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Futuro imperfecto

Los bemoles de Andreu Buenafuente en RTVE: si hay que repartir guantazos, se reparten

Dijo anoche Andreu Buenafuente en el estreno de Futuro imperfecto en La 1 que no había recibido ninguna directriz de RTVE para decir y hacer lo que le diera la gana con su primer programa en la Televisión Pública. Se lo tomó a rajatabla

Andreu Buenafuente
Andreu Buenafuente, en el estreno de Futuro imperfecto.RTVE
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Hay que tenerlos muy bien puestos para plantarse delante de un teatro con 700 personas de público, completamente solo, sin más compañía que un pantallote gigante con una bola en medio y aguantar 70 minutos haciendo humor, y humor del que reparte a diestro y siniestro. Pues esto es lo que es Futuro imperfecto, el primer programa de Andreu Buenafuente en la Televisión Pública. Él encima del escenario, caminando de un lado para otro, demostrando el arte de la ironía, sin más artificio que un fondo rojo y el juego de luces propio de una obra de teatro.

Puede sorprender, y así lo ha hecho, que un programa cuyo mayor recurso es la cabeza y la capacidad de Andreu Buenafuente parece, según ha publicado El Español, vaya a costar a RTVE más de 3 millones de euros. Dejando a un lado las cantidades económicas, los costes y lo que cuesta tener a Buenafuente en la Televisión Pública, que es bastante teniendo en cuenta que el programa es semanal, Futuro imperfecto es volver a una esencia de la televisión que ya no existe y que sólo se mantiene en la memoria de los que ya empezamos a ser muy viejos. Es esa tele en la que se emitía las actuaciones de Eugenio, es la tele de José María Íñigo, de los espectáculos clásicos de una época en la que la televisión empezaba a abrirse a la libertad. Tal vez, lo de Futuro imperfecto y Andreu Buenafuente sea precisamente eso, libertad.

"Vamos a hacer lo que nos dé la gana, nosotros y nuestro sentido común", fue la declaración de intenciones expresada por Buenafuente nada más arrancar el programa. Efectivamente, hizo lo que le dio la gana, pero para hacer esto hay que saber hacerlo. No vale con plantar sobre un escenario a cualquiera, hay que plantar a quien sabe hacer humor de ese que en España gusta tanto, el de meter el dedito en la llaga y arrancar una carcajada tanto en el ajeno como en el propio. Para hacer esto no vale todo el mundo. Si te quedas corto, deja de ser ironía; si te pasas, te cancelan. Andreu Buenafuente lo sabe hacer, sabe encontrar el término medio o pasarse y aún así recibir tantos aplausos como abucheos.

"Este es un programa con la misión de reírnos de todo, de nosotros mismos para empezar. Usando la libertad de expresión desde una televisión pública para desentrañar un mundo cada vez más encabronado" afirmó, dejando claro que "no he recibido ninguna injerencia, ni indicación alguna de nadie". Habrá que creerlo, aunque en los tiempos que corren en RTVE es difícil, muy difícil.

También es verdad que no a todo el mundo le gusta este tipo de humor ni este formato de programa, en el que todo se juega a una sola carta. Pero para esos, Andreu Buenafuente también tiene un mensaje: "Si no te gusto, no lo vas a pasar bien". Eugenio tampoco gustaba a todo el mundo, pero a quien le gustaba... ¡Cómo se disfrutaba!

El fallo de Buenafuente y Futuro imperfecto

Y lo sabe hacer porque Andreu Buenafuente, como hacía Eugenio, y perdona la insistencia, reparte a diestro y siniestro. No tiene problema en reírse de Donald Trump, que al final es lo más sencillo, como reírse de Kiko Matamoros, de Melody, de él mismo, de quien gobierna en RTVE, de Abogados Cristianos, también es fácil, o de cualquiera que el día de la grabación haya sido protagonista de la actualidad. Esa es también su mayor desventaja. El programa es perfecto para lo que quieren hacer, pero cuenta con un problema: es grabado. Y como cualquier programa grabado, como le ocurre también a La Revuelta, el programa de su pupilo David Broncano, no está pegado a la actualidad.

Anoche, por ejemplo, una de las partes del monólogo estaba dedicado a la elección del nuevo Papa. Casualidades de la vida, o no, pocas horas antes del estreno de Futuro imperfecto, los cardenales ya había elegido al sucesor del Papa Francisco. Cuando Andreu Buenafuente arrancó Futuro imperfecto, la Iglesia Católica ya tenía nuevo Papa, León XIV. Resultado, el monólogo sobre la elección del Papa se quedaba atrasado, caduco. No quiere decir que no tuviera gracia, pero ya la pieza del puzzle no encajaba.

Se entiende que hay cosas del programa que necesitan edición, pero tampoco son tantas. Se pueden hacer en directo y evitarse ese desfase de tiempo que estropea ese Futuro imperfecto. Pero aparte de esto, el programa de Andreu Buenafuente, producido por su productora, El Terrat, es perfecto para quien le guste esto. No hay trampa ni cartón por parte de Andreu Buenafuente: o te gusta o no te gusta. Si te gusta lo vas a amar, si no, lo vas a aborrecer. Y si eres uno de los protagonistas, igual hasta enciende.

Hacer humo y hacerlo para exponer lo peor del mundo es una de las cosas más complicadas de hacer. Hay que medir, pensar, encajar y equilibrar. Andreu Buenafuente equilibró, pero no evitó meterse en todos los charcos posibles, en esos que otros prefieren no pisar por aquello de no recibir una oleada de críticas y de hostias. Andreu Buenafuente prefiere dar la primera y si luego le caen a él, pues que caigan, pero la primera ha sido suya.

Soltó la primera a la Iglesia Católica y de rebote a Abogados Cristianos. Lo tenía tan medido que hizo una pausa "para que Abogados Cristianos puedan ponerse a grabar" y con eso ya había soltado la mano. Instó a los cardenales a que renovasen el Cónclave y les encomendó a "Piqué que ya organizó la Supercopa entre Arabia y la Federación Española de Futbol, y ya tiene experiencia con instituciones que no respetan los derechos de la mujer".

Se rió de Florentino Pérez -sí, tal cual-, se rió de Melody, a la que imitó Silvia Abril en una aparición estelar, pero más que calculada, se rió de un atlético Pedro Sánchez, de Beatriz Corredor y el apagón, de Esperanza Aguirre, de Errejón, de Isabel Díaz Ayuso, de Feijóo, de Elon Musk, del Rey Juan Carlos... Lo que viene siendo reírse de lo fácil y de lo de siempre. Sin embargo, parece que cuando lo hacen determinadas personas es diferente. No, en realidad es lo mismo, lo que cambia es la capacidad del que lo hace, y Andreu Buenafuente tiene mucha capacidad. Es ese serio que hace gracia, ese humor que a priori parece sencillo, pero que en realidad es muy complicado de hacer y de que provoque una reacción, una risa, un cabreo, la indignación. ¿Qué te crees que Andreu Buenafuente no ha recibido las mismas alabanzas que críticas? En realidad, hay que quedarse con lo que dijo al inicio del programa, "no venimos a solucionar nada".

"También quisiera decir antes de empezar queyo creo que el odio tiene mejor marketing que la bondad. Es algo que estamos comprobando, pero también creo que el humor es más fuerte que el odio y ahí estamos nosotros". Pero, ¿qué ocurre cuando el humo provoca más odio que risa? Pues eso habrá que verlo.