Ante el voluptuoso racismo que proclama Donald Trump (La Bestia), el espectáculo de Bad Bunny en el intermedio de la final de la NFL fue una fiesta anti Trump. El pasacalles inclusivo del cantante y compositor puertorriqueño reivindicó una América mestiza, coral, diversa. Más o menos lo que significa el continente América. Después de la suelta del ICE -escuadrones antiinmigración- en Minneapolis y otras ciudades, nadie debe dudar de que la propuesta patriótica de Trump es un fermento repulsivo, violento, asesino, apoyado de mala manera en un forzado cambio de rumbo con meta en la derechización y el asedio contra quienes tienen menos garantías. En España es Vox el partido que aclama los fundamentos del trumpismo y a su manera ejerce de ICE dialéctico ante una inmigración necesaria para resolver aquellos trabajos que preferimos delegar en quienes vienen a buscarse la vida.
Hace tiempo que los valores en que se apoya el orden moral se desmoronaron. Y Trump es el candidato a degradarlos más, porque su fuerza está en el caos y en difundir el miedo en todas direcciones. Lo que vino a cantar (en español) y a bailar y a representar Bad Bunny es que los pilares del templo no se sostienen sin los de fuera, los que llegaron y llegan y llegarán para mantener por abajo el sistema para que no se hunda todo en la mierda. Algo así es elemental. Lo otro conduce a la quiebra social. El espectáculo de la NFL, sin una sola consigna, es contundente para bailar sin decir que existe en este momento del mundo un patriotismo basura impulsado por las políticas de Trump y que lo que nunca falla es la mezcla explosiva de la gente.
Si uno se fija, cuanto representa La Bestia es un espectáculo, una pista de circo altamente peligrosa. No le gustó, como estaba previsto, el carnaval formidable del puertorriqueño. "Es una auténtica bofetada para nuestro país (...) y, sin embargo, recibirá excelentes críticas por parte de los medios que difunden noticias falsas, porque no tienen ni idea de lo que ocurre en el mundo real". El mundo real es una noble ambición fuera del alcance intelectual de Trump.
Aquí tenemos a Vox, como todo el mundo sabe, llevándole el botijo a La Bestia, a quien tanto admira. El mismo Vox que ahora hocica el hígado al PP. Un partido, el de Feijóo, que no sabe ni puede ya darle el alto y que ahora le comerá en la mano, como las palomas abducidas de las plazas. La cabalgata de aquí será otra distinta a la de Bad Bunny. Menos festiva, menos diversa, más inquietante.

