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En junio de 2021, Fernando Simón aceptó ser entrevistado por Jordi Évole. Ya había pasado por Jesús Calleja, en un encuentro más amable y bucólico. Con Jordi Évole iba a ser distinto, pues con Évole nunca es fácil. De aquella entrevista salió la frase de "no son 70.000 muertos, es uno 70.000 veces". Hoy, cuatro años después de aquel encuentro y cinco después del Covid, Fernando Simón ha vuelto a aceptar sentarse con Jordi Évole en Lo de Évole. Ya no lleva el pelo alborotado, ya las ojeras no se comen las cuencas de sus ojos azules, ya no hay esa presión, ni el estrés ni el peso de una pandemia que dejó en España 120.000 muertos. El tiempo, dicen, todo lo cura, pero a Fernando Simón no se le ha olvidado ni el más mínimo detalle de una pandemia que nos iba a cambiar a todos, pero que nos ha dejado igual, o peor.
En esta temporada de Lo de Évole, todas las entrevistas han sido entrevistas para conocer, hurgar, destrozar al personaje y conocer a la persona. Con Fernando Simón iba a ser muy distinto. Jordi Évole no iba a rascar en quién es Fernando Simón sino quién fue y qué vivió hace cinco años. La realidad, sin cortapisas, sin mesura, sin miedo a decir lo que no se puede decir. Anoche, Fernando Simón no descubrió nada que no esté en el imaginario colectivo. Simplemente, lo confirmó y desveló lo que entonces no podía desvelar, pues había muchas vidas en juego.
Eligió Jordi Évole la sala de los retratos del Ministerio de Sanidad, el lugar en el que Salvador Illa, hoy presidente de Cataluña y hace cinco años ministro de Sanidad, y él tomaron la decisión que lo cambiaría todo: el confinamiento. Le trae a Fernando Simón muchos recuerdos la protocolaria sala, pues reconoce que fueron muchas horas las que se pasaron allí. "No soy una persona de nostalgia, pero es verdad que esta sala nos marcó a muchos", confesó a Jordi Évole.
Fernando Simón hacía tiempo que no entraba en esa sala y también que no estaba en el Ministerio. Ha estado de baja por un problema de salud del que no anoche no quiso dar detalles. Está bien y ha vuelto a trabajar, pero ni una baja ni nada hará que olvidé lo que se vivió allí hace cinco años. Le encantaría que la primera palabra que le viniese a la cabeza para definir aquellos momentos fuera "eficiencia", pero la que le viene es "tristeza". "Creo que la gente no tiene que regodearse en lo que pasó, son los políticos los que a nivel global tienen que hacerlo. Tendrían que haber aprendido mucho. En España hemos aprendido, pero es una cosa a la que tenemos que responder entre todos, y hay menos unidad de la que tendría que haber", afirmó. Se refiere, y no tiene miedo a decirlo, a EEUU, que abandonó la OMS el pasado mes de enero y detrás de él Argentina.
Dice Fernando Simón, aunque pueda parecer sorprendente después de haberse convertido en una estrella de la televisión y los medios, que ha recuperado el anonimato, pero que hasta llegar a dónde está ahora recibió ofertas de todo tipo: desde entrar en política hasta participar en un programa de televisión, de cuyo nombre no puede hablar, para que cantase. La primera asegura que no fue firme, pero que hubo conversaciones para presentarse como candidato socialista a la Comunida de Madrid. Nunca ha querido entrar en política, entonces tampoco. La segunda le pareció una locura y, obviamente, ni se la planteó.
Pero no es lo único que puede revelar ahora Fernando Simón. Si hace cuatro años, Jordi Évole le hubiese preguntado por "la cara fea de la política", Fernando Simón hubiera esquivado la pregunta. Ahora no, ahora no tiene necesidad. Ahora no tiene ningún reparo en afirmar no sólo que la vio, sino que hubo "barro sucio".
La mezquindad contada por Fernando Simón
"Hubo situaciones en las que yo era testigo de mentiras flagrantes que se decían en voz alta. O de llegar acuerdos y al salir se decía todo lo contrario a lo que se había acordado. Me parece injusto, inapropiado y mezquino el utilizar esas estrategias en personas que ni saben, ni tienen medios para defenderse. A mí me han llegado a denunciar por el cierre de un restaurante en no sé dónde. Son situaciones en las que además no eran únicamente los políticos, sino que se utilizaban en algunos casos medios de propaganda para generar ese malestar contra los técnicos", desveló Fernando Simón sin perder su constante sonrisa, la cual, anoche, sólo perdió al escuchar a los familiares de los ancianos que fallecieron en las residencias de la Comunidad de Madrid tras el protocolo de atención establecido por la presidenta Isabel Díaz Ayuso, y al escuchar a una de las tantas enfermas de Covid persistente.
Reconoció Fernando Simón que nunca le tocó defender algo en lo que no creía y que la única vez que el entonces director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno, Iván Redondo, le dijo cómo había que comunicar las cosas, Fernando Simón se plantó: "El primer día que fui a Moncloa a dar las ruedas de prensa le dije "Iván yo tengo mucho trabajo, diré lo que tenga que decir y no diré lo que no tenga que decir. No voy a decir lo que tú quieras que diga". Y desde ahí, nunca más. En un momento dado me dijo "como no lo haces mal, no me preocupa". Yo tenía la experiencia del Ébola, que ya me dijeron cómo tenía que comunicar y mi respuesta fue la misma, si me habéis elegido a mí dejadme que hable como yo hablo".
Habló Fernando Simón también de propaganda. Al principio, no, pero, después, cuando la situación empezó a mejorar "sí se empezaron a hablar de aspectos mucho más políticos que a mí no me competían". "Entiendo que un director de gabinete es meramente político, que yo esté de acuerdo o no es otra cosa", aseguró. A buen entendedor pocas palabras bastan. Y añade, por si acaso: "Mi obsesión no era preocuparme de lo que había a mi alrededor sino estar pendiente del trabajo de mi equipo. Mi trabajo no era comunicar".
El reencuentro de Illa y Simón, "los liquidadores de Chernobyl"
Se hicieron cosas mal, con las que Fernando Simón no estuvo de acuerdo y que hace cuatro años no podía confesar, pero ahora sí. Él hubiera mantenido el confinamiento más días, porque "hubiera tenido un impacto sanitario mejor". No estuvo de acuerdo con muchas decisiones que se tomaron en algunas comunidades autónomas como "la decisión del cierre del sistema educativo "porque si no se controlaba a esas personas que iban a estar de vacaciones, iban a generar un problema importante".
Y tampoco con el protocolo de las residencias: "Esto hizo que hubiera una mortalidad desproporcionada en la Comunidad de Madrid durante el primer año". Confirmó que a su equipo les llegaba la información de las residencias y que "puedo entender que algún traslado de algún paciente que estaba ya desahuciado no se hiciera", pero... "Hay que decidir en situaciones de crisis y tienes una cama y 10 pacientes tienes que tomar decisiones a veces muy duras, pero son decisiones que se tienen que tomar paciente a paciente y dependiendo de su situación de salud. No se puede tomar según su situación cognitiva".
Fernando Simón podía haber elegido la sanidad privada. Nunca se le pasó por la cabeza, pese a que su padre, psiquiatra y al frente de una consulta se lo dijo muchas veces Simón dijo muchas veces que no, "en España no": "Con este sistema sanitario, con esta potencia y envergadura, que da atención a toda la población sin mirar qué tienes, qué ganas o qué no ganas".
Salvador illa en su libro El año de la pandemia le define como "un tipo atlético de ojos azul profundo que te mira a los ojos, sincero con capacidad de explicarte cosas que ni yo entendía". La pandemia unió a dos hombres que sin pandemia nunca hubieran pasado de charlas protocolarios. Quiso Jordi Évole dar una sorpresa a Fernando Simón sentando junto, en la misma sala donde decidieron el confinamiento y otras muchas cosas más a los dos amigos. Mantuvieron la compostura, pese a que hacía muchos meses que no se veían.
Nunca discutieron o, al menos, eso aseguran ambos. Illa se quitó "un marrón" cuando puso al frente de la pandemia a Fernando Simón. Vivieron momentos muy duros, "cuando llegamos a los mil muertos" porque "estábamos haciendo las cosas bien y aún teníamos mil muertos", pero también vivieron buenos momentos cuando "pusimos la primera vacuna". Fueron, según Jordi Évole, como "los liquidadores de Chernobyl" que entraban a un lugar en el que se iban a quemar. Nunca pensaron en que se iban a abrasar.
"No tuvimos miedo a quemarnos. Había un toro y había que torearlo. No puedes ir con miedo al que el toro te coja. Pensábamos, 'es muy probable que nos quememos, pero no podemos tener miedo a quemarnos'", aseguró Illa. Otros se quemaron después. Y es que Jordi Évole no iba a dejar pasar la oportunidad de tener a Fernando Simón y a Salvador Illa y no hablar del cas Koldo ni de José Luis Ábalos.
"De la pandemia no salimos mejores, pero algunos salieron con más dinero", sentenció Évole. Fernando Simón calló, Salvador Illa, no. "Me ha decepcionado y hay que llegar hasta el final", dijo el presidente catalán. "Aquí había un circuito de responsables de efectuar las compras. Había mucha gente que ofertaba que podía conseguir el material que se necesitaba y en el ministerio había un equipo que lo gestionaba. Yo sabía que Koldo era una persona de confianza, pero aquí no se tomaban las decisiones por quién lo ofrecía sino por la calidad de lo que se ofrecía", explicó el ex ministro.
"No había nada que nos hiciera sospechar. Después de que dejara sus responsabilidades en el Gobierno, hablé con Ábalos y nunca más. Me hubiera gustado que no hubiera sucedido nada de esto. Los que han intentado beneficiarse tienen que pagar por sus responsabilidades".
Ambos confesaron que lloraron más de una vez. Hubo momentos de mucha presión y de mucha tensión que, ahora, con el tiempo son conscientes y les ha costado asumir. "Recuerdo cuatro o cinco situaciones que hubo muy fuertes que sí que fueron muy emotivas, incluso llorando. A mí me hacía el no poder tener ese momento de dejar ir las cosas, de válvulas de presión, porque sentía la responsabilidad de mantenerme". La pregunta tendría que haber sido cuántas veces lloraron o han llorado después. Seguramente, muchas.


