- Montserrat Villar, astrofísica: "Las imágenes más hermosas que nos llegan del universo son 'fake'"
- Carlos Rodríguez Braun "De joven era de izquierdas y creía que el socialismo podía cambiar las cosas; fue una mala idea"
- Su nuevo disco se llama 1973, su fecha de nacimiento. Ese año sucedieron muchos acontecimientos históricos. ¿De qué habla el disco?
- Habla de un mundo que ya no existe. De algo generacional. De gente que nacimos en los 70, y en los 80 también, y cómo tratamos de ubicarnos en 2025. De cómo asimilamos el paso del tiempo y de cómo las nuevas tecnologías van mucho más rápido de lo que podemos asimilar. Como el volumen de información. Todo desde una visión íntima pero hacia lo colectivo.
- Somos seres analógicos en un mundo digital.
- Esto es. Vamos a caballo entre dos mundos.
- Ha habido que regrabar una parte importante del disco por una apuesta fallida por Mark Howard como ingeniero de sonido. ¿Cómo le ha afectado emocionalmente?
- Fue duro y algo traumático. Como si te hubieran entrado a robar en casa. Uno va con las canciones que ha escrito en los últimos tres años y estábamos enamorados de ellas. El hecho de trabajar con una persona que no te ofrece confianza ni seguridad y te decepciona... Pero enseguida me di cuenta de que tener que volver a grabar la mitad del disco nos ofrecía la posibilidad de mejorar lo que teníamos.
- Hay por ahí en un tema un verso que me gustaría que me explicara: «Los dueños de los diarios han estado soltando mierda».
- No hace falta mucha explicación. Estamos en una época de bulos y noticias falsas, en un tiempo en el que la mentira tiene más recorrido que la verdad. No hay ningún tipo de pudor en publicar mentiras sin tener el más mínimo arrepentimiento. Creo que eso dice algo muy malo de nosotros como sociedad. Se supone que el periodismo tiene la obligación de decir la verdad.
- Corren tiempos convulsos 52 años después de 1973, ¿donde encuentras la inspiración más poética entre tanta zafiedad?
- Intento encontrar la inspiración en lo que me emociona, en lo que me seduce y me interesa y en lo que me turba también. Y en mis amigos y en la gente que quiero, en las historias que suceden a gente cercana.
- Historias que al final nos ocurren a todos.
- Exactamente. Todos tenemos más o menos los mismos problemas y los mismos miedos, incertidumbres parecidas.
- Lleva más de un cuarto de siglo en la música. ¿Le da más vértigo mirar hacia delante o hacia detrás?
- No soy demasiado nostálgico. No me agarro al pasado. Intento no quedarme colgado en las cosas que he hecho. Ni rebozarse en el fango. Intento sentir como un reto hacer una canción nueva que me guste y hacer algo distinto, transitar por caminos que no he recorrido todavía.
- ¿Nos seguimos drogando con promesas? [Letra de su legendario tema Aunque tú no lo sepas].
- Sí, evidentemente. Nos seguimos estimulando con los deseos y las inquietudes. Y con los nuevos amores.
- ¿Se ha traicionado alguna vez a sí mismo?
- He tratado siempre de marcar una línea roja para no traicionarme. Creo que en las cosas importantes no. Pero sí he tenido errores y a veces he traicionado a gente que quería y también me han traicionado a mí.
- ¿La culpa es un lastre o un motor?
- Es un lastre, sin duda. Viene de la educación católica y que no sirve absolutamente para nada más que para frenarte.
- ¿Las redes sociales son ese mal necesario para difundir la música?
- Tienen muchas ventajas. Ahí está toda la gente a la que le gusta tu música o está interesada por lo que haces. Están a un click. Pero por otra parte tienen un exceso de información brutal y en muchos casos inservible. Al ser tan adictivas, como los teléfonos y la conexión tecnológica, nos hacen perdernos muchas cosas.
- ¿Qué le provoca la Inteligencia Artificial?
- En el arte hay experiencias insustituibles. La IA no creo que supere la experiencia de ver una obra de teatro o un concierto en directo. En mi caso, al hacer una canción, al equivocarme en un acorde que sale distinto, o en una palabra, el error me ha hecho llegar a otro sitio. La IA no va a ser capaz de convertir un error en un acierto.
- Después de tanto tiempo, su voz se ha convertido en parte del paisaje emocional de su público, en algo que se ha interiorizado, reconocible.
- Eso es lo más bonito, el objetivo de quienes escribimos canciones. Que acompañen a gente en su vida. Lograr conmover y acompañar es lo máximo. Objetivo cumplido.
- ¿Le confunden mucho con Jabois?
- A él muchas más veces que a mí. De hecho, cuenta una anécdota sobre alguien que le pidió un autógrafo. Y le dijo que no era Quique, sino Manuel Jabois. Y el fan se enfadó muchísimo. Ahora debe de pensar que soy un idiota porque no se lo creyó.
La última...
Pregunta. ¿Cuál es la pregunta más impertinente que le han hecho? ¿Y qué respondió?
Respuesta. Alguien me preguntó hace muchos años si Quique González era mi nombre artístico. Y le respondí si le había preguntado lo mismo a Manolo García.

