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Un nuevo hotel para jugar a los felices años 20 en Valencia

Buenos cimientos, ubicación inmejorable y una sofisticada reinterpretación del art déco invitan a disfrutar del Grand Hotel Centenari.

Interior del nuevo hotel valenciano.
Interior del nuevo hotel valenciano.
Actualizado

Leonardo DiCaprio no lo sabe, pero su archiconocida imagen, brindando y mirando fijamente a cámara caracterizado como el Gran Gatsby en el film de Bazz Luhrman de 2013, ha contribuido a que ahora Valencia pueda disfrutar de lo más parecido a los felices años 20 que ofrece la ciudad: el recién inaugurado Grand Hotel Centenari Valencia.

El fotograma de la película, basada en la novela homónima que F. Scott Fitzgerald publicó en 1954, y convertido en meme, fue una de las imágenes que el estudio de arquitectura ERRE presentó a Antonio Catalán, presidente de ACHM Hotels by Marriott, para ilustrar su proyecto para la rehabilitación integral del emblemático edificio de Telefónica con el objetivo de convertirlo en un hotel de lujo. Pero cuando una observa la construcción y se adentra en ella se da cuenta de que no sólo DiCaprio sirvió para convencer a Catalán, ya que la reinterpretación del art déco para el negocio llevada a cabo por los arquitectos valencianos invita a quedarse.

Para todos los amantes de la arquitectura, el edificio ya era un destino en sí mismo. Una construcción diseñada en 1925 por Santiago Esteban de la Mora e Ignacio Cárdenas Pastor para la sede de Telefónica en la ciudad, que bebía de la Escuela de Chicago y que logró convertirse en emblema de la modernidad de la época. Y como hace cien años desde que se ideara, el nombre del hotel no podría ser otro que 'centenari'.

Fachada iluminada del establecimiento.
Fachada iluminada del establecimiento.

Con un edificio de fuerte estructura ubicado en un lugar inmejorable, en plena Plaza del Ayuntamiento, con vistas al consistorio a un lado y al imponente edificio de Correos al otro, su conversión en hotel parecía lógica. Su propietario Francisco Martínez, califica la transformación de "reto apasionante" cuyo fin último es que los huéspedes "sientan la historia de la ciudad desde el primer momento". M. Ángeles Ros, socia del estudio de arquitectos ERRE, habla entusiasmada del proyecto recorriendo sus estancias y resume el trabajo, que concluyeron en tan sólo 9 meses, con una palabra: "Disfrute".

La reinterpretación del art déco de sus interiores transporta a los felices años 20, haciendo que el visitante también disfrute de las sofisticadas formas geométricas, los materiales nobles y la luz natural que reina en todas las estancias. De película. Y, pese a que todo tenga un sabor entre Chicago y Nueva York, la decoración no olvida dónde estamos y hay guiños mediterráneos que conectan con la cultura local, como las láminas diseñadas en exclusiva que cuelgan de las paredes de las habitaciones con detalles de lugares emblemáticos de Valencia como la cúpula del Mercado Central o un mosaico de la Estación del Norte.

Las 53 habitaciones del hotel se reparten en siete plantas de distintas alturas. Los cuatro primeros pisos tienen una espectacular altura de 4,5 metros y los dos últimos, por ser añadidos en una posterior remodelación en los años 60, tamaño estándar. Todas las estancias presumen de diseño, con muebles de nogal a medida, preciosas celosías que separan espacios y la tecnología más actual al servicio de la comodidad. Pero también presumen de sostenibilidad, es por eso que el proyecto ha obtenido la certificación BREEAM en construcción sostenible, uno de los más altos estándares internacionales. Todo un lujo que cualquiera disfruta, con o sin la mansión de Gatsby en la costa norte de Long Island.

Una de las 53 habitaciones del complejo.
Una de las 53 habitaciones del complejo.

Un espacio también para los valencianos


La sofisticación y el lujo se extienden también al Soul Of 1927, el all-day dining de la planta baja que aspira a convertirse en un espacio que conecte también con los valencianos. La carta, inspirada en los bistrós franceses y la gastronomía de Nueva York y Chicago, prioriza el producto de temporada y de cercanía.

Su oferta está reforzada con un servicio de coctelería que sorprende y que no se ciñe sólo al papel, sino que deja margen a la improvisación del bartender, muy atento al gusto y los intereses de los comensales, como ya pasara en los años 20 durante la ley seca. Como entonces, se pueden degustar las bebidas espirituosas con actuaciones de música en directo: una show de piano casi todas las noches y algunas de las veladas también con acompañamiento vocal.

No se debe pasar por alto uno de los mayores atractivos del lugar: su azotea, irónicamente. Ideal para ver desde una ubicación privilegiada la mascletá fallera o simplemente disfrutar del skyline valenciano mientras te relajas con un refrigerio y algo de picar.

Todo esto y un servicio atento y personalizado hacen que la estancia sea de lujo, tanto que hasta Jay Gatsby, de ser un hombre real de 2025, lo hubiera elegido para hospedarse, asegurándose así una estancia feliz en los años 20, pero de otro milenio.

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