EUROPA
Escapada

Roma, la ciudad eterna: motivos por los que siempre merece la pena volver

Entre Caravaggio, gelatos, atardeceres idílicos, barrios para perderse sin rumbo, pizzas de masa fina y plazas llenas de vida, una escapada a la urbe italiana siempre apetece. En una primera visita, no deje de tirar una moneda en la Fontana de Trevi (o dos, si busca el amor), recorrer el Trastevere y sentarse en el Panteón para contemplar su cúpula. Es el lujo de la historia.

Uno de los atardeceres mágicos de Roma, con la Basílica de San Pedro al fondo.
Uno de los atardeceres mágicos de Roma, con la Basílica de San Pedro al fondo.
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Roma se disfruta entre suspiro y suspiro, ya sea la primera, la quinta o la décima vez que se visita. No hay ciudad en el mundo que tenga el efecto wow! tan garantizado. Su magia inabarcable, de ahí que se la conozca también como la Ciudad Eterna, algo saturada ahora por el número ingente de turistas que la visitan, se aprecia de maravilla desde cualquiera de los miradores que la rodean. Partimos del Castillo Sant'Angelo, edificio circular a orillas del Tíber que fue diseñado para alojar el mausoleo del emperador Adriano. Desde aquí se contempla uno de los atardeceres más especiales de la ciudad.

Recordemos que Roma se levanta sobre siete colinas, lo que hace que haya diversos puntos para contemplarla en todo su esplendor. A lo largo de los siglos, este castillo ha sido fortaleza, prisión, refugio papal y museo. De ahí que en su interior guarde obras de arte, pinturas, armas así como elementos romanos integrados en él, como la rampa de Alejandro VI que conduce al interior. Si le da la hora de sentarse a la mesa por la zona, acérquese a Alfredo y Ada, un pequeño restaurante italiano de apenas cinco mesas que mantiene todo su encanto y en el que disfrutará de una de las mejores comidas del viaje, sin duda. De aquí, ponemos rumbo a la Plaza de San Pedro, con su forma elíptica y sus 284 columnas dóricas con las que Bernini quiso evocar un abrazo; encima de la columnata, 140 estatuas de santos vigilan a peregrinos y visitantes.

De frente, la basílica, la que es considerada la iglesia más bella de la cristiandad. La cúpula se asoma imponente, pero impresiona casi más cuando se contempla desde el interior. Sus más de 136 metros desde el suelo hasta su cúspide la otorgan el título de la más alta del mundo. Fue diseñada por Miguel Ángel, quien asumió el proyecto en 1547, con 72 años, aunque en su construcción trabajaron otros artistas como Bramante, Rafael, Giacomo della Porta y Bernini, entre otros. Se finalizó en 1590. La Piedad de Miguel Ángel, el trono de San Pedro de Bernini y La Trinidad de Pietro da Cortona son tres de los tesoros que acoge, aunque es el baldaquín barroco de Bernini, en el centro de la iglesia, el que más llama la atención.

Uno de los pasillos de los Museos Vaticanos, donde los guías se hacen hueco entre los visitantes.
Uno de los pasillos de los Museos Vaticanos, donde los guías se hacen hueco entre los visitantes.

Continuamos rumbo a los Museos Vaticanos —compre la entrada con antelación—, que alberga una de las colecciones de arte más grandes del mundo, a los que hay que dedicar al menos un par de horas largas, dependiendo de lo que se quiera ver. Desde luego, la Capilla Sixtina debe estar en el recorrido. La bóveda la pintó Miguel Ángel a petición del Papa Julio II entre 1508 y 1512. El artista decía que "la perfección no es cosa pequeña, pero está hecha de pequeñas cosas"; contemplando sus frescos uno entiende el significado de estas palabras. Las dimensiones, el lugar y el hecho de que pintara él solo los nueve paneles, que representan la historia de la creación del mundo según la Iglesia Católica, la sitúan en la categoría de hazaña. La creación de Adán es la imagen más famosa de la obra.

Roma invita al paseo, a dejarse llevar sin rumbo porque en el camino siempre habrá alguna sorpresa. Fundada por Rómulo y Remo en el año 753 a. C. según reza la leyenda, la ciudad cuenta con nada menos que 13 puntos nombrados Patrimonio de la Humanidad en su centro histórico. Y hay rituales que son parte del viaje, como el de lanzar una moneda a la Fontana de Trevi, obra de Bernini que Anita Ekberg y Marcello Mastroianni convirtieron en icono mundial en La Dolce Vita (1960) de Federico Fellini.

Lo que pocos turistas saben es que se recaudan más de un millón de euros al año, dinero que se destina a obras benéficas y proyectos sociales. Dice la leyenda que quien lanza una moneda, volverá a Roma; quien tira dos, encontrará el amor y el que arroja tres, se divorciará. A primera hora de la mañana, es el mejor momento para ir, aunque siempre va a haber mucha gente.

Hay apetecibles heladerías alrededor de ella para hacer una parada en el camino; una pena que el macchiato ya no se pueda tomar en el Café Grecco, el más antiguo de Roma, porque cerró hace unos meses por desavenencias con los dueños del local, que querían subir notablemente el alquiler. A poca distancia se encuentra el Palacio del Quirinale (residencia del presidente de la República), aunque la ruta más agradable lleva a la Vía del Corso, una de las arterias más conocidas de la ciudad. Al llegar a la Plaza Colonna, coja Largo Chigi hacia la vía del Tritone para tomar después la vía Due Macelli. Nuestro destino, que no son más de 15 minutos a pie, es la Plaza de España y su famosa escalinata de la Trinidad de los Montes. Inevitable recordar a Audrey Hepburn en Vacaciones en Roma. De aquí tomamos la Vía Condotti, calle comercial de las marcas de lujo, para seguir caminando antes de que caiga el sol.

Desayuno con vistas en el Hotel NH Collection Fori Imperiali frente al monumento a Vittorio Emanuele II.
Desayuno con vistas en el Hotel NH Collection Fori Imperiali frente al monumento a Vittorio Emanuele II.

Roma tiene más de 900 iglesias (Santa María La Mayor, San Pietro in Vincoli, Santa María en Trastevere...) y 26 obras de Caravaggio repartidas en templos religiosos, museos y colecciones privadas. En la iglesia de San Luis de los Franceses encontramos La vocación de San Mateo, un resumen de la vida del apóstol en tres episodios: la Vocación, San Mateo y el ángel, y el Martirio de San Mateo. Una maravilla. A poca distancia se encuentra una de las plazas barrocas más vivas de la urbe, Piazza Navona, que en otra época fue un estadio en el que se celebraban competiciones de atletismo y gimnasia. Su forma ovalada la inundan ahora encantadores restaurantes y cafés. En el centro, las tres fuentes de Bernini y Borromini, dos maestros que tuvieron sus más y sus menos en el proyecto.

A la hora de elegir mesa, las opciones se presentan infinitas, aunque hay direcciones que siempre conviene tener en cuenta. La pizzería Da Baffetto integra esta lista. Es una de las históricas y sus pizzas son palabras mayores. Su local, acogedor y algo decadente, invita a sentarse en sus mesitas y contemplar en las paredes las fotos de los innumerables famosos que lo han visitado mientras nos preparan enfrente una pizza al Fiori di Zucca. Aproveche que está en la zona para caminar y curiosear entre encantadoras calles y tiendas —los locales de Bialetti son una tentación para los cafeteros— hasta el Panteón, uno de los monumentos más importantes de Roma, templo construido hace más de 2.000 años. Su cúpula perfecta sigue teniendo un efecto hipnótico en el visitante. Arañe tiempo para no quedarse sin ver el Campo dei Fiori (Campo de Flores), plaza siempre animada con sus puestos de día y sus terrazas cuando cae el sol.

dos 'pizzaiolos' en plena faena en la Pizzería Da Baffetto, una de las históricas de la ciudad.
Dos 'pizzaiolos' en plena faena en la Pizzería Da Baffetto, una de las históricas de la ciudad.AMAYA GARCÍA

Si algo hay que tener en cuenta cuando se viaja a Roma es la ubicación del hotel. El NH Collection Fori Imperiali es un cinco estrellas boutique de 42 habitaciones situado a pocos metros del Foro Romano, otra parada obligada de nuestro viaje. Sólo por la puesta de sol que ofrece desde su Rooftop Cocktail Bar merece la pena la estancia; además cuenta con una buena oferta gastronómica —Oro Bistrot by Natale Giunta es su restaurante—.

Hay visitas organizadas para el Coliseo y el Foro Romano, a las que también se puede sumar el Monte Palatino. El primero, quizá el monumento más icónico de la ciudad, se convirtió en el mayor anfiteatro romano, con una estructura elíptica de 188 metros de longitud, 156 metros de ancho y 57 metros de altura. Recorrerlo es retroceder en el tiempo. Mucha Roma que descubrir y pocas líneas ya para hacerlo. La fama del barrio del Trastevere siempre se queda corta. Perderse sin rumbo por sus callejuelas, comer en algunos de sus típicos restaurantes, comprar algún detalle original y deleitarse con un maritozzo (bollo típico romano relleno de nata) forman parte del paseo, que siempre sabe a poco.

Los parques de la ciudad merecen hueco en la ruta. Mencionamos dos: Villa Borghese y Villa Ada, aunque son muchos más. Para recorrer el primero es buena opción coger una bicicleta. La próxima visita a Roma, eso sí, la haremos sobre dos ruedas. Con el efecto sorpresa intacto. Mientras llega el día, nos conformamos comprando unos llaveros de Vespa para recordar nuestra escapada entre gelatos, caravaggios, historia de la buena y pizzas de masa fina y crujiente.

guía práctica

Cómo llegar. Hay vuelos directos con distintas ciudades con Iberia, Air Europa, Ryanair...

Dónde dormir. NH Collection Fori Imperiale (nhcollectionforiimperiali@nh-hotels.com). Hotel boutique con excelente ubicación cerca del Coliseo romano. Ofrecen reservas en restaurantes, excursiones y admiten mascotas. Su terraza en la azotea es uno de los tesoros del alojamiento. Via di Santa Eufemia, 19.

Dónde comer. Pizzeria Da Baffetto (Via del Governo Vecchio, 114). Un histórico de la ciudad donde probar pizza de masa fina y crujiente. Siempre hay cola, pero merece la pena. Mercado Central de Roma (www.mercatocentrale.com/rome). Infinidad de puestos, con la pasta como estrella en muchos de ellos. Muy recomendable.

Más información: en la web del turismo www.italia.it/es

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