GASTRONOMÍA
Restaurante

El Chorrillo, el bar madrileño de aperitivos de siempre que cuenta con Leo Harlem y Arturo Valls entre sus ilustres clientes

Ángel e Ismael Sánchez son los dos hermanos que están detrás de este local especializado en torreznos, migas y tortilla, ubicado en Conde Duque, que se ha convertido en un 'templo gastro' no sólo para los vecinos de la zona

Ismael y Ángel Sánchez (dcha.), posan para GRAN MADRID tras la barra de El Chorillo.
Ismael y Ángel Sánchez (dcha.), posan para GRAN MADRID tras la barra de El Chorillo.ELENA IRIBAS
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Muy cerca del Palacio de Liria, en la Travesía de Conde Duque, se esconde uno de esos bares con sabor a lo de toda la vida que, muy lejos de la moda del brunch, ha logrado conquistar a un amplio público con sus tradicionales y castizos aperitivos: El Chorrillo. Detrás de la barra están desde hace una década Ángel (1963) e Ismael Sánchez (1966), dos hermanos que han convertido este lugar en un templogastro no sólo para los vecinos del barrio sino de cualquier rincón de Madrid.

A la capital llegaron ambos en los 90, desde La Herguijuela (Ávila), en busca de una vida mejor y huyendo, como tantos otros jóvenes, de lo rural (su familia se dedicaba al ganado). Ángel fue el primero en aterrizar aquí. Lo hizo en pleno corazón de Malasaña. Y desde el principio se vinculó a la hostelería. Empezó en la cocina de El Retoñar, un bar que continúa abierto a día de hoy. "Ahí me inicié pelando patatas, que es lo más fácil", recuerda. Su hermano Ismael le siguió los pasos y tres años después se mudó a Madrid, aunque él comenzó trabajando de portero en La Moraleja.

Un tiempo después, los hermanos decidieron unirse y "coger un bar". Y se arrancaron con un establecimiento en la calle Acuerdo, 3. Se llamaba Valle de Liébana y estuvo abierto 20 años. Fue el primer Chorrillo, que, como el actual, era un bar de aperitivos donde se daban desayunos, comidas y raciones. "De todo un poco", describe Ángel.

En recuerdo de su pueblo, y en concreto del nombre de su fuente -aunque "en realidad era un pilón", dice Ángel-, pusieron en marcha en 2016 su último bar, en el que se especializaron en torreznos, patatas revolconas, migas, tortilla, patatas bravas... El jamón es otro de los atractivos del local que prepara, cortando con maestría, Israel, un joven empleado del bar. Aquí lo que no hay, apuntan los hermanos, son menús del día. "Ya no hay tantos y habrá menos, porque los alquileres son carísimos. Y también nos meten mucha caña con los impuestos. Suben todos", critica el hostelero sobre las dificultades del negocio.

Aunque ellos, anclados a sus precios populares y a los guiños que tienen con los clientes, consiguen atraer a mucha gente. "Cuando se toman tres o cuatro cañas, les invitamos a la siguiente", apunta Ángel en ese sentido. "Y por la noche viene mucha gente joven", añade su hermano.

Por allí se han dejado caer (y lo siguen haciendo) algunos rostros conocidos, como Jorge Ilegal, de los Ilegales, que, según comenta Ángel, comenzó a frecuentar el bar tras rodar varias tomas de un documental en la zona, ya que el productor era vecino del barrio y también asiduo al Chorrillo.

Y clientes habituales del bar son también el monologuista Leo Harlem o el presentador Arturo Valls. "Leo Harlem es el mejor monologuista del mundo", asegura Ángel, quien cuenta que sus ilustres clientes también han hecho que El Chorrillo aparezca en una novela histórica: La mujer que amamantó un mastín, de Marcelino Álvarez Sánchez, un ex policía que también se deja caer por allí con frecuencia.

Ellos, además de los del barrio, no son los únicos. "También viene mucha gente de nuestra tierra, de Ávila", agrega Ismael antes de asegurar que "muchos clientes, más que clientes, son amigos". "Aquí hay muy buen rollo. Por la mañana, por la tarde, por la noche...", puntualiza Ángel. Un buen rollo que también se respira tras la barra del bar pese a pasar todo el día juntos. "Es que somos hermanos y amigos", apunta Ángel. "Tenemos nuestras discusiones, pero nada importante", añade antes de contar que su mujer también trabaja en el bar, en la cocina y en labores de limpieza.

A estas alturas de la vida, su próximo proyecto, dicen, mira a la jubilación. "Si viene alguien con pasta, se lo vendo. Si el bar sigue en este mismo rollo, irá bien. A nosotros nos ha ido bien", concluye Ángel. Ellos ya han dejado su huella.

Travesía de Conde Duque, 7. Abren de lunes a viernes, de 8 a 23.30 horas.