Acudir a un día de rodaje de El Desafío es como vivir una experiencia religiosa o casi mística. Lo que se vive en el plató del programa de Antena 3 es televisión en estado puro. Es un falso directo. Es decir, lo que los espectadores verán esta noche es tal cual: no hay cortes, no hay montaje, no hay edición. Sí, hay un producto cuyo objetivo es entretener, lograr buenas audiencias y ser rentable, pero hay más: hay una emoción que traspasa la pantalla porque lo que allí ocurre es real. Y ser real al cien por cien por televisión es hablar casi de una utopía.
En El Desafío se queman, sufren, se ahogan, se golpean, lloran, ríen, se extralimitan y sacan la inconsciencia que todo ser humano lleva dentro. Por eso, llegar a una sexta temporada es el más difícil todavía: ¿cómo se supera lo anterior? La respuesta la da Jorge Salvador: "Somos unos locos". Y añade: "El plató de El Desafío tiene algo especial. Allí se produce algo que no ocurre en ningún otro plató. Allí se vive lo que es la televisión de verdad". Por sentir, se siente hasta el sofocante calor que lo impregna todo cuando se lleva a cabo una prueba con fuego; o la tensión de ver aguantar a un concursante más de 4 minutos y 40 segundos bajo el agua. Allí sufren ellos, sufre el equipo, sufre el público, pero, sobre todo, disfrutan.
La productora de Pablo Motos y de Jorge Salvador, 7yAcción, no es una productora al uso. Pese al éxito que cosechan desde hace años, en buena parte gracias a El Hormiguero, no son de producir a lo loco. Ellos eligen los formatos que encajan como un guante con la esencia de la productora. Nunca han sido muchos, pero los que han sido siempre son un triunfo para Atresmedia. Y entre ellos se encuentra El Desafío, el programa de entretenimiento que junto a El Hormiguero o Tu cara me suena acaba siempre la temporada como uno de los más vistos. Razón de más para que este viernes estrene su sexta temporada, y lo haga, de nuevo, sorprendiendo con lo primero que siempre sorprende un talent: su casting.
El formato, conducido de nuevo por Roberto Leal, regresa y lo hace consolidado como uno de los programas más vistos de la televisión, tras cerrar su anterior edición como líder absoluto en la noche de los viernes con más de 1,4 millones de espectadores de media, 3,7 millones de espectadores únicos y un 15 % de share. El programa vuelve y lo hace con más espectacularidad, emoción y riesgo que nunca y con el mejor casting de la televisión. Y es el mejor porque El Desafío es el único programa que consigue que María José Campanario vuelva a la televisión o que Patricia Conde acepte mostrarse más vulnerable que nunca.
María José Campanario -"una heroína" en palabras de Jorge Salvador-, Willy Bárcenas -en los tres meses de grabación perdió nueve kilos-, Jessica Goicoechea, Patricia Conde, José Yélamo, Eva Soriano -se ha roto el psoas-, Daniel Illescas -"he hecho cosas que nunca creí que podía hacer"- y Eduardo Navarrete son los celebrities que integran el casting de esta sexta edición de El Desafío. Son ellos los que esta vez deberán enfrentarse a espectaculares pruebas y retos, pero también al más difícil todavía: superar sus miedos y frustraciones, las que todos llevamos encima.
Pero es que en esta ocasión hay más: "Es la temporada más peligrosa de la historia de El Desafío". Vuelve a hablar Jorge Salvador, acompañado por la mayoría de los participantes, por el jurado —Pilar Rubio, Juan del Val y Santiago Segura—, por Roberto Leal y por Carmen Ferreiro, directora de Entretenimiento de Atresmedia. Ninguno lo niega, sino más bien todo lo contrario. Alguno, como Eva Soriano, diría que es más que peligroso: "En mi inconsciencia decidí hacer sin ensayar y sin que estuviera previsto un spagat al final de una prueba y me rompí ocho centímetros de psoas".
Si lo revelado por Eva Soriano parece poco, ver las imágenes del avance de esta temporada termina por convencer del "sadismo", como lo califica Roberto Leal, que se llega a vivir en algunos momentos. De ahí que Juan del Val, aunque cada temporada repite la misma afirmación, vuelva a asegurar que "esta es la mejor temporada de la historia de El Desafío".
De las cinco temporadas anteriores, el espectador ha aprendido de El Desafío que detrás de un personaje siempre está la persona. La que se golpea, se hace heridas, llora, se desespera, pasa miedo, se emociona, se cabrea, se supera y se vence a sí misma. Hasta esta noche no veremos a lo que se van a enfrentar los participantes, pero la experiencia es un grado y sabemos que quien va a El Desafío, va con todo.
En esta sexta edición de El Desafío la dificultad crece; las pruebas más icónicas del programa serán todavía más difíciles para los concursantes y, además, el formato incorpora nuevos retos que serán más espectaculares y arriesgados todavía. Los famosos se pondrán cada viernes al límite y lo harán con un único objetivo: ser el mejor de la noche, llevándose la victoria para poder donar su premio a la ONG que elijan. Lo del premio es una excusa, pues como reconocen todos los que han pasado por El Desafío, el verdadero premio es lo que descubren de sí mismos.
Y es que la realidad de El Desafío no es solo crear un programa de entretenimiento que mantenga al espectador pegado a la pantalla; el reto de El Desafío es llevar a sus participantes al límite, siendo ellos conscientes de que una vez que pisan el plató del programa a lo que se enfrentan no es de cartón piedra. Y usted se preguntará por qué lo hacen. Obviamente, una de las razones es el beneficio económico, los llamados cachés, que en El Desafío no son moco de pavo. Otra, el "caramelito" de la solidaridad. Pero por encima de estas dos razones de peso está la superación, el mostrar la cara que el público no quiere ver o que nunca se muestra y la oportunidad. Quien acepta El Desafío se sube a un tren que pocas veces vuelve a pasar.
María José Campanario, sepultada bajo tierra; Daniel Illescas, saliendo del agua a punto de quedarse inconsciente; Pilar Rubio, llorando sin medida ante lo visto por uno de los concursantes; José Yélamo, petrificado en un rostro de terror... "Han puesto en juego sus vidas", afirma Jorge Salvador, para el que después de 40 años haciendo televisión, El Desafío es harina de otro costal. Primero, por los concursantes; un casting cuidadosamente elegido (y convencido) en el que se busca profesionales, pero no de la televisión, sino de la superación. Segundo, un equipo de 100 personas que se deja la piel para dar "lo que ningún otro programa de televisión da". Tercero, esas cabezas loquísimas de guionistas que imaginan lo más espectacular y buscan cómo poder "bajarlo a tierra". Y, cuarto, pero no menos importante, sino lo más importante, la seguridad.
El Desafío se la juega mucho porque lo que hacen no es ninguna tontería ni lo hacen especialistas, sino personas que se dedican a cosas completamente distintas y muchas de ellas con grandes limitaciones físicas (María José Campanario, por ejemplo, sufre fibromialgia), incluso psíquicas. "La mente es mi peor enemiga", afirma Daniel Illescas o Patricia Conde. Por ello, nada puede dejarse a la improvisación más que las emociones. "Son pruebas muy arriesgadas, pero no hay nada fuera de control. Hay un control absoluto. Si una idea no tiene el cien por cien de seguridad no se hace", dice contundente Jorge Salvador. Los participantes asienten y van más allá: "Pese al sufrimiento, el día que se termina El Desafío lo pasamos muy mal. Queremos volver. Lo volveríamos a hacer".
Es Patricia Conde la que responde por todos cuando se les pregunta qué han descubierto de sí mismos en El Desafío: "Llevo 25 años trabajando; haciendo entretenimiento, presentando, cine... Y siempre he controlado que los problemas se dejan fuera. En El Desafío he tenido que dominar la atención, los llamados pensamientos aflictivos. He llegado a un estado en el que solo estás por y para la prueba. Tanto que al terminar el programa mi pensamiento era tener que volver a controlar el dejar los problemas fuera. Echo mucho de menos ese estado de concentración máxima. El viaje más alucinante es el autoconocimiento, y El Desafío es lo más alucinante que he hecho en mi vida".



