A Mark Mazower le preocupa el modo en que hablamos. No solo lo que decimos, sino lo que dejamos de poder decir. Profesor de Historia en la Universidad de Columbia y autor de ensayos clave sobre el siglo XX europeo decidió escribir Sobre el antisemitismo. Historia de una palabra (Crítica) después de ver cómo sus estudiantes temían expresarse sobre Israel y Palestina. "Me enfurece que no podamos hablar de los temas más importantes del mundo por miedo a ofender", cuenta Mazower, que creció en Reino Unido en el seno de una familia secular judía. "Quise escribir un libro sobre política, sobre los usos políticos de la retórica". Su tesis es que "las palabras son lo único que tenemos", y que la palabra "antisemitismo" sirve para cerrar muchas conversaciones injustamente.
Su libro, explica a este diario, nació de esa necesidad de examinar cómo usamos los vocablos. "Quería escribir sobre una palabra, no sobre una idea. Si hablas sobre la palabra tienes un punto de partida muy claro". En su caso, este comienza en el siglo XIX, con la creación de la Liga de Antisemitas. "Pero si hablas sobre el concepto del antisemitismo, entras en una discusión sobre hasta dónde deberías retroceder en el tiempo y cuál es la relación entre el fenómeno moderno y el antiguo. Ya se han escrito muchos libros sobre eso, yo no quería escribir otro".
Para Mazower, el término "antisemitismo" es un ejemplo de cómo las palabras cambian con el tiempo. "Cuando la palabra fue acuñada, fue como parte de la política racista. De hecho, en el siglo XIX los racistas estaban contentos de serlo. No había ningún tipo de estigma contra la política racista. Pero con el tiempo se convirtió en un concepto familiar en todo el mundo en el contexto de una política antirracista, como parte de la lucha contra el nazismo", explica.
"Después de la Segunda Guerra Mundial", continúa, "hubo un esfuerzo, especialmente en Estados Unidos, pero también en otros lugares, para hacer consciente a la gente de que el antisemitismo era un problema. Esto se hizo en el contexto de ver el antisemitismo como una forma de racismo. Pero algo ha cambiado en los últimos 30 o 40 años por varias causas. Una es que nuestro entendimiento del racismo, como el de muchos conceptos, se convirtió en americano, y en el contexto americano la gente ve la raza como una dicotomía negro-blanco. Entonces no está claro a dónde encaja ahí el antisemitismo".
"Si no permites a la gente discutir, hacer comparaciones, no les dejas intentar entender el mundo a su alrededor"
Mazower ve su trabajo como un intento de restaurar la precisión. "Empiezo con la idea de que la posición original era correcta". Pero el debate actual, evidentemente, gira en torno a Israel. "Hasta 1965 o 1970, cuando la gente hablaba de antisemitismo, no hablaba de Israel. Pero ahora mucho de lo que la gente tiene en mente cuando se hace estas preguntas es: '¿qué se puede decir sobre Israel?'. Y, más aún, '¿qué se debería decir sobre Israel?' Es posible apoyar a Israel y ser antisemita, y es posible criticar a Israel y no ser antisemita".
Como cuenta, en su experiencia en Columbia, lo vivió de cerca: "Vi esta extraordinaria reacción de los estudiantes manifestándose en el campus, a los que les decían que eran antisemitas cuando realmente no lo eran. Esa era una parte muy pequeña y poco importante de sus protestas, pues de lo que se quejaban era de lo que hacían las fuerzas armadas israelíes".
En este sentido, Mazower no rehúye los temas más sensibles del presente. Sobre el uso de la palabra "genocidio" para describir la situación en Gaza, responde: "Las palabras se han convertido en política, así que hay muchas personas que te dicen que no debes usar 'genocidio'. O, en cambio, otros dicen que tienes que usarla: 'Tienes que describirlo como genocidio o no estás de nuestro lado'. Yo me opongo mucho a esta manera de decirle a la gente qué palabras deben usar y cuáles no, porque lo que intentamos es entender situaciones complejas".
"Es razonable describir lo de Gaza como un genocidio pero, ¿sería acaso menos terrible usando otra palabra?"
"Si alguien quiere describir lo que sucedió en Gaza como genocidio, es una posición razonable", añade. "Pero, al mismo tiempo, ¿serían los hechos menos terribles si no usásemos ese término sino otro? Lo que ha sucedido sería igual de horrible. Pero tenemos que comparar. Intentemos entender las intenciones de los israelíes en Gaza, y para eso las debemos comparar con las intenciones de los turcos en 1915 o con las de los alemanes en 1942", explica. "Entonces es cuando podremos discutir si son iguales o diferentes las acciones. Pero si no permites a la gente discutir, hacer la comparación, no les permites intentar entender el mundo que les rodea".
Por eso mismo, su libro también aborda el peso del Holocausto en el discurso público, llegando a decir que a día de hoy "pensamos con el Holocausto". "Sin duda se ha convertido en una barrera" a la hora de hablar de temas actuales, como la situación en Gaza. "Todos estos años, si escuchas al Gobierno israelí, cada crítica relativamente pequeña o cada ataque lo ha asociado al Holocausto. Por otro lado, cada crítica hacia las acciones israelíes es descrita como antisemita. En ambos ejemplos el Holocausto se introduce de una manera que te silencia, es como decir: 'ya está, no hay más discusión'".
Cuando se le pregunta por Alemania, en varias ocasiones uno de los mayores aliados de Benjamin Netanyahu, Mazower reflexiona que no cree que sea "una coincidencia que los alemanes hayan tenido las mayor reservas en esta discusión sobre el antisemitismo. Todavía cargan en sus mentes con la pesadilla de los años 40 y del Holocausto", asegura. "La política alemana en las protestas contra Israel ha sido, francamente, bastante rígida. No confían en sí mismos para pensar fuera del enfoque tan estricto que han creado" en base a su historia reciente. Del mismo modo, Mazower también advierte sobre el efecto del conflicto y de estas interpretaciones en las comunidades judías europeas en general. "La crisis en Oriente Medio trae consigo a un aumento del antisemitismo, eso también está sucediendo. Me preocupa la forma en que el destino de los judíos se ha unido con el destino de Israel. Eso no es saludable a largo plazo para las comunidades judías de otros países", lamenta el historiador.
Por supuesto, en cualquier fenómeno de este calibre en el discurso público, siempre hay otros elementos subrepticiamente influyentes. Sobre la responsabilidad de los políticos y los medios de comunicación, Mazower es directo: "Yo no espero mucho de los políticos. Y, para ser honesto, tampoco espero mucho de los medios", dice entre el pesimismo y la broma. "Todo lo que podemos hacer es recordar a todo aquel que lea lo que dicen que las palabras son todo lo que tenemos. Pensamos que controlamos las palabras que usamos, pero tal vez son ellas las que nos controlan".
Mazower conserva, aun así, una fe discreta en la posibilidad de pensar mejor. "La clave está en invertir tiempo en las palabras, en tener paciencia y empezar a pensar más allá, pensar en cómo usarlas correctamente", dice sobre qué aconseja a sus estudiantes. En su voz hay más preocupación que resignación: la convicción de que el lenguaje todavía puede servir para comprender, no solo para dividir. Porque en su historia de una palabra resuena, en el fondo, una advertencia mayor: que cuando las palabras se vuelven armas, la realidad se vuelve indecible.

