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Caja negra

Humanidad es hablar de Gaza y Eurovisión, y menos de Sánchez

Utilizan a la población masacrada para hacer política local, sin promover ninguna ayuda, idea, medida, propuesta o solución, más allá de señalar que el verdadero problema es que la oposición no se lamenta lo suficiente

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el miércoles en el Congreso.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el miércoles en el Congreso.Chema MoyaEFE
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LUNES

CANTANTES

Poco a poco, Pedro Sánchez ha tenido que ir moderando sus expectativas. Si hace justo un año hacía una declaración institucional para ponerse a la cabeza de un frente mundial para crear el Estado palestino, ahora se conforma con que Israel no vaya a Eurovisión. Eso sí, al estilo Sánchez, ya que el presidente hace la petición después de la celebración del concurso, y no antes.

Que no digo que un presidente del Gobierno tenga que estar al tanto de los ensayos de los cantantes, ni de las listas de favoritos, para darse cuenta de que estaba Israel. Pero no estaría mal que, por una vez, reclamara algo posible o, al menos, de lo que pudiera encargarse personalmente.

España abre una investigación para averiguar por qué los españoles votamos masivamente a una cantante de Israel, con lo que está haciendo su país en Gaza, abriendo el viejo debate sobre la culpa de los artistas por lo que hacen sus gobiernos. Nada como defender a los palestinos de la discriminación que sufren en Gaza, discriminando nosotros a una cantante, vistas las dificultades que tenemos para dejar de comprarle armas a Israel.

Tampoco es que el Partido Socialista tuviera mucho interés en que abandonáramos ese negocio, ya que fue Sumar, animado u obligado por Podemos, animado a su vez por Izquierda Unida, animado a su vez por la sociedad civil, lo que ha provocado que finalmente, España, acabara tomando esta medida.

La cosa no va a ayudar en nada a Gaza, pero es lo que tienen estos tiempos de política de gestos, en los que, animados u obligados por la OTAN, compraremos armas igualmente, sólo que nos saldrán un poco más caras.

MIÉRCOLES

GÉNESIS

Nuevo duelo de monologuistas en el Congreso de los Diputados, en el que el Gobierno pretendía hablar de Gaza y el PP, de cualquier cosa que ocurriera en España. En Gaza, por desgracia, la noticia es la misma desde hace meses, y también es la misma desde la primera intifada, y desde la Declaración de Balfour, y desde el Génesis 15:18-21, cuando «el Señor hizo una alianza con Abraham y le dijo: Esta tierra se la daré a tus descendientes, desde el río de Egipto hasta el río grande, el Éufrates. Es decir, la tierra de los quenitas, los quenizitas, los cadmoneos, los hititas, los ferezeos, los refaítas, los amorreos, los cananeos, los gergeseos y los jebuseos».

El Gobierno ha hecho lo posible por convertirlo en la noticia de la semana porque las alternativas no eran mucho mejores. Santos Cerdán interesándose por las concesiones de obra. Un alto cargo del PSOE canario interesándose por los problemas de un capo libanés, que ya estamos tardando en ponerle capo libanés a un cóctel con zumo de granada. Otra amiga de Ábalos declarando en los juzgados tras ser contratada por una empresa pública para no trabajar. Los juzgados de Badajoz, a pesar de los esfuerzos de la Fiscalía, abriendo juicio oral contra el hermano del presidente del Gobierno y el líder del PSOE de Extremadura. Es normal que al Gobierno hasta le apeteciera hablar de los supuestos errores de Marlaska por seguir comprando armas a Israel.

Tiene razón Cuca Gamarra, quien le soltó a Pedro Sánchez que «cuando todos a tu alrededor tienen problemas de corrupción, el problema eres tú», aunque podría añadir perfectamente que, tratándose del presidente del Gobierno, el problema es para todos.

Asombra la velocidad con la que el PSOE sale a aplaudir el aforamiento exprés de su líder en Extremadura. Ante el fracaso de cambiar la palabra imputado por investigado para suavizar los aforamientos, que a nadie le extrañe que las imputaciones acaben convirtiéndolos en candidaturas a la medalla al mérito ciudadano, por su estoica resistencia ante la extrema derecha.

Lo importante, atiende Sánchez, es que el líder del PP, Núñez Feijóo, carece de humanidad por no hablar de Gaza, cuando lo que debería es acusarle de exceso de crueldad por tratar de hablar de los problemas de España. Es más, Feijóo no sólo no quiere hablar de Gaza. Incluso se atreve a no opinar lo mismo que el presidente del Gobierno, o lo que es peor, de los rehenes.

Que no digo que no haya que hablar de Gaza. De hecho, si los líderes mundiales lograran mantenerlo en la conversación, seguramente, la cosa sería muy distinta. Pero, por desgracia, no sólo no lo mantienen, sino que utilizan a la población masacrada para para hacer política local, sin promover ninguna ayuda, idea, medida, propuesta o solución, más allá de señalar que el verdadero problema de Gaza es que la oposición no se lamenta lo suficiente.