Era la crónica de una muerte anunciada, pero todavía quedaba un atisbo de esperanza, que anoche Jorge Javier Vázquez terminó por matar. Se acabó Gran Hermano. Los malos datos de audiencia, la falta de interés de los espectadores y el fracaso en los intentos por reflotar un reality que estaba moribundo han llevado a Telecinco a confirmar una muerte por la que doblaban las campanas desde hace días.
A principios de esta semana, la cuenta especializada en televisión Poco Pasa TV volvía a informar sobre una decisión de Mediaset: Gran Hermano estaba ante su última edición y sería antes de Navidad cuando Telecinco pondría fin al reality. Anoche, Jorge Javier Vázquez lo confirmaba en la quinta gala de GH 20: "El desenlace está cada vez más cerca. Todos pasarán la Navidad con sus familias y uno de ellos como ganador de GH 20, y uno lo pasará como ganador de GH 20". Un intento por suavizar y no hacer sangre sobre el final de un histórico programa, que cambió la televisión, pero que 25 años después ha tocado fondo.
España no estará en Eurovisión 2026 y Gran Hermano anónimos ha muerto. ¿Podrían juntarse dos de las noticias más dolorosas para los amantes de la televisión en un mismo día? Pues sí, podían, y así fue. La primera, porque RTVE no ha logrado el objetivo de expulsar a Israel de Eurovisión; la segunda, porque Gran Hermano 20 ha mostrado una realidad que, aunque dolorosa, es una realidad: GH está muerto y no ha habido manera de resucitarlo.
Intentó Telecinco anoche suavizar de la mejor manera posible la crónica del desastre. Jorge Javier Vázquez se plantó en medio del plató e intentó que no pareciese que esto es el fin, que esto se ha terminado, que a Telecinco no le quedaba otra más que poner punto final al que fuera el formato de todos los formatos. Había dos opciones, o hacerlo así o a través de un comunicado de la cadena. Eligieron la mejor opción, la que menos drama podía provocar, la que menos impacto. Pero la realidad sigue siendo la misma. Anoche, tres expulsiones de golpe, la semana pasada otras dos, así no se podía seguir.
Nunca nadie puede alegrarse de que un programa de televisión llegue a su fin. Es mucho el trabajo que hay detrás, muchos esfuerzos, muchas caras que, aunque no se ven, están ahí detrás intentando salvar lo que en esta ocasión era insalvable. Con una Telecinco que está pasando el peor momento de su historia, no se podían mantener los datos de audiencia que estaba haciendo Gran Hermano. Que Gran Hermano estuviera haciendo datos que pocas veces superaban el 12% de pantalla, con una cadena en su peor crisis, era insostenible.
Mi madre diría que se han juntado el hambre con las ganas de comer; yo, que se han alineado los planetas: cadena en crisis, formato caducado e imposibilidad de hacer más. Si los espectadores, dueños y señores del mando de televisión, no quieren un programa, poco más se puede hacer. Que Horizonte, el programa de Iker Jiménez en Cuatro en el prime time de los jueves, superase a Gran Hermano, el gran formato, el reality de los realities, fue la última estocada. Sin desmerecer a Horizonte está claro que esto no era normal, que esto no se podía sostener. Y no se ha sostenido.
Gran Hermano 20 ya es la edición más corta de la historia del reality, pues acabará como muy tarde dentro de dos semanas; y será, con casi total seguridad, la última edición de anónimos del reality que lo fue todo. Las cosas cambian, la audiencia cambia y en televisión no existe la bola de cristal para saber qué quieren los espectadores y para saber cómo revivir un formato que ya en su edición pasada hace dos años empezó a dar pistas de que lo que fue Gran Hermano para la audiencia no quedaban ni las raspas.
Arrancó hace cinco semanas con el peor estreno en audiencia de la historia de Gran Hermano. A los pocos días, la tira diaria por la que apostó Telecinco y que cambió durante cuatro días la parrilla de las tardes de Telecinco fue cancelada. El debate, con Ion Aramendi y programado para las noches de los domingos, como siempre ha sido, empezó con un dato de audiencia que hizo que temblase el misterio. Telecinco lo intentó salvar programando antes que él el debate de La isla de las tentaciones (ahora mismo el programa que está salvando los muebles a Telecinco), y lo retrasó al late night, pero ni con esas.
No sabemos cómo ha funcionado Gran Hermano en la plataforma de Mediaset, Mediaset Infinity, pero sí sabíamos los malos datos de audiencia para un formato que iba a ser una de las grandes apuestas de la temporada: casa nueva y espectacular, toda la carne en el asador, pero ni por esas. La audiencia no se enganchó a Gran Hermano y Gran Hermano depende de esa audiencia, probablemente, más que cualquier programa.
La primera gala de Gran Hermano dio alguna esperanza al lograr un 16% de cuota de pantalla, pero sin superar el millón de espectadores. Llegó el debate y fue el primer golpe directo al corazón. La penúltima gala, la de la semana pasada, congregó en directo a una media de 606.000 seguidores, lo que se tradujo en un 11% de share; un porcentaje muy bajo para un programa que dura hasta las dos de la mañana.
Anoche la gala cosechó un 10,3%, volvió a quedar por detrás de Horizonte, que hizo un 10,6% y casi empató con el estreno de la Dra. Fabiola Jones en La 1, que logró un 10,2%, pero que le sacó a GH casi 200.000 espectadores más (GH congregó 612.00' y la doctora 804.000). Es decir las cinco galas de Gran Hermano 20 con Jorge Javier Vázquez han registrado una media de 711.000 espectadores; antaño superaban con creces el millón de espectadores. Peores han sido los domingos, con 631.000 espectadores de media en directo. Los datos eran más que claros. No hace falta decir nada más.
Muchos son los motivos que a toro pasado explicarán este abrupto final, pero, en realidad, hay uno que lo explica todo: 25 años dan para mucho y en esos 25 años a la audiencia le ha dejado de interesar Gran Hermano. Los que ahora tienen 25 años no son los que tenían 25 años cuando se estrenó aquel primer Gran Hermano que cambió la historia de la televisión. No será por no haberlo intentado, pero no ha sido posible. Anoche se nos ha ido una parte de nuestra memoria televisiva, de los que crecimos disfrutando de un formato que en la primera final de su historia hizo un... ¡70,8% de cuota de pantalla! 9 millones de espectadores viendo cómo Ismael Beiro se llevaba el maletín y le convertía en el primer ganador de la historia de Gran Hermano. Lo pienso y se me enmudecen los ojos.
No se sabe todavía qué hará Telecinco cuando dentro de dos semanas se sepa quién ha ganado Gran Hermano 20. Será un nombre que no se recordará, que no pasará a la historia de la televisión. Tú ahora dices Ismael Beiro y todo el mundo sabe quién es; dentro de tres meses dirás el nombre del que gane Gran Hermano 20 y como si dices el de tu vecina del tercero. La televisión es esto: un día estás arriba, en lo más alto, y un día estás intentando suavizar la caída.
Es un golpe duro para los que amamos la televisión, para los que amamos Gran Hermano, pero es un golpe que ya no se podía evitar. Dicen que igual reconvierten este Gran Hermano en El reencuentro (nombre que ya ha registrado la productora de Gran Hermano ) y que salvan el formato con una especie de Gran Hermano de celebrities, que ya estuvieron en la casa en las ediciones VIP. Sin embargo, el Gran Hermano que nos apasionó a tantos ha llegado a su fin. Réquiem por Gran Hermano, la frase que muchos nunca quisimos decir.

