OPINIÓN
Bajad las armas

La extracción de Xabi

Su proyecto necesitaba paciencia, pero olvidó que la paciencia no es la marca de la casa más laureada del fútbol mundial

Xabi Alonso, ex entrenador del Real Madrid.
Xabi Alonso, ex entrenador del Real Madrid.AFP
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Hay personas descubriendo ahora que en el Real Madrid manda Florentino Pérez, y todo apunta a que Xabi Alonso es una de ellas. Su proyecto necesitaba paciencia, pero olvidó que la paciencia no es la marca de la casa más laureada del fútbol mundial. Quien desee ejercitarse en la paciencia antes que en la acumulación bulímica de títulos lo mejor es que se haga del Atleti, donde reina una calma geológica gracias a la figura del entrenador vitalicio. Dinástico incluso, si aguardamos pacientemente a la retirada de Giuliano, que activará la sucesión al trono de su padre.

Con Xabi hubo una confusión de partida. Su antigua condición de lugarteniente de Mourinho sobre el campo en aquellos dulces años de ira y fuego (nunca volverá el fútbol a divertirnos tanto como entonces) creó un espejismo en la afición al que se acogió el propio Xabi para disimular que aquel jugador poco tenía que ver con este entrenador, mucho más cerca de la colonia de Guardiola que del napalm de Mou.

Nadie elige el momento en el que el Madrid llama a su puerta, y mucho menos elige el momento en el que es extraído. Uno no entrena nunca al Madrid que quiere sino al que le dan, y con esa plantilla (que es producto de complejísimos equilibrios geopolíticos) debe arreglárselas para ganar. Si encima gana dando espectáculo, mucho mejor; pero el estilo es secundario. En el corazón del verdadero madridista no hay lugar para jardines floridos: solo una estepa desolada por donde vagan llorando eternamente 15 subcampeones de Europa.

Es posible que a Xabi Alonso le haya faltado autoridad y le haya sobrado elegancia para el correcto desempeño de un cargo imposible, más acechado por arriba y por abajo que el de Delcy Rodríguez. Y es verdad que Ancelotti también fue permisivo con sus jugadores hasta extremos filantrópicos; pero Carletto contaba con los servicios de dos mariscales napoleónicos llamados Kroos y Modric, que se bastaban solos para sojuzgar Europa. Ahora le corresponde a Arbeloa imponer un código espartano a un vestuario quizá incorregible, aunque el mero intento de disciplinarlo complacerá tanto al palco como a la afición.

Duele ver a alguien de su clase dejar el club así. Alivia la certeza de que él será el primero en agradecerlo dentro de poco. Y en todo caso jamás dejaremos de admirar su hermoso fútbol trigonométrico, ni su formación impropia del sector, ni la más homérica de sus victorias: la que le infligió a Hacienda. Gracias por tanto, Xabi.