Dice Mamen Sala, periodista, criminóloga y ahora conductora de NY Killer (Mediaset Infinity), que "como muchos proyectos", esta docuserie de 12 capítulos nació "por la inercia en la dirección correcta". Detrás de esa inercia están Iker Jiménez, Carmen Porter y un reportaje que ambos le encargaron para emitir en Cuarto Milenio, el caso de Gilgo Beach. Funcionó tan bien que le pidieron tres más. Y entonces vieron que aquello se podía convertir en algo más grande, tan grande que desde hace una semana Mamen Sala está al frente de "un programa propio, con identidad propia y con un universo propio". Tan propio es NY Killers que cada capítulo traslada al espectador no solo a "los crímenes más atroces de la Gran Manzana", sino al contexto social e histórico en el que ocurrieron.
El mejor ejemplo de esto es el primer capítulo estrenado la semana pasada: el caso de Etan Patz. Tal vez, por el nombre, a nadie le suene, pero si decimos que fue la desaparición de este niño la que movilizó a la sociedad estadounidense hasta el punto de que en todos los cartones de leche durante meses apareciese el rostro del pequeño, todos lo recordamos.
"En este caso hubo muchos fallos en la investigación, creo, porque los propios investigadores estaban perdidos, desubicados. Este caso no se esperaba, por así decirlo, nunca había pasado nada igual en el tranquilo y cotidiano barrio del SoHo (recuerda que su madre ¡le deja ir solo a la parada del autobús con 6 años! ¡Eso es inimaginable hoy en día!), y ni ellos supieron cómo hacerle frente", nos cuenta Mamen Sala desde Nueva York.
Sala, que lleva 20 años ligada al mundo de los sucesos, nos explica que la investigación de casos como el de Etan Patz, el del 'asesino de la última ronda' o el del asesino en serie Gilgo Beach, le ha llevado a descubrir "que no existen asesinos perfectos, existen investigaciones imperfectas". Asegura que "influye mucho el azar, léase, por ejemplo, cuando cae una tormenta horrible de agua y el agua se lleva todas las pruebas de un asesinato en plena carretera, pero... somos seres humanos, controlar 100% la escena de un crimen... El ser humano no es capaz de algo tan perfecto... El asesino deja siempre una huella en la escena del crimen y se lleva algo... Eso es lo que hay que encontrar...".
Producido por Alma Productora Audiovisual -la productora de Jiménez y Porter-, el programa aborda hechos criminales acontecidos en la metrópoli norteamericana: asesinatos, secuestros y desapariciones con gran repercusión social, como los crímenes perpetrados por ese asesino de 'la última ronda', un homicida en serie que atacó a hombres homosexuales en la ciudad de los rascacielos en los años 90, periodo en el que el SIDA alcanzó su punto álgido en Nueva York y Estados Unidos y se produjo una ola de homofobia en el país; y el asesino en serie de Gilgo Beach, con el arquitecto Rex Heuermann como principal sospechoso, acusado de matar a varias mujeres en los años 80 y esparcir sus restos a lo largo de la costa de Gilgo Beach, entre otros sucesos.
Es inevitable no preguntarle a Mamen Sala cómo se cuentan casos como este o el de la desaparición de Etan Patz, entre otros, sin caer en lo más fácil, en el morbo. La respuesta de esta periodista es muy clara: "Con mucho respeto y empatía". "Soy una fiel defensora de que la cámara lo capta todo, y en este caso ha sabido recoger nuestra intención, contar los crímenes más atroces de la Gran Manzana de una manera respetuosa para todas las partes", nos dice.
"La radiografía del momento es crucial", continúa, "porque nos ayuda a colocar las piezas, a ordenar el relato y los componentes, a situar cada actor en su papel para evitar, por ejemplo, que el criminal se convierta en el protagonista de la historia, algo que desgraciadamente ocurre muy a menudo. ¡Y es algo mundial!". Seguramente, pocos de ustedes sepan que en EEUU, por ejemplo, desde hace ya un par de años, para evitar esto, "cuando hay un crimen o un tiroteo, las autoridades tratan de no hacer pública mucha información para no convertir al malo en el protagonista".
Por eso, en NY Killers, "nos apoyamos en datos oficiales y verificados, acudimos a los archivos de cada caso para sustentar nuestro relato en documentos judiciales, registros policiales, testimonios contrastados; y lo peor es que a veces la realidad es tan dura que con eso basta para que el relato te deje de piedra".
En el caso de esta docuserie, Sala nos confiesa que la preparación de los casos investigados ha sido "un proceso a contrarreloj": "Creo que hemos batido récord de cómo hacer un buen trabajo en el mínimo tiempo porque, como siempre, el reloj no corría a nuestro favor, pero la etapa de documentación fue muy importante y le dedicamos todo el tiempo que pudimos". Tanto es así que ella misma nos confiesa que esta fase "nunca termina", pues "aún seguimos actualizando datos de algún capítulo que haya podido cambiar, es la columna vertebral, nuestro mejor aliado a la hora de contar la historia fiel a los hechos".
- ¿Por qué crees que el true crime, los sucesos, los crímenes nos atraen tanto?
- Desde hace años el true crime sigue siendo caballo ganador en televisión ¿Por qué? He leído mucha literatura sobre el tema, por curiosidad propia, y creo que hay un componente importante que solemos llamar morbo, pero yo lo describiría más bien como curiosidad ante lo prohibido, unido a la necesidad de mirar de frente lo que nos aterra pero desde un lugar seguro, el salón de casa. El true crime te permite acercarte al peligro sin estar en peligro, ¿sabes? Es como formar parte de una película...
- Pero, ¿habrá algo más?
- Hay otra capa aún más profunda, la fascinación por lo incomprensible. Si lo piensas en frío, un asesinato es la ruptura máxima del pacto humano. No hablamos de violencia funcional, como en la naturaleza donde los animales matan para sobrevivir, sino de algo mucho más horrendo que a veces tiene que ver con egos, poder, humillación, resentimiento, y a veces, y esto sí que es desconcertante, placer. ¡Y ahí! Es donde nos explota la cabeza... ¿Cómo puede un ser humano, capaz de crear arte, música, literatura, belleza... engendrar también el acto más horrendo? Ese contraste no encaja. Y cuando algo no encaja, la mente insiste. Quiere explicación.
- Eres periodista y criminóloga, ¿cómo haces para que estas dos profesiones no te lleven a un pozo dada la dureza de lo que te has encontrado en ellas?
- Cuando vivía en Espana trabajaba en sucesos, por eso estudié Criminología después de periodismo, porque quería entender mejor cómo funcionaba este mundo en todos los sentidos, judicial, policial, forense, etc. Y si algo aprendí es a crear, de alguna manera un filtro, una distancia profesional que me protegiera sin alejarme de la historia.
- ¿Una coraza?
- Sí. Por supuesto hay casos que afectan más que otros, y no siempre se consigue esa distancia...Cuando más me cuesta ponerme esa coraza, es cuando son casos de menores, siento rabia e impotencia... porque no consigo entender como alguien puede ir contra la víctima más vulnerables e inocentes, los que no ven venir el mal porque son tan puros que en su mundo no existe... es lo más cobarde y ruin que hay en este mundo, los crímenes contra niños. En estos casos sí sufro, pero intento recolocarlo pensando que, quizá, mi trabajo sirve para algo, ya sea para que el caso se conozca y se puede evitar que se repita, o para que el culpable, por ejemplo, no vuelva a caminar por la sociedad como si nada.

