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Mi compra de tecnología favorita en lo que va de año es un diminuto lector de libros electrónico. Un dispositivo tan simple y ligero como parco en funciones. Más pequeño que una tarjeta de crédito, con una pantalla de tinta electrónica de 4,3 pulgadas, sin luz frontal, sin tienda de aplicaciones y sin casi nada de lo que asociaríamos con un lector de libros moderno. Pero pesa sólo 74 gramos. Es más delgado que la mayoría de los teléfonos, con apenas 5,9 milímetros de grosor. Y viene con un imán en la parte trasera que permite adherirlo a la parte posterior del móvil, si quieres. Es el Xteink X4 y no es, ni de lejos, el mejor lector de libros electrónicos del mercado. De entrada el software que viene de serie es desesperante pero es, también, uno de los cacharros con más potencial que he visto en años gracias a la comunidad de usuarios que está surgiendo en torno a e él.
UN CONCEPTO RADICAL
El Xteink X4 parte de una premisa que va a contracorriente de la industria. Mientras fabricantes como Amazon, Kobo o Boox añaden cada generación más funciones, pantallas más grandes y procesadores más potentes a sus lectores, este dispositivo fabricado en China apuesta por ir a menos.
No tiene pantalla táctil. Toda la navegación se hace con botones físicos. No tiene tienda integrada. Los libros hay que transferirlos manualmente en formato a través de una tarjeta microSD o por Wi-Fi. No tiene luz frontal. Leer en la oscuridad requiere una lámpara externa (Xteink vende una magnética por 10 dólares). No soporta sistemas de protección de derechos, lo que significa que los libros comprados en Amazon o en la mayoría de tiendas digitales no funcionan directamente.
Lo que sí tiene es un procesador ESP32, el mismo microcontrolador que usan miles de proyectos de electrónica casera; 128 MB de RAM; una tarjeta microSD de 32 GB incluida (ampliable hasta 512 GB); conectividad Wi-Fi y Bluetooth; y una batería de 650 mAh que, según el fabricante, ofrece hasta 14 días de autonomía con un uso diario de entre una y tres horas de lectura. En la práctica, la cifra es realista. La ausencia de pantalla táctil y de iluminación reduce el consumo al mínimo.
La experiencia de lectura es, paradójicamente, uno de los puntos fuertes del dispositivo. Los botones físicos para pasar página tienen un tacto firme y satisfactorio que recuerda a los teléfonos Nokia de otra época. La pantalla de tinta electrónica, con una resolución de 220 píxeles por pulgada (inferior a los 300 ppi de un Kindle Paperwhite), resulta perfectamente legible para texto, aunque la diferencia se nota si uno pone ambos dispositivos lado a lado. La velocidad de refresco de las páginas es lenta, pero razonable para un dispositivo de este precio.
El tamaño reducido de la pantalla obliga a pasar páginas con más frecuencia que en un lector convencional, y la cantidad de texto visible en cada momento es limitada. Pero lo que el X4 pierde en comodidad de lectura estática lo gana en portabilidad absoluta. Cabe literalmente en cualquier bolsillo, y la posibilidad de adherirlo al teléfono con sus imanes (que, todo hay que decirlo, no son muy potentes) transforma los momentos muertos en oportunidades de lectura.
Gracias a eso, es más fácil llevarlo siempre encima, y eso es lo que lo hace interesante pese a sus limitaciones. No importa donde estés, si tienes un minuto para leer un par de páginas de la novela que esté leyendo esta semana, puedes sacarlo discretamente (cabe sin problemas en la palma de la mano) leer, guardarlo al rato y seguir con tu vida.
FALLA EN SOFTWARE
Donde el dispositivo flaquea más es en el software. La interfaz es espartana, con apenas cuatro opciones de menú. El formato de texto tiene limitaciones notables. Las cursivas, las negritas y las sangrías no siempre se muestran correctamente. Mi unidad llegó en inglés, pero algunos usuarios aseguran que el dispositivo les ha llegado configurado en chino por defecto, lo que requiere cambiar el idioma manualmente. Y la transferencia de libros, aunque funcional, exige un nivel mínimo de familiaridad tecnológica que puede resultar incómodo para quien está acostumbrado a comprar un libro en Amazon y empezar a leer.
Pero, como decía, lo más fascinante del Xteink X4 no es lo que trae de fábrica, sino lo que su comunidad de usuarios ha construido alrededor. Un firmware alternativo llamado CrossPoint, desarrollado de forma independiente, mejora sustancialmente la navegación, el renderizado de texto y la compatibilidad con formatos como ePUB. Lo primero que recomiendo hacer nada más recibirlo es instalar este software, que tiene en Reddit un subforo con guías de configuración e incluso juegos básicos que funcionan en su procesador ESP32.
Esa comunidad ha convertido al X4 en algo parecido a lo que fueron los primeros teléfonos Android. Un producto con carencias evidentes pero con un potencial de personalización que compensa para un perfil de usuario muy específico y dispuesto a cacharrear con él.
El Xteink X4 no va a sustituir a un Kindle como lector principal. No tiene la comodidad, la integración con tiendas de libros ni la madurez de software necesarias para eso. Pero tampoco lo pretende. Su propuesta es ser el lector que siempre llevas encima, el que te acompaña al metro, al café o a la sala de espera del médico porque ocupa menos que una cartera.
A 69 dólares (unos 63 euros al cambio) el riesgo económico es mínimo. Y para un perfil de lector dispuesto a invertir algo de tiempo en configurar el dispositivo, las recompensas son evidentes. Más lectura, menos distracciones y un objeto con una personalidad que ningún Kindle puede igualar. A veces, tener menos de todo es exactamente lo que hace falta.
