- Victor Amat El psicólogo punk, contra la autoestima positivista: "Sentirse fatal es humano y deberíamos hacernos amigos de nuestras mierdas"
- Walter Riso, psicólogo: "A la sociedad no le gusta el amor propio porque a una persona segura de sí misma no se le puede manipular"
- Miriam Al Adib, ginecóloga y obstetra: "La hipersexualización de la infancia es un hecho, no hay más que darse una vuelta por TikTok"
Su carta de presentación es una camiseta de CrossFit puesta donde se tacha la mitad de la palabra para que, finalmente, se lea "cro-quetas". "Me gustan ambas, eh", aclara Lorena Gascón (Valencia, 25 de septiembre de 1987), conocida como @lapsicologajaputa en redes sociales, y que practica la disciplina deportiva, aunque se ría de ella. Así de natural es la psicóloga que habla con lenguaje de calle y en clave de humor a miles de personas que quizá se perderían entre estudios científicos y conceptos más abstractos. Ella los aterriza de tú a tú. Sin idealizar.
Acaba de publicar Cómo sobrevivir a las putadas de la vida (Ed. MR Autoayuda) con el mismo tono cercano y un mensaje clave: "Rodéate de personas que sepan cuidar y sostener. No hace falta que sean vitamina y estén siempre felices, sino que te escuchen y validen". Los vínculos son fundamentales para procesar las pérdidas, asegura. "Cuando te pasa algo muy jodido, necesitas expresarlo, ¡no sirve contárselo a una farola! Y, si no las tienes, ¡sal a conocer gente nueva! Apúntate a un club de lectura, a cerámica o a CrossFit", bromea. Aunque parezca difícil, en cualquier actividad se puede encontrar a alguien afín, anima: "Hay personas increíbles ahí fuera".
- ¿Piensas que la filosofía del pensamiento positivo y los discursos motivacionales del tipo "todo es posible si te lo propones" constituyen una narrativa poco realista o incluso manipuladora?
- Yo la critico mucho. La filosofía del 'si quieres, puedes' genera culpa en lugar de motivar. Creo que puede tener una parte beneficiosa. "Gracias a esas frases he sobrevivido este año", me suelen decir. Realmente, de casi todo se puede sacar algo bueno. Pero es cierto que el pensamiento positivo pone todo el peso en la persona, como si el contexto no importara nada: dónde has crecido, si has tenido recursos, herramientas, si tus padres han estado presentes... Parece que todo depende de ti, y eso resulta muy culpabilizador. Yo creo que esas frases hacen más daño que bien, a pesar de que haya personas a las que les ayuden.
- ¿Resulta tóxico que en redes sociales solo se muestre la cara positiva de la vida? ¿Puede generar frustración cuando uno no logra alcanzar ese estado de bienestar aparente?
- En redes sociales corremos el riesgo de compararnos, eso es así, inevitable. Y nadie sube un selfie cuando está estreñido o tiene un problema. Pero mostrar solo lo malo: "Mira qué humana soy", como hace la típica influencer llorando, tampoco creo que sea lo más sano. Creo que es bueno mostrar defectos y vulnerabilidades para normalizarlas y sentirnos más humanos. Pero más sano aún es tener espacios sin redes sociales y hacer otras cosas.
- "El tiempo no cura una mierda. Te curas tú cuando puedes hacer algo por tus heridas", escribes. ¿Para eso necesitamos una mentalidad estoica o resiliente?
- Si todas las crisis fueran una oportunidad, los psicólogos no tendríamos trabajo. Se romantiza mucho el sufrimiento. Te dicen: "De esto saldrás más fuerte". O: "Todo pasa por algo". A mí me gusta decir que vas a ser diferente, pero no necesariamente mejor. Puede que aprendas recursos, que seas mejor persona... pero no siempre. Decirle a alguien que tiene que sacar algo bueno de una tragedia puede destrozarlo.
- Hay testimonios de madres que han perdido hijos y han sufrido mucho por los comentarios, la mayoría de veces hechos sin mala intención.
- Imagina decirle a una persona que ha perdido un hijo que va a ser mejor después de eso. No es cierto y puede hacer muchísimo daño. Las pérdidas perinatales son especialmente difíciles de acompañar. No sabemos cómo hacerlo. Yo ahora me veo capacitada para decir algo que ayude, pero con 18 años recuerdo haber dicho comentarios del tipo "ya tendrás tiempo de tener otro". Eso no es solo individual, es cultural y educacional. Si no te sensibilizas o no tienes formación, no sabes acompañar. Incluso adultos bienintencionados pueden hacer daño sin darse cuenta.
- Tú dices que el dolor de una pérdida no se supera, sino que se integra o acepta. ¿Cómo?
- Nunca volvemos a ser quienes éramos antes de perder a esa persona o ese ser querido. El trabajo consiste en reconstruirse y tratar de poner el foco en lo que tenemos ahora, no vivir permanentemente en el pasado. Esto es dificilísimo. Y en padres que han perdido un hijo, no sé si siempre se llega a integrar del todo. Hace falta mucho tiempo, y más aún cuando la muerte es abrupta o por un suicidio. Se hace con paciencia, poco a poco, con acompañamiento y con mucha comprensión hacia esa persona.
- El amor también es una gran fuente de sufrimiento. ¿Cómo se supera una ruptura cuando una de las partes sigue enamorada?
- Superar una ruptura no es fácil, ni de pareja, ni de amistad, ni familiar. Pero las de pareja, sobre todo cuando hay una vida en común, son especialmente duras. Incluso sin eso, se rompen todos los castillos de ilusiones que habías construido. Cuando nos enamoramos, la corteza prefrontal no rige. Hacemos locuras. Por suerte, no dura para siempre. Si además hay traición o la otra persona deja de amar, vas a estar muy mal durante un tiempo. Lo bueno es que este tipo de pérdidas suelen ser más fáciles de superar que otras más graves. Aquí es clave cómo gestionamos nuestras emociones: permitirnos llorar, quedarnos en casa si lo necesitamos, poner límites, no aislarnos del todo... Así puede darse un duelo sano.
- ¿Qué le dirías a alguien que ha sufrido ghosting cuando empezaba a sentir algo más?
- Cuando es tan mierda como para dejar de hablarte sin explicación, yo suelo decir que esa persona tiene que convivir consigo misma, y bastante tiene. Así que tienes suerte porque te libras de aguantarla. No es un gran consuelo, pero es verdad. Tú pones límites, no la vuelves a ver y no te hace más daño. El resto sí tendrá que soportarla. De cara al futuro, a veces podemos detectar señales: falta de interés, evasivas, incomodidad ante planes... Y preguntas directamente qué intenciones hay. Para cerrar, puede ayudar escribir una despedida, no para enviarla, que no es bueno remover más. Cuando te sientas capaz, una carta o un audio para ti puede ayudarte a cerrar algo que quedó abierto porque la otra persona desapareció sin mostrar responsabilidad afectiva.
- Hablas mucho de la escritura como herramienta terapéutica. ¿Cómo usarla para que de verdad ayude y no sea otra obligación más en la lista de tareas?
- No a todo el mundo le sale escribir. Yo recomiendo probar y observar cómo te sientes antes y después. Como con el ejercicio: no entrenas por cómo te sientes durante, sino por cómo te sientes al terminar. Ayuda crear una rutina amable: una alarma, un rato para ti. Te sientas, si sale algo bien, si no, también está bien. Puedes tomar un té, escuchar música. Es un espacio para estar contigo. Muchas personas se dan cuenta de lo que les pasa al decirlo o escribirlo. Sacarlo de la cabeza también alivia. En el duelo, expresar es clave, y escribir puede ser una herramienta muy sana, además de hablar con personas queridas.
- ¿Crees que las expectativas elevadas son una gran fuente de infelicidad?
- Yo estoy sesgada porque soy psicóloga y la gente viene a contarme lo mal que está. Pero muchas expectativas vienen de la cultura, de las redes, del "persigue tus sueños", del perfeccionismo y de la hiperexigencia. Parece que hemos criado a niños para ser protagonistas de todo. Obviamente lo son en su familia, pero si creen que todo el mundo debe darles esa importancia, pueden frustrarse mucho. No todos tenemos que ser los mejores. Podemos ser valiosos siendo personas normales. No hace falta ser influencer. De hecho, muchos están fatal mentalmente. Es más importante hacer algo que te haga sentir bien. Menos mal que cuando yo era adolescente no existía Instagram. Si nosotros hubiéramos crecido con lo que tienen ellos, estaríamos igual. El cerebro no ha cambiado tanto en 30 años. Las nuevas generaciones no son más débiles. Han crecido en otro contexto, con otros estímulos.
- ¿Cómo afecta la cultura de la hiperproductividad y la obligación constante de estar ocupados y felices a nuestra capacidad para desarrollarnos personalmente y procesar el dolor?
- Entiendo que, a nivel económico, las personas tienen que ser productivas para que las empresas funcionen, para que los jefes puedan producir, se vendan productos y todo el sistema siga funcionando. Pero falta mucha humanidad en el ámbito laboral, por eso cada vez hay más bajas. La salud mental no se cuida como debería; yo pondría un psicólogo en cada empresa y colegio. Hay algunos, pero no suficientes. Venimos muchas veces de empresarios que no tienen ni idea de las necesidades de los trabajadores, o directamente no quieren tenerla. Entonces se les dice que son flojos, se les despide y se contrata a otra persona a la que se sigue explotando.
- Si los recursos públicos de salud mental son insuficientes y muchas personas no pueden pagar terapia privada, ¿qué alternativas quedan para quienes necesitan ayuda inmediata pero deben esperar meses por una cita?
- Es verdad que hay servicios gratuitos que a veces ayudan, pero están saturados. A mí incluso me han dicho por privado que no les mande más gente porque no dan abasto, que lo que necesitan son voluntarios que puedan ofrecer terapia. Y lo entiendo, pero la situación es muy grave. Lo que necesitamos es que haya más plazas PIR (Psicólogo Interno Residente). No hay manera de que la salud mental se tenga en cuenta como se necesita desde los gobiernos. Con niños y adolescentes suicidándose tan jóvenes, no sé qué más tiene que pasar para que de verdad se haga algo que marque una diferencia.
- ¿Cuáles son esas creencias "regulinchis" que tenemos sobre las emociones?
- Muchísimas. Por ejemplo, la creencia de que las personas débiles son las que lloran. Si crees que llorar es ser débil, no expresas tu malestar y no procesas lo que te pasa, cuando el llanto y la tristeza ayudan muchísimo a hacerlo. Otra: pensar que si sientes culpa es porque has hecho algo mal. Hay personas que creen que si han perdido a alguien no pueden disfrutar, no pueden salir, no pueden reírse, porque "tienen" que estar fatal. Y sienten culpa si hacen algo que les hace bien. Pero la culpa nos dice que estamos actuando en contra de nuestros valores. Y a veces el problema no es la conducta, sino el valor: creer que hay que sufrir eternamente cuando se pierde a alguien. También está la creencia de que enfadarse o poner límites está mal. Entonces las personas no piden espacio, no dicen que no, no se permiten estar solas. Se han criado creyendo que tienen que ser complacientes, y sufren tanto por complacer como por no hacerlo.
- ¿Hay gente que dice "yo estoy bien", pero en realidad se han acostumbrado a estar mal?
- No identifican emociones, las reprimen y se sienten atrapadas. Por ejemplo, acabar yendo a un plan cuando estás hecha polvo porque no sabes decir que no. Si esa creencia se hubiera trabajado en terapia, esa limitación no existiría. Escribir ayuda, sí, pero necesitamos sentir que al otro lado hay alguien a quien le importamos. Contar lo que nos ha pasado una y otra vez a personas que quieren escucharnos es lo que nos permite integrarlo. A veces, ante un paciente, pienso que si tuviera una buena red de apoyo, no tendría que venir a contármelo a mí, porque al verbalizarlo se da cuenta. Por eso los buenos vínculos son tan importantes.
Cómo sobrevivir a las putadas de la vida
Está editado por MR Autoayuda y se puede comprar aquí
