ASIA
Historia

La belleza eterna de Samarcanda y Bujara, las míticas capitales de la Ruta de la Seda en Uzbekistán

Viaje al centro de todas las tierras en Uzbekistán, un auténtico éxtasis para la eternidad

El alminar Kalon corona Bujara desde 1127. A sus pies, la mezquita y la madrasa de Mir-i-Arab.
El alminar Kalon de Bujara, la mezquita y la madrasa de Mir-i-Arab.SUTTERSTOCK
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En un costado de Gur-e Amir, el mausoleo donde reposan los restos del emperador Tamerlán en Samarcanda, una placa casi oculta por las hojas de una morera indica el nombre de la calle que conduce al Registán, una de las plazas más bellas del mundo. Rui Gonsales de Klavixo Ko'Chasi, se lee sobre un muro de ladrillos y azulejos vidriados azules y turquesa en memoria de este madrileño, quien hace ya 620 años se convirtió en el primer europeo en visitar la corte timúrida. El relato de su viaje, desde su partida de El Puerto de Santa María en 1403 hasta que regresó ante el rey de Castilla Enrique III en Alcalá de Henares tres años después, nos concede el privilegio de ver ahora esta fascinante ciudad de Uzbekistán, y su vecina Bujara, a través del esplendor que acreditaron sus ojos.

«Está asentada en un llano e es cercada de un muro de tierra e de cabas muy fondas; e es poco más grande que la ciudat de Sevilla (...) Es toda en derredor cercada de muchas huertas e viñas. E tan abastada, que es maravilla», escribió en el siglo XV el emisario del rey castellano. Ruy González de Clavijo fue huésped de Tamerlán en Samarcanda durante 74 días en los que conoció a sus ocho mujeres y asistió a sus pantagruélicas fiestas en la gran capital que había construido sólo 150 años después de que Gengis Kan la redujera a cenizas. En su libro Embajada a Tamorlán describe el mayor oasis de la Ruta de la Seda, a donde el emperador hizo llevar maestros de todas las artes -arqueros y armeros, los que labran el vidrio y el barro, plateros y canteros, «e de todos los menesteres que quisierdes»-, más de 150.000 personas, «turcos e alarbes e moros (...) e cristianos armenios e griegos católicos», así como mercancías de todos los rincones del extenso imperio, uno de los mayores de todos los tiempos: «De Ruxia e de Tartalia van cueros e lienços; e del Catay, paños de seda, que son los mejores (...) e otrosí almizque (...), diamantes, e de la India nuezes moscadas, clavos de girofre, flor de la canela e gingibre, cinamon e otras especies que no van en Alixandría».

Una calle recuerda en Samarcanda al embajador de Castilla Ruy González de Clavijo.
Una calle recuerda en Samarcanda al embajador de Castilla Ruy González de Clavijo.E.M.

El embajador atestiguó este apogeo, así como la decrepitud del conquistador. Tamerlán tenía 69 años y «era ya muy flaco e ya avía perdido la fabla e estava a punto de muerte» y ciertamente falleció tres meses después de la marcha de los castellanos, el 19 de enero de 1405, mientras con sus últimas fuerzas dirigía su ejército al oriente con el propósito de conquistar nada más y nada menos que China.

«Tamerlán, descendiente de Gengis Kan», puede leerse en el túmulo situado desde entonces bajo la cúpula de Gur-e Amir. El mausoleo es de una belleza abrumadora, con sus azulejos trenzados en azules y oro, volúmenes ora cóncavos, ora convexos y mármoles de brillo cegador. Dentro son impactantes las inscripciones coránicas que envuelven la sala y las geometrías que simulan en la bóveda el firmamento. El lugar tiene un poderoso simbolismo, ahora que Tamerlán conecta a la joven nación uzbeka nacida del colapso de la URSS en 1991 con un pasado glorioso y ajeno al dominio ruso de los últimos siglos. Así lo recuerdan múltiples monumentos, plazas y homenajes a lo largo y ancho del país.

Geometrías en el interior de Gur-e Amir, el mausoleo de Tamerlán en Samarcanda.
Geometrías en el interior de Gur-e Amir, el mausoleo de Tamerlán en Samarcanda.IRATXE ROJO

En realidad los restos del emperador no están en esa sala, sino en la cripta situada debajo, a la que se accede a través de una portezuela ignorada por la mayoría de los visitantes. No se puede entrar, pero sí lo hizo en los años 80 del siglo pasado un equipo de la televisión japonesa NHK cuando filmaba la magnífica serie La Ruta de la Seda. En el capítulo 24 se puede ver el interior de la cámara y hasta el mismísimo esqueleto de Tamerlán, en fotografías de 1941, cuando el sarcófago fue abierto desafiando la maldición grabada en su superficie: «Cuando regrese a la luz del día, el mundo temblará». Sólo alguien tan sanguinario como Stalin pudo ignorar semejante advertencia, con un coste que aviva las supersticiones, pues dos días después de la exhumación Hitler lanzó la operación Barbarroja contra los soviéticos y tres meses después de que el cadáver fuera colocado de nuevo en la tumba, en 1943, los alemanes se rendían en la decisiva batalla de Stalingrado.

Los japoneses entrevistaron al único superviviente del equipo de exhumación, el profesor Khakimov, quien constató que el emperador reposaba con la cabeza orientada a la Meca, con jirones de una lujosa túnica de seda y una pierna más corta que la otra, demostrando que era merecidamente conocido como el Cojo. «Parecía un gigante. Tenía la cara muy ancha y aún conservaba en la sien y en la barba pelo de color rojizo», detalla en el documental. Lo que no pudieron certificar los investigadores fue el autoproclamado vínculo de Tamerlán con Gengis Kan.

El Registán, cumbre de la exaltada belleza de Samarcanda.
El Registán, cumbre de la exaltada belleza de Samarcanda.I.R.

Un paseo por la calle Clavijo, entre patios arbolados y casas de huéspedes, desemboca en el Registán, donde es imposible no asombrarse con la monumentalidad de las enormes y bellísimas madrasas deUlugh Beg, Sher Dor y Tilla Kari. La explanada vacía ante ellas crea una disposición teatral. Se puede posar como en un escenario, deambular, abrir los brazos y hasta bailar entre los tres edificios sin poder decidir dónde fijar la mirada, si en los alminares coronados con filigranas, en las cúpulas bulbosas, los alizares de simétrica geometría y motivos florales, en las enigmáticas celosías, o en los insólitos mosaicos que representan a tigres-leones y rostros humanos en el iconoclasta islam. Un éxtasis para recordar toda la vida.

En tiempos de Clavijo era una plaza arenosa con un caravanserai para descanso de los comerciantes de la Ruta de la Seda y un enorme bazar. Así quiso Tamerlán propiciar los negocios. También allí se realizaban no pocas ejecuciones, como reseña el madrileño.

Una mujer borda un 'suzani' en Bujara.
Una mujer borda un 'suzani' en Bujara.I.R.

El hechizante conjunto que se erige en la actualidad nace del sueño de Ulugh Beg, nieto del fundador del imperio timúrida. Fue un ilustrado, poeta y destacado astrónomo capaz de calcular con precisión la duración del ciclo solar dos siglos antes de que se inventara el telescopio. Su observatorio, bien conservado, es visita ineludible.

Sólo 13 años después de la marcha de Clavijo, Ulugh Beg erigió la madrasa que lleva su nombre y donde un centenar de alumnos estudiaban el Corán, pero también astronomía, matemáticas, filosofía y literatura. Su hijo, impulsado por los fanáticos religiosos, acabó con la vida de Ulugh Beg. «Aprended para siempre que las religiones se dispersan como la niebla, los reinos se destruyen, pero los trabajos de los científicos permanecen por eras», reza una inscripción en el monumento al astrónomo.

En las calles aledañas al Registán, cerca del animado mercado de Siyob, hay varias casas de té donde reponer fuerzas y, de paso, sumergirse en estos locales -chaikhanas- que son el núcleo de la vida social en Uzbekistán. Con suerte, habrá un tapchan libre, un banco elevado cubierto con alfombras donde descalzarse y disfrutar de una taza de té verde, el favorito de los uzbekos, ante el fascinante desfile de rostros y ropajes, el mosaico étnico de Asia Central fruto de miles de años de migraciones entre Oriente y Occidente.

Muñecas en el mercado cercano a Chor Minor en Bujara.
Muñecas en el mercado cercano a Chor Minor en Bujara.I.R.

A un lado está el mausoleo y mezquita de Bibi Khanum, deslumbrante a pesar de que sigue en obras como cuando lo vio Clavijo. Tamerlán, que iba a diario, «mandava traher mucha carne cozida y echávangela a los que andavan en el foyo, como quien la dava a perros». Fotos antiguas dan prueba de la ruina que llegó a ser por culpa de las guerras y los terremotos.

Un viaducto sobre una carretera da acceso a la necrópolis de Shah-i-Zinda, ideal para la puesta de sol. Es tan arrebatadora la belleza de los panteones, con sus ornamentos blancos, turquesa, verdes y violeta, de delicadísimas filigranas, que es fácil olvidar que es un lugar santo para los musulmanes, además de un cementerio, y abandonarse a un delirio fotográfico.

Estamos en la colina de Afrosiyob, donde hunde sus raíces Samarcanda, Uzbekistán y, en palabras del erudito chino Xuanzang, «el centro de todas las tierras del oeste», según constató en el siglo VII en su peregrinaje a la India. Los griegos que transitaron por la Ruta de la Seda la conocieron como Maracanda, y fue destruida parcialmente por Alejandro Magno y por completo, y para siempre, en el siglo XIII por Gengis Kan. Las excavaciones arqueológicas, que afrontan hasta diez metros de profundidad con cinco niveles de edificaciones, hallan muestras de la sangre, los huesos y el fuego que dejó a su paso el conquistador mongol. Vale la pena visitar el museo, donde un mural rescatado del palacio sogdiano del siglo VII muestra el refinamiento y la relevancia diplomática de aquella civilización extinta. Desde la carretera, saltan a la vista las cuevas y fortificaciones helenísticas, las murallas con aspilleras en forma de flecha y otros muchos vestigios aún por estudiarse.

Esplendor arquitectónico en la Ruta.
Esplendor arquitectónico en la Ruta.D.R.SUTTERSTOCK

Afrosiyob es hoy el nombre del Talgo que une Samarcanda y Bujara. El camino que a Clavijo le llevó seis jornadas se hace ahora en dos horas de tren. Para él fue un vergel donde proveerse de pan, carne, vino y caballos en el largo retorno a Castilla. Para el viajero de la actualidad, entrar en Bujara es transportarse a Las mil y una noches. Hay que pasear por el casco viejo a primera hora y fantasear, sin más turistas, con ser un habitante más de este oasis, uno cualquiera desde hace más de 3.000 años. Un mercader zoroastriano, una pastora budista, un herrero sogdiano, el mismísimo Avicena, nacido aquí, o un niño musulmán que estudiara en una de las 250 madrasas que llegó a tener la ciudad.

Cruce estratégico de la Ruta de la Seda, Bujara es un lugar donde echar a volar la imaginación con múltiples reencarnaciones. Sus calles libres de tráfico se prestan a ello, y sus bazares abovedados a salvo del calor del desierto desde el siglo XVI, así como los edificios que han sobrevivido a las sucesivas destrucciones desde Alejandro Magno. Gengis Kan sólo dejó en pie dos: el enigmático mausoleo del emirIsmail Samani se salvó por estar cubierto de arena; y el minarete Kalon, dicen que por encontrarlo práctico como faro para las caravanas.

Los mercados abovedados de Bujara, esencia de la Ruta de la Seda.
Los mercados abovedados de Bujara, esencia de la Ruta de la Seda.I.R.

Tamerlán también asoló Bujara, para mayor gloria de su amada Samarcanda. Por último, los soviéticos echaron abajo las murallas y otros muchos monumentos. Bujara siempre se ha reconstruido. Lo saben las míticas aves fénix persas -simurgh- que custodian la madrasa Nadir Divanbeg, junto al estanque de Lab-i Hauz, corazón de esta villa eterna.

LLEGAR

Samarcanda

Tiene un flamante aeropuerto. A falta de conexiones regulares directas, hay que volar vía Estambul con Turkish Airlines o pasando por Dubai con Emirates.

Bujara

El Talgo Afrosiyob la une con Samarcanda en unas dos horas.

DORMIR

Samarcanda

Savitsky Plaza. Nuevo y lujoso. A pocos kilómetros del centro, frente a un canal navegable y junto a una agradable ciudadela de tiendas y restaurantes.

Ametist Hotel. Cómodo, muy bien equipado y cerca de todo.

Bujara

Vale la pena dormir en el casco histórico.

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