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Los 40 y tantos golpes

Por qué es malo que la izquierda se suicide y que Trump no meriende torta del Casar

La izquierda pierde la hegemonía social en el mundo, no planta cara al populismo de derechas y tampoco es eficiente económicamente. Y lo que es peor: vive alejada de la realidad. Una mala noticia para el mundo. Se la vote o no

Comunistas indios queman carteles de Trump.
Comunistas indios queman carteles de Trump.AP
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En el Ayuntamiento de Cáceres, Unidas Podemos presentó ayer una moción con la propuesta de declarar persona non grata en la ciudad extremeña a Donald Trump. La justificación es que la deriva de la política exterior del presidente de EEUU ha puesto en riesgo el derecho internacional y la paz global. Fue rechazada con los votos de PP y Vox. ¿Qué hizo el PSOE? Se abstuvo.

Hace unos días mi buen amigo valenciano lord Bocairent pasó por la sede de Podemos de Bilbao. Me dijo que todos los carteles que vio colgados estaban dedicados a Benjamin Netanyahu. Esta misma semana, el PSOE ha anunciado que va a celebrar una próxima conferencia política «por la paz» para redefinir la postura socialista ante el «nuevo orden internacional» que nace.

La izquierda en sus distintas mixtificaciones no es que esté dejando de ser competitiva electoralmente, sino que demuestra vivir cada vez más alejada de la realidad. Eso es una mala noticia para el mundo. Se la vote o no.

Negarle a Donald Trump el zorongollo y la torta del casar quizás sea cruel con sus papilas gustativas, pero como torpedo diplomático no acojona mucho. Pensar que el joven vasco está más preocupado por la maldad del primer ministro israelí que por el precio de la vivienda o la falta de empleo es una prueba palpable de la escasa conexión vigente con el sentido común. En lugar de plasmar los anhelos del votante, el mensaje progresista se centra en sus prejuicios.

Como sostiene el politólogo norteamericano Ruy Teixeira, la izquierda necesita corregir el rumbo hacia el realismo para tener una oportunidad real de derrotar al populismo de derechas y lograr mejorar la sociedad. Y da la impresión de que todavía no se ha dado cuenta. Resulta que sólo piensa en el zorongollo. El principal problema conceptual que afronta es pensar que necesita pasar por la ITV y hacer un par de arreglos, cuando los hechos (y las proyecciones) apuntan en casi todo el mundo a que hace falta ir al desguace y, a la vuelta, pasarse por un concesionario.

No hay duda de que el proyecto de la izquierda en el siglo XXI ha fracasado. Esto se demuestra porque no alcanza la hegemonía social ni planta cara al populismo de derechas y tampoco es eficiente económicamente. Es necesario repensarla y buscar respuestas en los grandes debates. Alejarse de un ideario iluso y ñoño -wokismo radical- que fue importado de unos Estados Unidos profilácticos y, a su vez, evitar derechizarse sin rubor para evitar una sangría de votos, como parece que va a hacer con la inmigración ilegal.

Por su incomparecencia en la guerra de las ideas perdió al obrero y ahora pierde a la juventud. En Trump y en Netayanhu no está la solución. Ni siquiera a corto plazo.

Lo mínimo que se le puede pedir a una ideología es tener un mensaje de optimismo sobre el futuro.