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Se enamoró del lugar, a caballo entre Cartagena y La Manga, y de sus infinitos huertos mirando al Mediterráneo, en el Parque Regional de Calblanque, una de las joyas naturales de nuestro país más desconocidas y salvajes. No había mucho más que eso, cultivos de frutas y verduras (por algo Murcia es la huerta de Europa), pero al empresario californiano Gregory Peters le pareció el sitio ideal para un campo de golf. Y eso que entonces (1972) pocos sabían de qué iba aquello.
Bastaron 11 meses, 3.000 palmeras traídas de Estados Unidos y 320 días de sol al año para levantar La Manga Club, el exclusivo oasis deportivo y de ocio de seis kilómetros cuadrados (o tres veces Mónaco) con tres de los campos de golf más destacados de Europa, restaurantes, casas, tiendas y un hotel de cinco estrellas catalogado como el mejor resort deportivo de España y el número uno de golf del Viejo Continente, según los World Travel Awards, los Oscar del sector.
Hablamos del Grand Hyatt La Manga Club Golf & Spa, el primero de su categoría (grandes complejos de lujo) del grupo en el país. Tras su reciente adquisición, ha sido renovado por completo por el estudio de diseño Room 1804, que ha querido reflejar la arquitectura levantina de la Costa Cálida en cada estancia con tonos claros y acogedores, mucha luz, agua y vegetación, materiales nobles de calidad y elegancia minimalista. No faltan influjos árabes, que se notan sobre todo en el patio del lobby y en el spa.
En definitiva, un destino en sí mismo en la zona más natural e indómita de Murcia marcado por el bienestar integral: alojamiento premium, cuidada nutrición y gran oferta deportiva (a los campos de golf de 18 hoyos se unen ocho de fútbol, 28 pistas de tenis y siete de pádel). "El equilibrio entre cocina innovadora, servicio elevado, instalaciones de primera clase y mimos holísticos son una combinación ganadora", resume Ángel Holgado, su director general. La joya de la corona es, sin duda, el golf, desde los tiempos de Peters, quien se encargó personalmente de traer a los mejores.
No en vano, su primer director fue Gary Player, toda una leyenda. Luego vendrían Manuel Ballesteros, hermano de Severiano, y Víctor García, padre de Sergio. Y para el Centro de Tenis contó con Manolo Santana. Los campeonatos (de los Opens de España a la Copa Davis) y premios llegaron después. También los famosos, ya que por aquí han pasado David Beckham, Matt Damon, John Malkovich, Salma Hayek, Alejandro Sanz, Robbie Williams, Gloria Stefan o los reyes de España.
Todos han podido levantarse rodeados de Calblanque, donde confluyen calas, acantilados, pinares, dunas, salinas y lagunas, además de flamencos, cigüeñelas, camaleones y zorros. Las vistas desde las habitaciones (hay 192 y cuatro tipo de suites, todas decoradas con colores que recuerdan la naturaleza mediterránea y con baños de mármol al estilo de los spas) también son únicas, ya sea a la inmensidad verde de los campos de golf o a esa interminable piscina infinita sólo para adultos.
Hay otras dos en la zona más familiar, junto al bar Sol y Sombra y el club infantil. Tanto mayores como niños pueden apuntarse a la Academia de Golf, con su propio Centro de prácticas de última generación. "Se utiliza la inteligencia artificial para perfeccionar la técnica", explica su director, el británico Craig Donnelly.
Tras las clases nada mejor que visitar el spa Alma, un santuario wellness de 1.700 metros cuadrados inspirado en el hamman andalusí. Hay mil tratamientos personalizados, pero ojo al de aceites esenciales de lavanda, flor tan mediterránea, uno de los más exitosos, en palabras de Paula Sánchez, una de las fisioterapeutas. También recomienda los masajes corporales de rosas, con Vitamina C, holísticos o con piedras calientes y los faciales desintoxicantes como el de La Cura o el rejuvenecedor.
Toca descubrir el apartado culinario, compuesto por 12 bares y restaurantes. Del gastronómico Amapola al Asia o la barra japonesa de Hatsune. Los fans de la cocina italiana tienen la tratoría Don Luigi, ambientada en el Trastévere romano y con pizzas caseras recién sacadas del horno. Tampoco hay que perderse el brunch dominical, considerado el mejor de la región, con música en vivo. Ni La Cala, el restaurante con vistas al mar ubicado, como dice su nombre, sobre una cala, la del Barco, a 10 minutos en coche del hotel (te llevan y te traen).
Allí, hay que pedir pescado (apunte las sardinas a la parrilla, el pescaíto frito a su manera, el lomo de rodaballo en aceite de ñora o el de atún rojo) y marisco (esa gamba roja y ese bogavante azul...), pero también su arroz caldero. Se puede ir a comer o a cenar y quien opte por lo primero puede darse un chapuzón en las aguas cristalinas del mar Menor o tumbarse en el beach club con un cóctel de autor en la mano.
Siguiendo la estela gourmet, se pueden realizar catas de vinos, quesos o cervezas artesanales. Hay más actividades, como sesiones de yoga al atardecer o danza equilibrante y talleres de aromaterapia o productos locales como esparto, cerámica y bolillos. Además, el entorno invita a disfrutar de experiencias al aire libre como una ruta en bici o de senderismo —de día o de noche para ver las estrellas, ya que es un punto clave de astroturismo— por el Parque Regional, que esconde una de las mejores playas de Europa, la de Calblanque, ideal para un paseo a caballo.
Quien lo prefiera en barco puede llegar a la isla de Barón, con su cono volcánico extinguido. Los adictos al buceo tienen la reserva marina de Islas Hormigas, un espacio submarino protegido. También vale la pena acercarse a Cabo de Palos (y a su faro) y empaparse de la vibrante historia de la Cartagena romana.
Más información. Grand Hyatt La Manga Club Golf & Spa. Cinco estrellas con tres campos de golf rodeado del Parque Regional de Calblanque. Internet: www.hyatt.com. Consultar paquetes en la web.











