"Es importante decirlo para que no parezca que este señor, el Andreu, sólo quiere hacer televisión. Si no hay proyecto, no lo hay. Punto". Así arranca la entrevista a Andreu Buenafuente, el último fichaje de la nueva RTVE. Lo dice alto y claro para que nadie crea que ha llegado a la Televisión Pública porque sí, porque le venía bien. Futuro imperfecto, el programa que se emite cada jueves en el prime time de La 1, no nació de la casualidad sino de darse "las condiciones para hacer algo". "No es tanto probar cadenas, sino tener algo que ofrecer", sentencia. Y así cayó en la pública, así "cerré el círculo".
El pasado enero Andreu Buenafuente cumplió 60 años. Lo sorprendente no es que no los aparente sino que 40 de ellos los ha dedicado al humor y al espectáculo televisivo. Comenzó en la televisión pública catalana, a la que siempre pone en valor porque "me ayudó muchísimo". Vivió el aprendizaje que sólo da el fracaso en Atresmedia y vio nacer la televisión de pago en España en la que le permitieron hacer "mi programa soñado" -Leit Motiv-. Y sólo le quedaba, La 1. Y llegó, con aguas revueltas -su programa, producido por El Terrat, ha provocado las protestas de los sindicatos en Cataluña-, pero con el ánimo de que el humor pese más que el odio.
Acaba de pausar una reunión con los guionistas de Futuro imperfecto para atender a EL MUNDO. Andreu Buenafuente está sentado en el despacho de su casa, se enciende un cigarro -uno de sus vicios confesables-, hablamos de Melody, de Eurovisión, de aquel Chiquilicuatre. Sabe como romper el hielo. Insiste mucho en los que no se ven, todos los que están detrás del programa, que piensan y repiensan tantas veces como hagan falta los temas que van a protagonizar el programa de la semana siguiente. Para Buenafuente un programa de televisión es "un milagro". Ha tenido muchos de esos, otros no han sido tan milagrosos, pero en unos tiempos donde el horno no está para bollos en RTVE, que Futuro imperfecto logre una media del 14% de cuota de pantalla compitiendo contra Supervivientes... Sí, se puede decir, es "un pequeño milagro".
"¿Y cuándo no están las aguas revueltas?", nos interrumpe. Pues razón no le falta. Están tan revueltas, así, en general, que para Andreu Buenafuente el humor es más necesario que nunca, pero sin ser algo "trascendental". De hecho, se sorprende cuando se le pregunta por ese odio del que él mismo habló en el primer programa -"El humor es más fuerte que el odio. Y ahí estamos nosotros-". Se sorprende porque no entiende muy bien que el problema sea quien hace humor. Si lo piensas, tiene razón. ¿Qué lleva haciendo Buenafuente desde que tenía 20 años? Pues eso, reírse de todo y de todos, el primero, de sí mismo.
No es una afirmación exagerada, pues Buenafuente es como una especie de Suiza del humor. Se ríe de uno, de otros, de lo bueno, de lo malo y de lo peor, y lo hace sin oropeles ni brillos, sólo él, subido a un escenario, delante de 700 personas que cada día de grabación llenan el teatro de LaFACT de Terrassa. Esto sí que fue una cláusula de Buenafuente: Futuro imperfecto tenía que "un espectáculo teatral".
"Me gusta pensar es que podemos alcanzar todavía, aunque nos queda mucho camino, una cierta madurez como país democrático"
- En Futuro imperfecto eres tú el que lleva todo el peso del programa y el que se la juega.
- Para mí era muy importante que fuese en un teatro. Siempre he primado al público. En todos los programas que hemos hecho les damos nuestros platós. Siempre había intentado hacer una especie de teatro dentro de un plató y, ahora, surgió la oportunidad y lo hicimos. Insistí mucho, e incluso, hubo algún problema de producción porque no encontrábamos el teatro, pero finalmente, buscando, lo encontramos. Quería contar al mundo lo que estaba pasando, una especie de cuentacuentos.
- ¿Necesitabas la reacción del público?
- El cómico es interacción, es un diálogo. Yo te lanzo una broma y si te gusta a mí me realimenta. Es una ceremonia muy bonita la de los teatros. Es muy duro, también, porque para llegar a conformarlo tienes que mover los muebles de tu casa para que estés cómodo. Y es más importante de lo que parece porque esa gente, el público, te está dando mucho.
- Hablemos de la declaración de intenciones del primer programa. ¿Hasta el humor genera odio?
- No, hombre, no, por favor. El odio lo generan los que quieren generar el odio. Es decir, puede generar odio desde una noticia malinterpretada hasta el conflicto de un festival de música. Desgraciadamente estamos conviviendo con eso. Yo lo que quise es poner en valor mi trabajo, nuestro trabajo, el de los comediantes, pero también en la posición que tiene que estar. Nosotros no somos el problema, somos un divertimento.
- ¿Y cuál es el problema?
- El problema es la gestión, la administración de lo público, de lo político... Hay tantas cosas importantísimas para una sociedad que cómo va a ser el cómico lo importante. Lo que sí me gusta pensar es que podemos alcanzar todavía, aunque nos queda mucho camino, una cierta madurez como país democrático para decir 'oye, este señor y esta señora, haciendo su monólogo no van a cambiar nada. No somos el problema ni somos trascendentales. Estos señores hacen esto y se van para su casa y luego el otro hace otra cosa. Lo que quiero decir es que si puedo ayudar a normalizar un poco las cosas, pues algo habremos conseguido.
"Este es un programa con una misión muy clara que es reírnos de todo, de nosotros mismos, para empezar", dijo Andreu Buenafuente en el estreno de Futuro imperfecto. "El objetivo es reír, es satirizar, es usar la libertad de expresión desde una televisión pública para tratar de desentrañar un mundo que, no nos engañemos, cada vez está más encabronado", añadió. Y en tres programas que se han emitido -esta noche será el cuarto- eso es lo que ha hecho Buenafuente, reírse primero de él, después del resto, de todos, del lado en el que estén, de la bandera que lleven o del color que sean.
"La gente es libre de asociarnos con lo que quiera, pero nosotros tenemos un estado mental en que no debemos creernos nunca que el humor tiene una superioridad ética"
"El mundo es suficientemente complejo, y más ahora, como para asociarse a sólo una manera de entender la vida", nos dice el cómico. Cuenta que hoy mismo, en esa reunión que ha pausado, una de las cosas que ha dicho es "pongámonos en la calle". "Es verdad que hay muchas calles, la que está sufriendo con lo de Palestina, la de la situación política que vivimos, pero creo que tenemos que estar ahí. Y si alguien nos quiere asociar a corrientes políticas, de verdad, no es mi problema. La gente es libre de asociarnos con lo que quiera, pero nosotros tenemos un estado mental en que no debemos creernos nunca que el humor tiene una superioridad ética", asegura, e insiste, en que su carrera la ha hecho "poniendo la oreja en los bares, en los cafés". Que hay que hablar de Fank Cuesta, pues "hablamos", de lo de Palestina, "pues también": "Yo no soy el velador de los valores. ¿Esto te otorga neutralidad? Pues no lo sé. Quizá hables con alguien muy marcado de un color político que nos quiera cargar hacia el otro lado. Pero a mí me parece que es como debería ser una pública. Es decir, cuando un gobierno no hace bien, decir 'esto no está bien' con testimonios, con buen periodismo, con comedia...".
- ¿Alguna vez te ha dado miedo el humor?
- Mira, hay que quitar hierro al tema éste, porque cuando uno dice 'yo estoy por el humor en libertad absoluta', hay que apelar al sentido profesional y común de cada equipo.
- ¿A qué te refieres?
- Te pongo un ejemplo, las reuniones con el equipo de guionistas me recuerdan mucho a cuando trabajaba en un periódico, que todo se ponía en común. Claro que vemos si una broma es apropiada o no, o si es demasiado áspero. Tenemos nuestros propios criterios y nunca los ejecutamos con miedo, pero también hay que recordar el comediante televisivo genera un contenido y tiene que trabajar, nunca con miedo, pero que nadie crea que somos unos locos descerebrados.
- Entonces, miedo ninguno...
- Miedo nunca porque eso sería de otras épocas y, por favor, faltaría más. Pero si responsabilidad y compromiso con mi profesión. Porque yo, aunque parezca un contrasentido, me lo tomo muy en serio, y con los años cada vez más.
La entrevista a Andreu Buenafuente comenzó con un "que nadie piense que este señor sólo quiere hacer televisión". Termina con un frase que una vez le dijo José Sacristán cuando Buenafuente le preguntó por qué hacía tanto cine. El actor le respondió: "Yo quiero vivir en un rodaje". Buenafuente quiere "vivir en un programa televisión". ¿Por qué? "Porque no hay gritos, no hay broncas... Es su "pequeño milagro" en esta época que, en realidad, "es la traslación de mucha profesionalidad".


