- María Barranco. "Un señoro del cine me dio la lista de actrices que habían accedido a intercambiar sexo por papeles. No eran pocas ni desconocidas"
- José Luis Garci. "Los españoles nunca nos hemos querido los unos a los otros, ni ahora ni antes"
- Esa España Nuestra. Todas las entrevistas a personalidades de los 80 y los 90, por Iñako Díaz-Guerra
El Dioni, ya saben la historia. El 28 de julio de 1989, Dionisio Rodríguez Martín (Madrid, 1949) un guardaespaldas degradado a escolta de furgones blindados, decidió llevarse uno y robar 298 millones de pesetas. El resto es leyenda de la España picaresca y cañí. Ya no lleva peluquín y anda renqueante, pero mantiene el ojo a la virulé y su hablar ronco y castizo. Sabe el personaje que es y lo exhibe. Antes de sentarnos, se ha hecho media docena de fotos con espontáneos. "El puto Dioni es eterno", se ríe.
- Diste el pelotazo más célebre de la España del pelotazo.
- Lo que ocurre es que en aquella época los únicos golfetes famosos éramos Jesús Gil y yo. Entonces, cuando la lié parda en pleno mes de julio se juntó que era un acontecimiento extraordinario, no como ahora que roba todo el mundo un día sí y otro también, y que estaba todo muy pacífico por ser verano. Así que la noticia de que un tipo normal había robado un furgón fue un bombazo y por eso he perdurado en el tiempo. A veces parece que soy el único que ha hecho una pirula en el país de las pirulas pese a que me han dejado muy atrás los verdaderos ladrones, que anda que no tenemos.
- ¿Tanto se roba en este país?
- Mi madre me dijo: "Hijo, no te preocupes que alguien vendrá que santo te hará". Y me he acordado mucho de esas palabras. Fíjate todo lo que ha venido detrás: políticos, empresarios, banqueros, de izquierdas, de derechas… A tope todos. Y aun así, han pasado 36 años desde mi robo y me siguen pidiendo fotografías cada día. España me quiere.
- ¿Te quiere pese a que robaste un furgón blindado y te diste la vida padre mes y medio en Brasil o precisamente por ello?
- Porque soy un buen tío, un tipo simpático que hizo una estupidez. Aparte, cuando robé el furgón solamente me llevé el dinero del Banco Hispano Americano y dejé allí cerca de 40 millones que eran de los trabajadores, para pagar sus nóminas. Eso no me atreví a tocarlo porque no iba a robar a currantes como yo. Me llevé los 298 millones del banco que, casualmente, los tenían asegurados con La Unión y el Fénix, cuyo presidente era Mario Conde con el que luego coincidí en la cárcel de Alcalá-Meco.
- ¿Hablasteis del asunto?
- Sí, le dije: "Arrieros somos y en el camino nos encontramos". No tuvimos más trato porque, claro, él era Mario Conde y no llegó a entrar a los módulos de los presos comunes. Sólo le vi porque estaba en admisión y se dedicaba a dar las almohadas y las sábanas a los que llegábamos nuevos, pero luego vivía con los funcionarios. Tenía hasta nevera. Coño, en Navidad yo era el que limpiaba los langostinos que él se comía. En España hay clases hasta en la cárcel.
- ¿Eso influye en que tanta gente se pusiera de tu lado? ¿Eras el pueblo robando a la élite?
- Parecido a Robin Hood pero para quedármelo yo [risas]. Tienes que tener en cuenta que a mí me la habían jugado. Antes de aquello, yo era alguien en el ámbito de la seguridad y policial. Juan Alberto Perote, del CESID, era amiguete mío. Conocía a Villarejo, a Marcelino Martín-Blas, que era el jefe de Asuntos Internos… En aquella época eran personas normales, ahora es cuando se ha descubierto todo lo que hacían, pero para mí eran policías y punto pelota. Me pasaba igual con Billy el Niño.
- Torturador de cabecera del franquismo.
- Sí, pero yo de todo eso no sabía nada. A mí me contó que le llamaban así porque con la placa y una pistola detuvo una gran manifestación. Por lo visto, los estudiantes lo vieron y se acojonaron. Ahora entiendo por qué… A lo que íbamos, que cuando monté el lío me conocía todo el mundo policial y sabía de mi forma de ser, mi profesionalidad y lo buena gente que era. Y sigo siendo, claro.
- Me estabas contando que te la habían liado y por eso robaste el furgón.
- Sí. Cuando eres una persona que se pasa años jugándose la vida y combatiendo a grupos terroristas como GRAPO, ETA o Terra Lliure y eres guardaespaldas del presidente del Banco Central, Alfonso Escámez, entre otros muchos altísimos empresarios y políticos, no te mereces que te traten como a mí. Porque eran tiempos de atentados constantes y lo pasas muy mal. Te tiene que gustar mucho la profesión para levantarte a las seis de la mañana, rezar, limpiar el arma y deambular por Madrid todo el día en aquellos tiempos de balaceras, secuestros, asesinatos y extorsión. Era un infierno Madrid. Yo lo hacía y, entonces, nunca he entendido por qué decidieron cambiarme de puesto y pasarme de escoltar personas a escoltar furgones. Eso era bajarme el sueldo de 250.000 pesetas a 100.000.
- Pero alguna razón te darían.
- Porque les dio la gana. Fui a ver al jefe de personal, al de seguridad y al director general, un tal José Mari que se casó con el presidente de la empresa [Candi S.A.] y le dieron el puesto. Se pasaron la bola unos a otros con que era un error y se iba a solucionar, pero nadie hacía nada. Yo tenía un pisito en la avenida de Oporto, un Audi de segunda mano y me estaba haciendo una casita en Marugán, un pueblo de Segovia, y me lo iban a embargar todo con lo que me había costado ahorrar y trabajar jugándome la vida durante 12 años para conseguirlo. Así que me dio un yuyu, un arrebato, yo qué sé. La lié.
- El día del robo, cuando te levantaste, ¿pensabas que ibas a cambiar tu vida?
- No, creo que ni siquiera yo me lo creía del todo. Las noches anteriores me reunía con amigos y policías de la comisaría de la calle Lira para tomar una cervezas y me iba calentando. Todos me preguntaban cómo es que me había degradado, me veían de mala leche y yo les decía: "Tíos, el día menos pensado les doy un escarmiento". Y la idea fue cobrando fuerza. La última noche se lo dije a dos o tres amigos: "Si mañana tengo cojones, me llevo un furgón". Al día siguiente me fui a la peluquería, me teñí el peluquín y dejé el coche aparcado en el Jumbo [un hipermercado del norte de Madrid].
- Vamos, que lo tenías todo planeado.
- No, no, fue todo una improvisación. Me teñí el pelo porque me tocaba, no para esconderme, y el coche siempre lo dejaba ahí. De hecho, lo primero que hice cuando me llevé el furgón fue quitarme el peluquín, que es como me conocía todo el mundo. Yo fui a trabajar pensando que era un día normal, aunque le daba vueltas a lo que había dicho la víspera a mis amigos, con los que había quedado más tarde. Al llegar a la pastelería Mallorca de la calle Alberto Alcocer les dije a mis compañeros que bajasen ellos a hacer la recogida porque yo tengo ciática, cosa que es verdad. Pensé: "Ya está, si se bajan los dos, me lo llevo. Si no, pues nada". Y se bajaron.
- Y arrancaste.
- Y arranqué. Yo nunca había delinquido. Soy una especie a extinguir, un tío normal, un poco cachondo, que ha ayudado al que ha podido y que ese día estaba hasta las pelotas y robó un furgón. Soy buena gente, coño. Hoy algo como lo que yo hice sería impensable con tanta tecnología y tanto control, pero entonces todo era más simple.
- ¿España era más feliz o sólo más ingenua?
- Yo creo que nos respetábamos más las diferencias. Como escolta tenía prohibido hablar de política y de fútbol para no molestar, así que ni me preocupaba por si Franco era bueno o era malo. Simplemente, ahí estaba, me cachondeaba con los amigos porque inauguraba otro pantano y le llamábamos ‘Paquito el rana’, pero la verdad es que me daba igual. Y luego llegó la democracia y fenomenal también. A mí lo que me importa es que íbamos una pandilla al Retiro con un tocadiscos, éramos 60, bailábamos y allí no había ni peleas ni se metía mano a ninguna chica. No había violencia, no había nada más que simpatía y cachondeo. No había apuñalamientos ni asesinatos de maridos y novios, como ahora.
- Los había, pero la mayoría no se denunciaban, Dioni.
- Puede ser, no sé, pero mi sensación es que todo era más feliz y más sencillo. Había una manifestación gorda, se programaba una corrida de El Cordobés o un partido del Real Madrid y solucionado. Mi padre era conductor de autobús de la línea de Manuel Becerra a Vallecas y más madrileño no puedo ser. Pues, antes de la seguridad, fui representante de los bolígrafos Bic y Stabilo y cada tres meses viajaba a Barcelona para reunirme con veintitantos vendedores de allí. ¿Qué hice? Aprender catalán para poder ir a tomar un coñac juntos, coño. Si es que todo es mucho más fácil de lo que lo hacen los políticos.
- Volvamos al robo. ¿Qué pensaste al verte con el furgón?
- "La he liado, la he liado, la he liado". Me entró un arrepentimiento enorme porque me vino a la cabeza mi madre, que yo la quería mucho, y lo iba a pasar fatal, pero ya no tenía vuelta atrás, no podía volver con el furgón como si no hubiera pasado nada. Así que recé y dije: "Dios mío, no me ayudes, pero tampoco me jodas la marrana". Llegué a mi coche, metí el dinero y me reuní con mis amiguetes en una cafetería que se llama La Rana Verde. Ahí a ‘Cocoliso’ [Jesús Arrondo, antiguo infiltrado en ETA] le di 50 millones; a ‘Patagón’ [el espía Jorge Medina], otros 50; a mi vecino, 195, y yo me quedé con tres.
- ¿Me tengo que creer que sólo te quedaste tres millones?
- Te doy mi palabra de honor. No iba a ir por la vida como Papá Noel con las sacas. Tres millones en 1989 daban para vivir como un marajá bastante tiempo y pensé que ya recuperaría el resto… Además, estando en Brasil me hicieron llegar más.
- De los 298 millones robados, 140 nunca se recuperaron. ¿Dónde están?
- No lo sé. Cocoliso se mató a los dos meses. Se casó, se compró un Mercedes y en Málaga, que estaba en luna de miel, se estrelló. ‘Patagón’ desapareció. Era espía y cubano, había estado trabajando para la CIA, de ahí pasó a Alemania Oriental y luego a España, que estuvo con la Triple A [grupo terrorista de extrema derecha] y se metió en el GRAPO infiltrado. Sabía cómo desaparecer sin dejar huella y lo hizo. Con ellos volaron sus 100 millones y los otros 40 que faltaban, pues de lo que gasté en esos dos meses entre unas cosas y otras.
Esas "unas cosas y otras" fueron una huida improvisada y, sobre todo, mes y medio de desfase en Brasil que escandalizaría a Baco, a Maradona y a Ábalos. La explicación de Dioni de los pasos que dio hasta llegar a América es enrevesada. Incluye el abandono de su coche en el aeropuerto para despistar, un intento frustrado de despedirse de su madre en El Molar, un matrimonio chileno que le vende otro automóvil y le esconde unos días en su casa a cambio de dos millones, un par de semanas moviéndose por España y Portugal, un pasaporte falso y, finalmente, Río de Janeiro. Allí es donde Dioni pasa de hombre común metido en un lío a millonario exhibicionista, disparatado… y efímero.
- Les pusiste muy fácil encontrarte.
- Porque sabía que me iban a pillar igual y pensé que tenía que disfrutar a tope el tiempo que tuviera. Si volvía a España, me preguntaban qué había hecho con el dinero y les decía que nada, iban a pensar: "Encima de ladrón, eres tonto". Y tonto no soy. Así que a vivir. Me dijeron que en Barra de Tijuca era donde estaban los millonarios y allí me fui. Había un restaurante, El pescador, que era donde íbamos todos los días Ayrton Senna, Pelé, Xuxa, Roberto Carlos y yo. Ahí estaba yo con todos.
- ¿Te mezclabas con ellos?
- Cada uno en su mesa con sus chicas. Había una especie de capo gallego, que era amigo de Julio Iglesias, que controlaba todo. Allí conocí a una madame que me dio un álbum lleno de misses para elegir y yo, a ver, no me venía mal echar un polvete, pero lo que quería era compañía porque estaba solo en aquel país. Me llamó a una que era muy estirada y para evitar esa falta de conexión dije: "Vale, pues a partir de ahora voy a ir siempre con tres". Y nada, con ellas vida normal, iba a La chica de Ipanema a tomarme una cervecita, al Scala, que era una sala de fiestas sensacional…
- A ver, no sé si a ir siempre con tres escorts quemando dinero lo llamaría yo vida normal…
- Vida normal de millonario. Yo no iba a perder el tiempo que tuviera. Veía que los ricos se movían en helicóptero y al día siguiente alquilaba yo uno. Era mi momento, así que lo aproveché. Comilonas, fiestas, mujeres, alcohol…
- ¿Cocaína?
- No. Porque cuando era guardaespaldas nos hacían análisis y nunca tomé. Ni porros ni borracheras ni nada. Era cuadriculado.
- Ya, pero cuando eras escolta tampoco robabas furgones. En Brasil ese Dioni ya no existía.
- A ver, no te voy a mentir, en Brasil algo probé. El chofer que tenía me llevó a un sitio de la alta sociedad, donde había jueces, policías y artistas. Allí, uno que tenía una bola que iba rallando como un queso y solamente de estar cerca te sentías muy ufano. Me dijeron que era cocaína y, ya que estaba ahí, pedí que me pusieran una. Pero pequeñita, eh.
- Esa y ya, ¿no?
- Bueno, luego le di otro uso. En Río, iba a una discoteca en un ático que, en realidad, era una casa de prostitutas. Había 80 o 90 a cual más guapa, unos cuerpazos... Cuando tú le hacías un guiño a una, venía y te ponía una pulsera con un número para luego pasar con ella a una habitación. Bueno, pues guiñé a cuatro, que ya no me cabían más pulseras, y pedí la suite, que tenía sauna. Yo iba a muerte. Entonces, en lo que se preparaba todo, se me acerca la camarera, que era la más guapa de todas, y me pregunta si quiero cocaína. Yo: "No, no, no, no". La chica: "Sí, sí, sí, sí". Y dije: "Bueno, vale. ¿Cuánto cuesta el gramo?". Me dijo que siete y le dije que me entonces me diera trece.
- ¿Trece gramos?
- Sí, por redondear a los 100 con propina. Se los di a las chicas y se echaron la coca en sus partes y la extendieron por todas las sábanas, que eran unas sábanas preciosas de raso verde oliva y me dio pena, pero me explicaron que cuando te ponías al tema y sudabas, se te metía por los poros y te ponías como un macaco nervioso.
- No sé si me estás dando más información de la que necesito, Dioni.
- Pues funciona, me puse como un gorila. Ese día me sentí un dios. De hecho, a mí la que me gustaba era la camarera y le pedí que se uniera, pero me dijo que ella no hacía eso. Insistí y accedió a un biberón [Dioni me lo explica con un gesto que, en realidad, no era necesario] siempre que fuera rápido para que no la pillaran. En eso llegaron las otras cuatro, nos vieron y se empezaron a partir de risa. Pregunté qué pasaba y me dijeron que la camarera era un travesti. Le ofrecí 50 dólares más si me la enseñaba y, en efecto, sacó un aparato tremendo. ¿Sabes que hice?
- Miedo me da.
- Pues les dije a las otras cuatro: "Menos reírse porque la chupa mejor que vosotras. Así que repetiré". Todo me parecía bien en esos días. Iba en limusina, me operé, bebía sólo Dom Perignon y Veuve Clicquot, me compré trajes, zapatos caros… Buah, fue la leche.
- ¿Eras consciente allí de la celebridad en la que te habías convertido en España?
- No. Me enteré ya en la cárcel brasileña porque me mandaron la letra de la canción que me dedicó Sabina [‘Con un par’]. Me encantó, aunque luego el cabrón de mi abogado [Rodríguez Menéndez] le demandó para intentar sacarle pasta sin yo saberlo. ¿Cómo coño iba yo a demandar a Sabina si fue un honor enorme esa canción?
- Al final, como no podía ser de otra manera, te pillaron.
- Sí, cogí una chica mona, pero discreta para irme a conocer América. Fuimos a Iguazú, a Paraguay, a Argentina… Todo en los mejores hoteles y todo fenomenal, pero al volver alguien me había delatado y me detienen. Abro la puerta del apartamento y me encuentro a 20 tíos con ametralladoras que se abalanzan a por mí. Me dieron hostias como panes, me llevaron al dormitorio, me esposaron encima de la cama y empezaron a revolver todo buscando el dinero. Yo les decía que no lo tenía, pero no me creían, así que el jefe de la policía me cogió con otro y me llevaron a Copacabana a meterme la cabeza en el mar para que hablara.
- ¿Y qué les decías?
- Que lo tenía en España, pero nada. Me llevaron a la Delegación y allí ya se puso seria la cosa. Me metieron una pistola en la boca, me dieron hasta que se me abrió la cabeza y me metieron en una habitación donde me dieron descargas eléctricas hasta que me dio un paro y me desmayé. Varias veces. Ponían la música a todo meter, me colocaban unas pinzas, le daban a la manivela y… Me quedé sin voz de tanto gritar. Cuando asumieron que no tenía más dinero allí me metieron en una celda de tres por cuatro metros, con cucarachas y mosquitos dengue, de la que no me dejaron salir hasta el cuarto mes.
- Tras diez meses allí, España consiguió tu extradición.
- Sí. La policía brasileña me lleva esposado al aeropuerto y lo primero que hace la española cuando me cogen ellos es quitarme las esposas. Eran polis que conocía de mi etapa en seguridad y me llevaron a la zona VIP. Me tomé dos whiskies con ellos y, cuando íbamos a subir ya al avión, vi que había periodistas de ‘Interviú’ y les dije que me volvieran a poner las esposas para que no me hicieran las fotos sin ellas. Subimos las escaleras y estaban las azafatas esperándome porque el comandante me quería invitar a champán para celebrar la vuelta a casa. Luego cogió y dijo por los altavoces: "Les habla el comandante para notificarles que llevamos al Dioni a casa". Y todo el pasaje rompió a aplaudirme.
- Te condenaron a tres años y cuatro meses y saliste de la cárcel siendo ya, para siempre, el Dioni. ¿Cómo ha sido tu reinserción en la vida corriente todos estos años?
- Bueno, con altibajos. Puse bares, lo intenté como cantante, escribí un libro, he salido en realities de la tele, he estado trabajando de albañil… He ido tirando. Ahora soy un pensionista que vive con su mujer en un pisito de Moratalaz, voy andando con el carro a comprar al Mercadona para andar un poco y por el camino me dicen cosas hasta los policías. Una vida muy normal, pero en la que todo el mundo me quiere.
- ¿Aún sueñas con esas semanas de lujo y desenfreno?
- No, fue divertido, pero me parece ya otra vida. Me he aclimatado aunque todavía disfruto cuando me invitan a un hotel de cinco estrellas o a un restaurante con la estrella Michelin. Descubres que hay mucha mentira en esto de las clases. Veo a gente muy distinguida que come fatal, tanto con la vajilla como con los modales. Yo estudié protocolo cuando trabajé para Miguel Durán en la ONCE. Hay mucho poderoso que no sabe ni masticar con la boca cerrada.
- Si pudieras rebobinar, ¿volverías a robar el furgón?
- A veces pienso que mereció la pena y otras, no. Depende de en qué momento me pilles. Ahora tengo 76 años, una familia fenomenal, mi hija está embarazada y le doy gracias a Dios por todo lo que me ha pasado para llegar hasta este punto. Yo soy muy creyente, Dios siempre me ha ayudado. Me ha acostumbrado muy mal y el día que no me ayude no tendré derecho a rebuznar. Me sacó vivo de la cárcel, me ha librado del cáncer... Siempre me apoya.
- Toda España está convencida de que sabes dónde está el dinero que falta.
- Ojalá, pero no lo sé. Hay una prueba evidente: sería incapaz de tener 140 millones y que no se me notara, mira la que lié en Brasil. Por mi forma de ser y mi carácter, no aguantaría que mi familia pasara las calamidades que ha pasado por no tener dinero. Si tuviera esa pasta, me la estaría gastando, no yendo a la compra en Moratalaz con un carrito ni llevando 36 años sin tocar un duro. Todo el mundo sabe dónde vivo, qué compro, a qué hora salgo y qué bebo en el bar de abajo. Soy una radiografía. No podría ocultar algo así. Sólo soy un tipo normal que un día hizo una cosa extraordinaria porque se vio superado por las deudas y a punto de perderlo todo. Y ya lo pagué con la cárcel, donde me pusieron con la escoria de España. Compartía litera con el asesino del mesón del Lobo Feroz y jugaba al Monopoly con los de ETA, con Iñaki de Juana Chaos y Germán Rubenach. Estaba con ellos de cachondeo: "¿Si compro la calle Goya, me pones una bomba?". Alucinaban.
- ¿Una historia como la tuya sería posible en una España como la de hoy?
- No. Serían posible el robo y las prostitutas, eso ya lo estamos viendo con todo el caso de Koldo, pero no el cariño de la gente porque yo soy un buen tío que metió la pata, pero no un corrupto ni un hijoputa. Pongo la televisión y veo que los políticos de derechas han metido la mano la caja 40 veces y los de izquierdas, otras 40. Cada día leemos que han robado, han estado con prostitutas y han tomado cocaína, no tiene ya nada de especial ni de carisma. ¡Hasta el Rey hizo una pirula gorda! Si acaso, mi robo sería como el del Louvre, una cosa mucho más romántica. En España ha habido mucha gente que ha robado más que yo, pero no les recuerda nadie. El pueblo sólo se acuerda del puto Dioni.
- ¿Por qué?
- Porque yo robé por necesidad, ahora todos estos hijos de puta roban por vicio.






