Se insiste mucho en lo pronto que cambiamos de tema. Que, en el espacio de un par de días, nuestra conversación pública puede pasar sin solución de continuidad del accidente de Adamuz a la regularización de inmigrantes, pasando por las trampas de los decretos ómnibus y la revalorización de las pensiones. Una hiperactividad de la que sospechamos de forma instintiva: todos recordamos aquello de que quien mucho abarca, poco aprieta. Y, efectivamente, parece que hablamos de muchas cosas y al final no se resuelve casi nada.
Es cierto que esta yincana temática tiene truco: muchas veces son los partidos políticos los que nos dirigen hacia el plinton cuando aún no hemos terminado con los aros. El único gran consenso de la política actual es que un dirigente gana cuando conduce a los votantes hacia los temas que le interesan. Pero que interesan al dirigente, no al votante. Y no cambia gran cosa el que seamos conscientes de todo ello. Incluso quienes han visto en la regularización de inmigrantes un intento de desviar el foco de Adamuz han terminado hablando de lo primero. Tiene sentido: algunas cortinas de humo son fáciles de ignorar, pero otras tocan asuntos que verdaderamente merecen nuestra atención. Qué se le va a hacer, lidiamos con profesionales.
Sin embargo, hay cuestiones de fondo que pueden atravesar asuntos distintos. En los tres que hemos mencionado -Adamuz, regularización, decretos botillo- se plantea una misma pregunta: ¿ha actuado el Gobierno de forma responsable? El mantenimiento de las infraestructuras, las medidas en política migratoria y la revalorización de las pensiones son cuestiones diferentes, pero está claro que todas se deberían abordar desde la responsabilidad. Esto es, con previsión, con un proyecto claro y con una perspectiva centrada en lo que más conviene a los ciudadanos. Nada de esto aparece en el comportamiento del Gobierno en estos asuntos. Más bien nos encontramos una y otra vez con evidencias de un Ejecutivo que improvisa, que parchea, que desoye avisos, que no parece calcular las consecuencias a medio o largo plazo de sus decisiones, y que somete cuestiones de calado a criterios de pura oportunidad política. Y así damos muchas vueltas para terminar donde estábamos. La gente cambia de tema, pero sigue hablando de lo mismo.

