ESPAÑA
Escapada

Vinos, cuevas, Clint Eastwood y una princesa noruega: todo cabe en este sorprendente rincón de Burgos

La Ruta del Vino de Arlanza despunta gracias a su llamativa variedad de destinos, con Lerma y Santo Domingo de Silos como principales banderas.

Barrio de bodegas en Baltanás.
Vista del barrio de bodegas de Baltanás.ACEVIN - Ruta Vinos de España
Actualizado

Lo que se va a contar aquí podría parecer fruto de un desconocido realismo mágico burgalés, pero más bien es pura cotidianidad. Se habla de pueblos que tienen una segunda estructura subterránea igual de extensa y compleja que en la superficie, desde la que se luchó contra Napoleón. De monjas de clausura que viven enganchadas a las redes sociales. De artesanos a los que su obra se les fue de las manos y crearon su propia ciudad. De princesas noruegas. De una película protagonizada por Clint Eastwood. De cerros que lucen chimeneas para ventilar las entrañas de la tierra... Las pistas podrían llevar a la confusión: en Burgos, con un río como eje y apasionados del vino. No, no es la ribera del Duero, sino la ruta del Arlanza.

Podría fijarse Lerma como núcleo de esta comarca, localidad que hace cuatro siglos floreció gracias a la grandiosa especulación inmobiliaria del valido del rey, el Duque de Lerma, que la convirtió en su refugio y base de operaciones y a la que atrajo en numerosas ocasiones a la Corte. Esa distinción real se revive fielmente hoy en las visitas guiadas por los pasadizos que conectaban el Palacio Ducal con el convento de las clarisas. Roberto Rodríguez es un guía peculiar que dirige un recorrido teatralizado para que los visitantes se sientan como si estuvieran en 1618 y acompañaran a Felipe III en sus paseos por Lerma. Esos pasadizos a la colegiata suman más de 700 metros y 40 ventanas, y la visita se completa en una hora y media aproximadamente. A las puertas de la colegiata, al finalizar el recorrido, una estatua de José Zorrilla en un banco, en recuerdo a las temporadas que el autor de Don Juan Tenorio pasaba allí en la casa familiar.

Versos de José Zorrilla, en Lerma.
Versos de José Zorrilla, en Lerma.J. L. M. V.

Esos conventos de la época de Felipe III siguen en funcionamiento, pero adaptados a la vida actual. Es el caso de las dominicas de Lerma, una comunidad de monjas que ocupa un convento mastodóntico junto al Parador, el antiguo palacio ducal. En su día a día, además de rezar, ocuparse del edificio, de la huerta, de la tienda y de las visitas, estas monjas de clausura tienen una infatigable actividad en redes sociales: más de 50.000 seguidores en Instagram, 30.000 en Facebook, 60 grupos en WhatsApp... donde lanzan "el reto del amor", su granito de arena para "unir desde el amor" y que este mundo sea un poco mejor. Tanto ajetreo entre el convento y la vida virtual hace que les falten horas al día. "Menos mal que existe la eternidad", dice con sorna sor Leticia, la atípica priora de 48 años con un pasado sorprendente como campeona de España de esgrima en su juventud.

Además de los espirituales, Lerma guarda otros secretos, y estos, bajo tierra. Se trata de una segunda ciudad excavada a pocos metros bajo tierra, casi en su totalidad en manos de sus vecinos, pero visitable. Su origen tiene mucho que ver con la picaresca española: las ordenanzas municipales en la Edad Media gravaban la entrada de vino en la ciudad, pero no de uva, por lo que los vecinos compraban el fruto y elaboraban el licor en bodegas horadadas de forma artesanal bajo sus casas. La práctica se fue extendiendo de tal forma que el subsuelo de Lerma se convirtió en un hormiguero utilizado por los ciudadanos incluso para luchar contra las tropas napoleónicas durante la Guerra de la Independencia cuando los franceses tenían su cuartel general en el actual Parador, como explica Claudio, uno de los guías de las visitas organizadas. Esta resistencia antinapoleónica estaba comandada por el cura Merino, cuyos restos están enterrados en la plaza de Santa Clara de Lerma. Los recorridos abiertos al público incluyen el relato de la historia, visita a bodegas con tinajas congeladas en el tiempo y cata en el parador por siete euros.

Porque el vino es, sin duda, el auténtico eje vertebrador de la ruta del Arlanza. No en vano, la Ruta del vino Arlanza forma parte de las 38 Rutas del vino de España, una auténtica red que conecta los principales puntos productores del vino, donde esta bebida es parte de su historia y su cultura.

La D.O. Arlanza

Así ocurre en la comarca del Arlanza, entre Burgos y Palencia, aunque sus bodegueros reconocen que durante unos años esta conexión entre el vino y la tradición estuvo cerca de desaparecer. Ahora, la mayoría de las bodegas apuestan por la producción artesanal, a pequeña escala, con pocas prisas y mucho empeño por innovar. Así lo cuenta Marilé, la propietaria de la bodega Araus Ballesteros, en el pueblo de Villahoz, en una pequeña finca de cuatro hectáreas de uva tempranillo y una pequeña parte de cabernet sauvignon. Aquí producen también el llamado vino del frío, vendimiado en enero de madrugada, a una temperatura nunca superior a los 6 o 7 grados bajo cero. Lo fermentan de forma natural unos dos meses y lo prensan en la calle, para mantener la temperatura baja. El resultado es una mezcla de vino y moscatel ligero y de 14º de alcohol. Esta bodega también recibe visitas que incluyen la degustación de tres vinos y picoteo por 10 euros por persona. Desde el comedor de la bodega se ve el pueblo, con su enorme iglesia de la Asunción, del siglo XVI, desproporcionada para el tamaño de Villahoz y que guarda un secreto en su sacristía: un cine primitivo con 119 escenas de la vida de Cristo. En la cata, Marilé no puede evitar recomendar sus rosados, que son los que más le gustan a ella, y resume con orgullo en una frase el trabajo de su familia: "Esto es el vino del milagro".

Covarrubias, uno de los Pueblos más Bonitos

Lo mismo ocurre en Covarrubias, donde el milagro reside en tener un pueblo con varias bodegas sin ver una sola viña en sus alrededores, porque están muy a las afueras, en las laderas de sus cerros. El acceso a la bodega Covarrubias está escondido tras una puerta que parece una simple entrada a un garaje, pero tras el portón se accede a una cueva con dos siglos de antigüedad y una producción anual de 30.000 botellas. Aquí están recuperando los depósitos de cemento para fermentar el vino, un material que cayó prácticamente en desuso pero que vuelve a utilizarse. Esta bodega también admite visitas con cita previa, a un precio de 4 euros con la cata de tres vinos.

Cueva de la bodega Covarrubias.
Cueva de la bodega Covarrubias.J. L. M. V.

Y ya que se está en Covarrubias, no hay que dejar de pasear por sus calles. No en vano, está considerado uno de los Pueblos más Bonitos de España, con sus casas con vigas de madera vista, su colegiata, la plaza mayor y el paseo con vistas al río Arlanza. Aquí el vino lo impregna todo e incluso hay un negocio de botas, aunque con un estilo realmente rompedor por fuera, con diseños atrevidos, y por dentro, con el uso de látex en lugar de pez, para poder contener otras bebidas.

A las afueras de Covarrubias se puede ver la ermita más singular de toda Castilla. Está dedicada a San Olav, santo noruego, y su arquitectura hace frotarse los ojos. Sus autores, los arquitectos Pablo López Aguado y Jordi González, la definen como románica por su concepto, pero que nadie espere piedras: un caparazón de acero oxidado la recubre, con el campanario retirado. ¿Y por qué esa devoción a un santo noruego en el corazón de Burgos? La clave está en la princesa Cristina de Noruega, que llegó a España en el siglo XIII para casarse con el infante Felipe, hermano del rey Alfonso X el Sabio. Esa princesa era devota de San Olav y por eso se levantó este templo que tiene varias singularidades, como un reto para los visitantes: hallar un solo ángulo recto en su estructura.

La peculiar ermita de San Olav, en Covarrubias.
La peculiar ermita de San Olav, en Covarrubias.J. L. M. V.

Gregoriano en Santo Domingo de Silos

La tercera pata imprescindible de este triángulo del Arlanza sería el Monasterio de Santo Domingo de Silos, erigido en el año 1040 sobre las ruinas de un antiguo templo. El imán que atrae a los turistas es su claustro románico de dos alturas, único, obra de cuatro o cinco escultores diferentes, cada uno de los cuales dejó impreso su estilo y su huella, aunque no sepamos hoy sus nombres. Uno de los rincones especiales es la botica, que funcionó como farmacia del pueblo hasta bien entrado el siglo XX. Y, por supuesto, el canto gregoriano de los monjes. Hoy el monasterio lo ocupan 22 monjes con edades comprendidas entre los 23 y los 90 años, explica el abad, Lorenzo Maté, al frente de Santo Domingo desde el año 2012.

El abad de Santo Domingo de Silos, en el claustro románico.
El abad de Santo Domingo de Silos, en el claustro románico.J. L. M. V.

Muy cerca de Silos está uno de los escenarios más singulares que uno pueda imaginar. Basta con coger el coche y en 10 minutos desde Silos llega al lejano Oeste. O, al menos, a una versión de lo que era el lejano Oeste norteamericano, la que tenía en su cabeza el director Sergio Leone, que usó el emplazamiento de la Peña El Carazo para rodar escenas de El bueno, el feo y el malo en 1966. Para llegar se puede acceder por un camiino bien cuidado de tierra desde Silos o desde el pueblo de Contreras, pero es mejor hacerlo por el primero para hacer un alto en el camino y observar Sad Hill desde el mirador. Para quien no tenga la película fresca en la memoria: el cementerio de las escenas finales, en las que Clint Eastwood se encara con el Feo y... mejor no hacer espóiler. Hoy se pueden ver esas tumbas cochambrosas en un escenario de apariencia desértica gracias a los aficionados de la Asociación Sad Hill, que descubrieron el emplazamiento mezclando su pasión cinéfila con trabajo casi arqueológico, como explica su presidente, Sergio García. A 6 kilómetros de este lugar está, también reconstruido, el que fue en la película de Leone el campo de prisioneros de Betterville.

La silueta de Clint Eastwood se recorta en Sad Hill.
La silueta de Clint Eastwood se recorta en Sad Hill.J. L. M. V.

Mucho más arraigado a la tradición castellana está el recinto conocido como Territorio Artlanza, en la localidad de Quintanilla. Tan singular o más como su resultado es el origen del mismo, porque si la serendipia más conocida es el descubrimiento de América, la de Félix Yáñez no debería de quedar muy lejos. Este ceramista veía cómo la crisis de 2008 acababa con su pasión, con su oficio. No estaban los bolsillos para comprar cerámica artesanal y tuvo que replegarse a su taller, dejar las ferias donde vendía y dedicarse a lo que consideraba un hobby, un mero capricho: reproducir casas, fuentes, comercios y otros elementos de su tierra castellana. Los pocos clientes que pasaban por su taller compraban alguna figura, pero sobre todo quedaban prendados con esas casitas que reproducían un pasado que añoraban o que admiraban por no haberlo conocido más que de oídas. Y pedían verlo. Así que Félix se fue animando cada vez más, rato a rato, espacio a espacio, hasta levantar lo que él llama "la escultura más grande del mundo", un auténtico parque de atracciones de la España rural sobre más de 30.000 metros cuadrados.

Hay de todo: desde la tasca con todos sus elementos, del sifón a las barajas, hasta la zapatería, con más de mil piezas, la escuela, la plaza del pueblo, la bodega en una cueva o una ermita. No sólo son decorados, sino que la mayoría de las estancias tiene elementos originales comprados en anticuarios o donados. Incluso hay fotografías de vecinos de Quintanilla que se emocionan al verse retratados o ver a sus antepasados. De hecho, esto es lo que más llena de orgullo a Félix: "Esa puerta y esa ventana han tenido su vida y hablan de la gente que ha pasado por ellas", dice con nostalgia y orgullo.

Félix Yáñez muestra su obra en Territorio Artlanza, en Quintanilla.
Félix Yáñez muestra su obra en Territorio Artlanza, en Quintanilla.J. L. M. V.

El Cerrato palentino

La Ruta del Vino Arlanza.se completa en el Cerrato palentino, en Baltanás, un pueblo vigilado por las chimeneas de su barrio de bodegas, que le dan un aspecto semejante a la Capadocia turca. Hay que imaginarse el barrio como un gran termitero, pues está excavado en seis niveles que se fueron haciendo desde mediados del siglo XVI. El espacio más amplio y fácilmente visitable es el lagar, donde los vecinos llevan sus uvas para ser prensadas. Aunque un paseo entre las chimeneas y la subida a lo alto para tener vistas de la iglesia del pueblo y del palacio es llamativo, lo más recomendable es redondearlo con una visita guiada que muestre todos los rincones de este bien de interés cultural. Hay dos modalidades: visita a bodega privada y al lagar o una completa al museo, la iglesia y el lagar o una bodega. De nuevo las entrañas de la tierra, la historia y el vino. Todo mezclado en el Arlanza.

DÓNDE DORMIR

Parador de Lerma: en la plaza de la localidad. Antiguo Palacio Ducal. Habitación doble desde 113,90¤. Convento San Francisco, en Silos. Un convento restaurado a 10 minutos de Santo Domingo. Desde 115¤ con desayuno.

DÓNDE COMER

Asador Emeterio, en Silos. Especializado en lechazo al horno de leña y platos castellanos. La Zarcera, en Baltanás. Mezcla comida tradicional con nuevas tendencias. Un solete de la Guía Repsol. Asador Eufrasio, en Lerma, muy cerca de la plaza y el Palacio Ducal.

Puedes seguir a El Mundo Viajes en Facebook, X e Instagram y suscribirte a nuestra newsletter aquí