viviendo y la vida te ha dado unas cuantas vueltas de campana -un divorcio, una enfermedad, padres que enferman o fallecen antes de tiempo, un amigo que muere en un accidente, un infarto o un cáncer fulminante-, cuando llegan esos zarandeos es cuando comienzas a hacerte preguntas y a buscar un sentido, como diría Viktor Frankl. Ahora bien, no hace falta pasarlo mal para cuestionarse. Lo que ocurre es que, si vives en entornos donde se ha anestesiado la conciencia, el golpe de realidad será mucho mayor, aunque te hayan protegido entre algodones.
- ¿Qué herramientas crees que son útiles en el día a día para vivir con más serenidad?
- Lo primero es la honestidad con uno mismo. Puede lograrse mediante reflexión sincera o acompañamiento terapéutico. Después, cada cual debe encontrar sus herramientas. Las personas más conductuales se beneficiarán del deporte, el yoga, el pilates o el taichí. Las más mentales, de la lectura, la escritura o llevar un diario. Las más emocionales, del servicio a los demás. No somos iguales: cada persona es un universo de singularidades, aunque podamos agruparnos en patrones, cada uno debe encontrar su camino.
Ecos del Olimpo: sabiduría eterna para mejorar y transformar tu vida
Está editado por Zenith y se puede comprar aquí

