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Quizá septiembre no sea el mes de los viajes lejanos para los que ya se han ido de vacaciones, pero sí para una escapada de fin de semana por España. A ellos está destinada esta ruta de pueblos bonitos para redescubrir nuestro país.
Aínsa (Huesca)
El pueblo pirenaico de Aínsa, en la comarca oscense de Sobrarbe, es uno de los clásicos que siempre aparece en la lista de los pueblos más bonitos de España. Razones le sobran, ya que custodia el medievo como pocos, por lo que un paseo por su casco antiguo, declarado Conjunto Histórico y Bien de Interés Cultural, permite retroceder en el tiempo entre tesoros arquitectónicos como su Plaza Mayor porticada, sus callejuelas empedradas, su iglesia de Santa María (con sus impresionantes conciertos en el claustro), su castillo sobre la confluencia de los ríos Ara y Cinca o su templete de la Cruz Cubierta. Muy cerca, además, se sitúa el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, lo que convierte a la localidad en pun enclave ideal para disfrutar del patrimonio y la naturaleza y patrimonio.
Mojácar (Almería)
Quien todavía busque playa, buen tiempo y sur puede optar por una escapada a Mojácar, en Almería, esa bella localidad toda teñida de blanco blanco cuyo nombre remite al griego (Murgis-Akra se llamaba), aunque fueron los árabes los que la pusieron en el mapa transformando su denominación a Munt Saqar que luego derivaría en Muyaqa. Allí, entre fachadas encaladas, cuestas empinadísimas y balcones repletos de geranios aún es posible disfrutar del verano mirando al mar. No en vano, el municipio cuenta con seis playas de bandera azul, por lo que el último chapuzón de la temporada estival está garantizado. También hay que dar un paseo para disfrutar de la plaza del Parterre, la Puerta de la Ciudad, la Fuente Mora o la de los 13 caños, el museo de Casa de la Canana para ver cómo era una vivienda tradicional de la zona en la primera mitad del siglo XX.
El Burgo de Osma (Soria)
Declarada Villa de Interés Turístico y Conjunto Histórico-Artístico, El Burgo de Osma no es sólo una una joya de la Soria medieval a menos de dos horas de Madrid, sino también otro de los pueblos (oficiales) más bonitos de España. Buena culpa tienen emplazamientos como la castellana Plaza Mayor, con su antiguo hospital de San Agustín, la catedral de la Asunción, las ruinas del propio castillo de Osma o la antigua Real Universidad de Santa Catalina, fundada en 1550 por el obispo Pedro Alvárez de Acosta y en funcionamiento hasta 1841. Ahora alberga uno de los cinco retoños de Castilla Termal, la cadena hotelera de balnearios premium ubicados en edificios históricos como éste. Sus aguas termales de propiedades terapéuticas invitan a disfrutarlos todo el año y en septiembre, mucho más.
Morella (Castellón)
La siguiente propuesta nos lleva hasta la provincia de Castellón, donde se sitúa Morella, un importante cruce de civilizaciones que supo llevarse lo mejor de sus pobladores al situarse estratégicamente entre el valle del Ebro y el mar Mediterráneo. Así, el municipio goza de una estética que presenta testimonios de otras épocas, destacando la época medieval, cuando se llenó de gremios como herreros, orfebres, plateros, o tejedores. Sin olvidar los comerciantes que iban y venían desde otros enclaves del Mare Nostrum para vender sus mercancías. Hoy, no hay que perderse una visita a su popular castillo, elevado a más de 1.000 metros de altitud, y ejemplo clave del maestrazgo castellonense. También merece la pena descubrir el acueducto gótico, la Casa del Ayuntamiento, la iglesia gótica arciprestal de Santa María La Mayor o el convento de San Francesc.
LAGUARDIA (ÁLAVA)
Rodeada de viñedos (por algo es la capital de la Rioja Alavesa y de sus excepcionales vinos), el municipio de Laguardia no sólo es famoso por sus bodegas subterráneas, sino que también se enorgullece de un trazado medieval que se mantiene casi intacto pese al paso de los siglos. Así, es posible recorrer sus callejuelas empedradas admirando obras monumentales como la Casa de la Primicia, del siglo XIV, el edificio civil más antiguo de la villa. Durante el paseo también merece la pena admirar la iglesia fortificada de San Juan Bautista o la de Santa María de los Reyes, con un pórtico policromado atribuido a Juan Francisco de Rivera. Sin olvidar la torre-castillo Abacial, una joya de planta cuadrada similar a las que se construía en Italia antaño en forma de fuerte que sirvió de defensa a las murallas de la villa.
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